Borgman y Eternal Return of Antonis Paraskevas

De la condición humana. De nuestro sitio en la sociedad. De la Historia. ¿De la CEE? Por Arantxa Acosta

“Stay hungry, stay foolish”.Whole Earth Catalog (edición Octubre 1974)

Borgman (Países Bajos, Bélgica, Dinamarca, 2013).Director: Alex van Warmerdam. Oficial Fantàstic Competició.

Eternal Return of Antonis Paraskevas  (Grecia, 2013).Directora: Elina Psykou. Oficial Noves Visions – Experimenta.

La sociedad del primer mundo. Origen, evolución, y finalmente caída, en una era que marcará un antes y un después en los anales de la Historia.

Esta es una posible primera lectura de Borgman y Eternal Return of Antonis Paraskevas.

Si nos adentramos en los oscuros sentimientos del ser humano, las películas nos hablan del origen del miedo, la incompatibilidad entre personas, y el rechazo que podemos sentir por los demás, de forma racional o no, ya sea porque no de adaptan a las normas establecidas, e incluso porque dejan de adecuarse a nuestra forma de ver el mundo. Nuestra pareja sin ir más lejos.

O también, más simple, es posible que las dos nos están hablando de ideas de secuestro. Qué más da.

Lo importante es encontrar films que nos hagan darle vueltas a su significado, aunque el que consideremos más válido sea, exclusivamente, nuestro propio análisis.

Borgman tiene ese punto de interesante maldad reconocible, por lo cercano de su mensaje, que nos deja atónitos ante la gran pantalla.

La presentación de un grupo de granujas, escondidos bajo tierra y perseguidos, incluso por el cura del pueblo, nos descoloca. Cuando uno de ellos, que después conoceremos como Borgman, encuentra la casa en la que volver a iniciar su peculiar “robo”, transformando el núcleo familiar para hacerse no sólo con sus bienes sino también poseyendo a sus miembros, seremos testigos de cómo un elemento extraño, un evento inesperado, puede hacer temblar los cimientos de lo que consideramos estable, seguro, en nuestras vidas. Y es así como Borgman se queda también en el subconsciente del espectador.

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Borgman

Porque qué es Borgman, sino la semilla de terror, de la duda, que se inicia en nosotros tras un hecho a priori insignificante. La desconfianza nos corroe pero nos atrae, igual que la mujer hacia el desconocido, porque somos incapaces de separarnos de ella. Está en nuestra naturaleza. Y una vez no podemos dejarla correr, será muy difícil librarnos de ella. Se asentará en nuestro pensamiento, cogerá fuerza y dominará nuestros actos. Será quien nos guíe, al fin y al cabo.

Borgman, no obstante, también puede ser el amable sentimiento de protección para con los niños, y el desafío al cambio, para con el padre. Así, Alex van Warmerdam, homenajeado en Sitges, nos mostrará la inocencia, representada por la mujer; la maldad, por Borgman y sus compinches; el ímpetu, por el marido; y la moldeabilidad, por los niños y la ‘nanny’… y dejará composiciones tan interesantes como la idea subliminal de una bailarina, representación de la volatilidad de los sucesos y sus interpretaciones, que aparece en el encuadre un par de veces (la primera en segundo plano sin saber muy bien por qué, la segunda como principal protagonista del pasaje, del momento crucial que se quiere captar); o ese baile entre Borgman y la “médico”, vestidos de riguroso negro, desentonando con la decoración del piso como intrusos que son, y obviando la presencia de la que debería ser el centro de atención, la mujer de la casa que ha sucumbido a los “encantos” de Borgman…

Recordándonos al Michael Haneke de Caché (2005), el director hará evolucionar la situación hasta conseguir hacernos sentir, igual que al matrimonio en su reducido piso – aquí también se nos limita el espacio, ya que casi toda la acción ocurre en la casa de la familia “invadida” – , primero incómodos y luego aterrados sin saber muy bien por qué. Eso sí, aquí con toques de comedia absurda, con un formato que nos puede recordar mucho al de Alps (Giorgios Lanthimos, 2011), en la que la imposición (que, repetimos, puede simbolizar la duda, la presión de la sociedad hacia el individuo, que acaba desplazado o absorbido por ella, e incluso a un país que se impone ante otro, mientras el reducido incluso da las gracias) también venía representada por una imponente y cruel figura masculina, y en la que, como en Borgman, las imágenes no se corresponden, en caso alguno, con la historia que hay detrás.

