Grand Piano

Todos tenemos un precio Por Arantxa Acosta

“Un crítico que me habla de verosimilitud es un tipo sin imaginación" Alfred Hitchcock para El cine según Hitchcock (François Truffaut)

Personajes ingenuos. Amenazas. Amigos chupópteros. Asesinatos. Brian de Palma. Laberintos. Tecnología. Playbacks imposibles. Tesoros escondidos. Alfred Hitchcock. Giros argumentales. Maldad. Astucia… y una música omnipresente. Todo esto y mucho más ha conseguido Eugenio Mira, bajo lo que se nos antoja la atentísima mirada de Rodrigo Cortés, con Grand Piano.

¿Puede la codicia más que el amor?

Tom Selznick (Elijah Wood) es un gran pianista que, tras cinco años alejado de los escenarios, se enfrenta a la que forzosamente deberá ser la mejor actuación de su vida: si se equivoca en una sola nota, será asesinado.

Cortés, durante la gala de presentación de la película en el Festival de Sitges 2013, acertó plenamente al pedirnos ser transigentes con el film, recordando al gran maestro Hitchcock y su concepción de que el cine no debe ser un reflejo de la realidad. Y es que cualquier viso de credibilidad que esperemos puede enturbiar completamente un film que, ante todo, es una apuesta para que el espectador deje volar su imaginación, se deje atrapar por la trama y abra su mente hacia esta pesadilla, mucho más cerca del Buried de Cortés (2010) que – gracias – al Agnosia (2010) de Eugenio Mira. Al fin y al cabo, nuestro protagonista está encerrado en un espacio limitado, con la única misión de hacer todo lo posible para salvar su vida antes de que se le acabe el tiempo, el que dura el concierto.

La gran baza de Grand Piano es, sin duda, mantenernos durante casi todo el metraje en la sala principal del auditorio.

Sin posibilidad de escapar, el espectador se adentra, casi sin quererlo, en lo que en ella sucede. Concentrados en el protagonista principal, un Elijah Wood que soporta el peso de toda la historia de forma excelente, y en la hipnotizante voz de John Cusack, el “torturador” del pianista (y, ya de paso, del propio espectador), nos vemos obligados a centrar toda su atención en el músico, sufriendo con él, y deseando que todo acabe. El uso de la cámara en este reducido espacio es sin duda la forma en mantenernos en tensión, además de utilizar como recurso adicional la pantalla dividida tan de de Palma (vemos a Selznick/Wood tocando el piano y la pelea simultánea entre bastidores). Y como no podía ser menos, la música es indudablemente el personaje que une a los antagonistas, el elemento clave para que se conozcan y toda la trama evolucione. Destacable es, también, el tempo conseguido de la película, ya que no hay un solo minuto que decaiga la tensión. Únicamente en el momento que se nos podría empezar a hacer repetitiva, aparece ya físicamente el secuestrador/asesino/timador, en una escena que puede recordarnos al que podría ser el encuentro entre David y Golliat, porque sin duda la apariencia física de los dos actores seleccionados, en un mismo plano,  es la cumbre del film.

Grand Piano

Adicionalmente, la posición de la cámara en el piano no es casual: Selznick, reflejado en el reluciente piano. Selznick, un personaje con doble cara, ¿con doble moral?. Interesante visión del protagonista.

Dicho esto, poco más. A partir del encuentro de los personajes la película entra en una espiral poco favorecedora, ya que peleas, canciones improvisadas y resoluciones poco imaginativas expulsan al espectador de la película que le había tenido tan inmerso minutos antes.

No obstante, intencionadamente o no, Grand Piano ofrece otra lectura: en un momento del film, Cusack acusa a Wood de ser un mero títere, ya que únicamente reproduce lo que otros han imaginado, compuesto. Es decir, la interpretación, por muy excelente que sea, no tiene mérito por sí misma, ya que si la partitura no es buena, el músico no podrá destacar, o su interpretación se quedará en nada, sin reconocimiento.

Llevémoslo a la industria cinematográfica: sin un buen guión, el director nunca podrá sacar lo mejor de sus actores. Sin una buena dirección, sin presupuesto, etc., un buen guión no va a poder lucir nunca. Y si es necesario “homenajear” a los clásicos para conseguir un buen resultado, hay que hacerlo. Por tanto, una película es redonda si destaca en su conjunto, no si hay mejores elementos que otros que desequilibren la balanza. Nos es imposible no pensar que el guionista, Damien Chazelle, lo era también de El último exorcismo 2 (The last exorcism. Part II, Ed Gass-Donelly, 2013)… ¿nos quiere decir algo?

En cualquier caso, dejando al guionista aparte, Mira/Cortés parece nos señalen que, en su conjunto, es indiscutible que Grand Piano es un buen film. Y así es. Aunque sólo sea porque todos sus elementos van al compás de la música.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. Open Windows dice:

    […] es el que suele utilizar en su vida real – en un papel muy similar, giro incluido, al de Grand Piano - Eugenio Mira, 2013), el batiburrillo mental del realizador sí queda bien plasmado,  y eso es […]

  2. […] de la meca del cine donde el cine llamó a la puerta. Eugenio Mira le propuso un pequeño cameo en Grand Piano (2013) y Vigalondo volvió a reunirla con Frodo en Open Windows […]

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