We are what we are y Magic Magic

Magia negra y tradiciones vs. locura y fanatismo Por Arantxa Acosta

“You read the Bible, Ringo? Well, there's this passage I got memorized. Ezekiel 25:17. "The path of the righteous man is beset on all sides by the inequities of the selfish and the tyranny of evil men. Blessed is he who, in the name of charity and good will, shepherds the weak through the valley of darkness, for he is truly his brother's keeper and the finder of lost children. And I will strike down upon thee with great vengeance and furious anger those who attempt to poison and destroy my brothers. And you will know my name is the Lord when I lay my vengeance upon thee”.Jules Winnfield (Samuel L. Jackson) en Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994)

We are what we are (USA, 2013).Director: Jim Mickle. Oficial Fantàstic Competició.

Magic, magic  (USA, Chile, 2013).Director: Sebastián Silva. Oficial Fantàstic Competició.

El ser humano construye alrededor de la religión, de las creencias, de las supuestas tradiciones ancestrales, la excusa perfecta para acometer las mayores atrocidades o, como mínimo, para dar explicación a actos, propios o ajenos, que en cualquier contexto objetivo, desprovisto de “razonamientos” con origen supersticioso, encuentran justificación.

¿Qué nos empuja a buscar la aprobación de los demás, o la propia?

We are what we are es el remake estadounidense de la sorprendente Somos lo que hay (Jorge Michel Grau, 2010). En aquélla, más allá de querer centrar en el canibalismo la historia, el director y guionista nos hacía reflexionar sobre los efectos de una estricta educación en el núcleo familiar y cómo ésta, sin el yugo de los padres, una vez desaparecidos, afecta igualmente a los hijos. El miedo hace que nos aferremos a lo que conocemos, a lo que nos ha hecho sentirnos seguros, aun siendo conscientes de que la sociedad en su conjunto lo tacharía de inadecuado, de horrendo y salvaje. Los niños, incluso el hijo que se cuestiona completamente su forma de vida, acabarán sucumbiendo a esta necesidad de “sentirse bien con uno mismo”.

Ahora, Jim Mickle recoge el testigo para acercar la historia a otro tipo de público, quizá con mayor obligación de dar explicaciones de las que realmente requiere el relato. Así, es curiosa la innecesaria vuelta de tuerca que se le da al guión de la original: aquí se cambia el núcleo familiar y se decide que el centro sea el padre (el la original es éste quien muere, dejando a los hijos a su suerte), que nos acompañará durante todo el film como símbolo principal de la maldad, restando importancia a lo que sí destacaba Somos lo que hay: una vez “libres” de la presión de los progenitores, ¿existe una salida, una forma propia de pensar, que permita abandonar “el mal” impuesto?

we are what we are

We are what we are

La presencia del padre es, por tanto, elemento clave en We are what we are, dejando al espectador como vía de escape a lo que está viendo la sensación de que sin él las cosas serían distintas, y centrando la atención de la culpa hacia este personaje.

Repetimos, la idea resta fuerza al argumento central, mucho más interesante, que hubiese sido el de acompañar en la dura travesía moral a los hijos. Así que si a esto le sumamos que la base matriarcal de la familia ahora se nos antoja más un enfoque hacia el sometimiento de la mujer (en esta versión los hijos se sustituyen por dos hijas exclusivamente), y que añadidos como que para la cena tengan que vestirse con ropajes con toques de la moda del siglo XIX para reforzar la idea de que lo que hacen les viene impuesto desde hace décadas en el seno de la familia (algo totalmente innecesario), no podemos más que recomendar el visionado de la original. Adicionalmente, esta atención hacia lo obvio, hacia la continua explicación (típica de los films americanos), no cuadra con la pausada aunque sostenida tensión (de lo más interesante del film, aparte de las interpretaciones), convirtiendo a la película en farragosa para el público americano y poco retadora para el europeo.

magic magic

Magic Magic

Si con We are what we are se nos introduce fallidamente en los efectos de la tradición familiar, Sitges nos quiso hacer reflexionar también sobre la influencia de la superstición, ahora de la mano de un excelente film, Magic, magic, que utilizará esta cavilación, con la hipnosis y magia negra como elementos distorsionantes, como excusa tangencial hacia lo que realmente quiere explicarnos: la presión social, ¿puede llegar a hacernos perder la cordura?

Alicia (interpretada por una Juno Temple que mereció sin duda el premio a la mejor interpretación femenina en el Festival) es una inocente e ingenua joven que se traslada a Chile a pasar las vacaciones junto a su prima. Cuando ésta la deja sola con sus amigos para viajar a la capital, se inicia la particular bajada a los infiernos de la protagonista: en un entorno muy distinto al vivido bajo la protección familiar, agravado por encontrarse con una cultura peculiar y unos amigos crueles y a priori poco dispuestos a dejarla entrar en su círculo de forma cómoda, la desprotección de la protagonista la lleva a la paranoia y finalmente locura (o posesión si hacemos caso a los habitantes del pueblo, supuestamente desde que es hipnotizada). Así, el progresivo aislamiento de Alicia, conseguido brillantemente con una opresiva atmósfera, nos arrastra a todos, personaje y espectador, hacia el límite entre realidad y ficción. ¿En qué momento dejan de estar ocurriendo los distintos sucesos y nos encontramos en la mente de la protagonista? ¿Está ella fingiendo para llamar la atención (la escena de la segunda hipnosis es tan potente como delirante), o incluso esto es parte de su imaginación, de su locura?

Los animales abandonados y muertos como detonante para darse cuenta de que está en un entorno hostil en base a sus creencias y su privilegiada y protectora educación; el bosque como símbolo de las alucinaciones y de la pérdida de la mente; el mar como elemento “liberador” (hasta que no se decide a tirarse a él no desata su respuesta hacia la vejación sufrida)… el director consigue que las situaciones que vive Alicia, seguramente en su mayoría reales pero mostradas en el extremo con el que las está viviendo ella, nos atrapen y con mantengan en continuo estado de alerta (por ejemplo, el ataque del perro, o el “juego sexual” del amigo estadounidense – otra interpretación que hubiese sido de premio, con un Michael Cera que explora su lado más oscuro, alejándose de su encasillado perfil cómico).

A diferencia de la anterior, Magic Magic no será bien recibida por el público en general y menos por el americano, por mostrar unas imágenes crudas y realistas, además de unas interpretaciones valientes que desnudan a sus protagonistas, mostrando lo peor de cada uno de ellos.

Lo único que puede lamentarse sea posiblemente un final poco coherente con el avance del film y, sin embargo, no resta importancia a lo conseguido durante la totalidad del metraje previo.

magic magic 3

Magic Magic

TRAILER We are what we are:

TRAILER Magic, magic:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] ni tan siquiera dignarse a cerrarlas de forma más o menos coherente. En este sentido, films como Magic Magic (Sebastián Silva, 2013) o, mucho mejor y con un argumento más cercano al que nos ocupa, […]

  2. […] Arantxa Acosta en Cine Divergente […]

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