Estamos por tanto ante un interesante film que aunque no compartamos fuese el merecedor del premio a mejor película en Sitges, sí estamos de acuerdo en que servirá para darle una oportunidad y pueda llegar a un mayor número de público, cosa que seguro no pasará con otra rareza que pudimos disfrutar en el festival, y de una temática similar a Borgman: Eternal Return of Antonis Paraskevas.

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Eternal Return of Antonis Paraskevas

La opera prima de Elina Psijou sólo nos deja un mal sabor de boca, y es, simplemente, esa sensación de que el cine griego – o al menos el que nos llega – se centra exclusivamente en explotar una vertiente minimalista y enrevesadamente compleja a la hora de explicar algo. Si bien no llega a los extremos de la genial L (Babis Makridis, 2012), el film, que como el anterior citado, también tiene un himno que resulta ser la explicación de la película (nuestro protagonista, solo en un hotel escondiéndose de la sociedad canta “Me olvidé de vivir” de Julio Iglesias), y esconde, como Borgman, más de una interpretación, solo que aquí se nos muestra una realidad más críptica, incluso, que en la anterior.

Tenemos a Antonis, que es dejado en un hotel deshabitado, con bolsas de espaguetis. Al principio se levanta cada día de madrugada y come únicamente pasta. Poco a poco, mientras él va aprendiendo a desenvolverse, nosotros iremos conociéndole mejor: veterano presentador de la televisión, ha fingido su propio secuestro para volver a la pequeña pantalla con todos los honores. Así que, por un lado, podemos pensar que Antonis representa nuestra necesidad de ser escuchados una vez pasamos la edad en la que socialmente se considera ya puedes ser sustituido. En el trabajo, e incluso en nuestro entorno más íntimo. Y, viendo que no lo vamos a volver a ser, escuchados, digo, pues acabamos adaptándonos a nuestra nueva condición.

Pero algo no cuadra, hay que ir más allá:

La película es una incisiva crítica a la sociedad si atendemos a que, una vez desaparece, inicialmente es portada en todos los diarios, abre todos los noticiarios y, poco a poco, su desaparición se ve desplazada por noticias que son realmente una tontería, como los típicos reportajes de los programas de media tarde sobre la fiesta en yo-qué-sé pueblo (sin ánimo de menospreciar, simplemente a modo de comparación del tipo de cosas a las que, al menos últimamente, estamos dando prioridad en la sociedad de la comunicación). Así, lo que hace Antonis, incluso cortarse un dedo – acción poco valorada – es para no ser olvidado. “Sigo aquí, soy una persona, tengo identidad, no me olvidéis”, parece decir Antonis… a un mundo al que le importa, más bien, un comino. Porque el exceso de información, y su inmediatez, nos ha hecho ser selectivos, sí, pero siempre hacia nuestro propio provecho, dejando de lado todo aquello que pueda perturbar nuestra tranquilidad, nuestra vida en una jaula de cristal transparente.

Y aquí, el último mensaje: cuando por fin parece que el rescate es posible, y que todo el mundo está atento a él, vemos que Antonis se escapa del hotel para no ser encontrado. Es entonces cuando podemos reparar en el pasado del personaje: lleva dando las uvas desde la entrada del euro… ¡ah! Qué retorcida forma de hablar sobre la unión europea: nacimiento, auge de un acuerdo que parecía ser la salvación de los países que por fin podían hacer frente a la poderosa Norteamérica, y que ahora, tras varias decisiones desafortunadas, pende de un hilo. ¿Es, entonces, Antonis, Grecia? Seguramente. O no. Y qué más da. Como teoría, cuadra a la perfección, que ya es mucho.

TRAILER Borgman:

TRAILER Eternal Return of Antonis Paraskevas:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] por él-, Mundo injusto (Adikos kosmos, Filippos Tsitos, 2011), L (Babis Makridis, 2012), The Eternal Return of Antonis Paraskevas (Elina Psikou, 2013) o Luton (Michalis Konstantatos, 2013) seguían sin género de dudas por los […]

  2. […] la estela de películas tan conocidas como Canino o Alps (Giorgos Lanthimos, 2009, 2011), incluso Borgman (Alex van Warmerdam, […]

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