At Berkeley

Tu educación jamás se va a devaluar Por Fernando Solla

“It’s a city of strangers
Some come to work, some to play
A city of strangers
Some come to stare, some to stay
And every day…
Some go away”
Another Hundred People de Company (Stephen Sondheim y George Furth, 1970)

El Atlántida Film Fest incluye en la Sección Atlas el último documental del veterano cineasta Frederick Wiseman. Nacido en 1930, el octogenario realizador continúa incansable en su afán por plasmar su experiencia vivida tras su observación en distintos ámbitos profesionales e instituciones públicas. De entre sus aportaciones más recientes recordamos el retrato del interior del célebre cabaret parisino Crazy Horse (2011), Boxing Gym (2010) o su penetrante visión del Ballet de la Ópera de París con La danza (La danse, 2009). Con su último trabajo, At Berkeley, una de sus obras más ambiciosas ni que sea por la magnitud del material que se trae entre manos, Wiseman resume doscientas cincuenta horas de material rodado en algo más cuatro horas de metraje final. Más de dos años de un afinadísimo montaje que nos sumerge de lleno en la universidad pública más prestigiosa de Estados Unidos, datada como la más antigua y cuyos resultados en el campo de I+D son mundialmente reconocidos.

At Berkeley

Como es habitual en el cine de Wiseman, el objeto analizado nunca lo será de manera descontextualizada de la sociedad de la que forma parte. En At Berkeley, además, el periodo de rodaje coincidió con la decisión del Estado de California de recortar implacablemente el presupuesto para la Universidad.

Conoceremos los distintos puntos de vista de los alumnos, profesores y del equipo directivo y la inquietud común por mantener la excelencia académica y la accesibilidad de los alumnos de diversos estratos sociales, económicos y raciales. Manteniéndose fiel a su estilo, la intervención de Wiseman se limitará a la sala de montaje. En ningún momento intervendrá como protagonista, cronista, narrador o entrevistador, hecho que no impedirá que nos muestre su punto de vista, incluso posicionamiento, que no manipulación (entendida como ejercicio no confeso de utilizar un medio de comunicación de masas como es el cine con la finalidad de igualar el punto de vista de los espectadores al del realizador).

Más allá de la ingente cantidad de material filmado, el mayor mérito de Wiseman es montar At Berkeley de tal manera que desarrolle una estructura narrativa dramática, huyendo de la mera contemplación e interviniendo a partir de su experiencia personal, sabiendo que la objetividad como tal no existe, puesto que todo individuo o sujeto es por definición, subjetivo. Siempre el sujeto definirá el objeto, nunca al revés. Una vez asumido este hecho, la subjetividad del veterano realizador convivirá con un cierto sentido de la ética, ya no hacia lo qué está retratando sino al cómo. Los sucesos mostrados en el documental no tienen un final sino que, igual que el organismo universitario, están vivos, en constante evolución (o no, según los datos aportados) o, mejor dicho, en movimiento. La labor en el montaje de Wiseman hace partícipe al espectador de tal manera que no se podrá sentir identificado con un personaje en concreto, pero sí con la perspectiva y punto de vista de todos, entendiendo el conflicto no como un enfrentamiento entre unos y otros, sino como la asimilación del estado y los motivos de todos ellos.

At Berkeley 2

A sabiendas que querer mostrar poco de todo podría dispersar tanto el foco en el contenido como el interés del espectador, Wiseman desarrolla unas cuantas premisas por encima del resto, convirtiéndolas en hilo conductor de la trama, a la vez que usará las secundarias como puntos de fuga momentáneos para descansar y relajar el raciocinio del público, del mismo modo como cuando mantenemos la vista en un punto fijo debemos apartarla de vez en cuando para no agotarla.

El foco se centrará pues en cómo los alumnos de clase media podrán solventar la deuda que supone la matrícula; cómo el equipo directivo intentará mantener un modelo estable y sostenible para obtener fondos y de dónde podrá ahorrar los setenta y cinco millones de dólares recortados del presupuesto estatal sin repercutir en investigación ni desarrollo; cómo mejorar los procesos y optimizar la consecución de resultados una vez se ha demostrado que los individuos trabajamos en un colectivo basándonos en las relaciones que establecemos entre nosotros y no en nuestras capacidades, ¿se pueden optimizar las relaciones en el ámbito profesional?… Veremos también la dificultad de desmarcarse de las agencias gubernamentales que patrocinan a la universidad y cómo los alumnos aprenden que el trabajo es la base de la infraestructura de nuestra sociedad (oportuno ejemplo el de los impuestos de la gasolina, que apoyan la investigación y la creación de infraestructuras, supeditadas a los intereses de las grandes corporaciones y del gobierno).

El conflicto de la creación de conocimiento y la publicidad o privacidad del mismo será otro aspecto ampliamente desarrollado: ¿qué pasa cuando una compañía privada provee fondos para su consecución de conocimiento y quiere poseerlo una vez obtenido? Asistiremos a clases de autofinanciación de la educación, teniendo en cuenta la capacidad de deuda y las pocas probabilidades de devaluación de una educación consolidada…

At Berkeley 3

Inabarcable la elocuencia de su discurso, es probable que el metraje de At Berkeley limita su exhibición en los circuitos comerciales convencionales, más allá de su paso con éxito por distintos festivales como el de Venecia o Londres y, ahora, el Atlántida. Sea como sea, se erige por mérito propio como titán dentro de la filmografía de Frederick Wiseman y, de paso, como master class y manual de estilo del formato documental. Y ya que estamos, del cine de temática universitaria, que hace poco también se abordó incisivamente desde el campo de la animación con Monstruos University (Dan Scanlon, 2013).

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] Fernando Solla en Cine Divergente […]

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