#RealMovie

Little Secret Game Por Jose Cabello

Los primeros minutos de #RealMovie accionan la palanca de mi memoria rescatando un elemento común de dos películas de la filmografía de 2012: Holy Motors (Leos Carax, 2012) y Cosmopolis (David Cronenberg, 2012). Ambas me sedujeron con el uso de un mismo instrumento. Una limusina. Un vehículo, tanto en la forma como en el fondo. Las dos películas, hermanas sin conciencia de serlo, jugaron con un plan maestro que permitía reconocer, de un solo vistazo, el símbolo de la ostentación y el lujo por el lujo mientras se entretenía en definir el estatus social del individuo y la nueva sociedad. Necesario era resguardar a los protagonistas en el interior del vehículo para marcar mayor distancia entre ellos y el resto de nosotros. Pero aun así, ambos films permitían a los antihéroes contactar de cuando en cuando con la otra realidad. A ritmo de un ni frenético ni pausado vals, el baile errante por la ciudad hacía del vehículo la partícula solemne del film. Viajando por dos ciudades: una en aparente calma, París; otra inmersa en un caos fronterizo al Apocalipsis, Nueva York. El paseo en limusina parecía no acabar nunca, prolongándose hasta la extenuación. Los mil rostros de Denis Lavant, en Holy Motors, parecían responder a una conversación con su alter ego, el rostro pálido, inmutable, pseudovampírico de Robert Pattinson en Cosmopolis. Películas sustitutivas, pero complementarias, que no eran otra cosa que un ensayo, llevado hasta las últimas consecuencias, de una sociedad atrofiada.

Pablo Maqueda con su segundo trabajo, #RealMovie, también explota la fisonomía del icono limusina para situarnos a medio camino entre dos hermanas de profesión artística. Por un lado, Eva, reconocida actriz del cine español. Por otro, Rocío, bailarina que no goza del mismo grado de popularidad que su hermana mayor. El regreso de Eva a España y un mensaje en el que se le notifica que su hermana Rocío ha sido secuestrada, desencadena una aventura por las calles de Madrid. Bajo el “si quiere volver a verla viva”, la estrella de cine deberá someterse a una yincana ridícula que Pablo Maqueda formula en un gesto iconoclasta. Destino: las altas esferas del espectáculo. Con su largometraje anterior, Manic Pixie Dream Girl (2013), Pablo consiguió un discurso firme sobre las redes sociales, apoyado en los heterogéneos retales que Rocío León supo coser como único patrón de la película. Hilvanando fragmentos olvidó construir un traje a medida del amplio tallaje de usuarios de las redes sociales. Utilizó además un tinte exclusivamente adolescente. Pero sería una prenda válida si la mirada adolescente no exhalara brisa de trascendencia durante una fase efímera que carga con la apología del ombliguismo.

#RealMovie

Tanto #RealMovie como Manic Pixie Dream Girl, deben encuadrarse bajo el movimiento cinematográfico conocido como #Littlesecretfilm, fundado por el propio Pablo Maqueda. Esta nueva forma de hacer cine, que muchos se empeñan en equipararla con el Dogma 95, se fundamenta en diez normas que limitan considerablemente las condiciones tanto de rodaje como de distribución de la película. La norma más significativa, de cara a la producción del proyecto, establece rodar en 24 horas sin interrupción y, por ende, con restricciones en el número de personas integrantes del equipo técnico. Por tanto, a #RealMovie, grabada en un día, no podemos exigirle, o más bien, no debemos exigirle, desde el mismo punto de referencia crítico, aptitudes propias de films de distinta naturaleza. No podemos colocarla en una balanza frente a proyectos nacidos con otro propósito. #Littlesecretfilm es un ejercicio de amor incondicional al cine, los realizadores experimentan como divertimento mientras ruedan una película, a priori, sin pretensiones económicas.

La mitología griega ponía a Hércules a realizar los doce trabajos para resarcir su locura transitoria, inducida por Hera, tras matar a sus propios hijos y alcanzar así la inmortalidad. En #RealMovie, Eva, mortificada por la mano invisible que retiene a su hermana y a la que debe obedecer como a un Dios en cólera, es obligada a realizar cinco pruebas que, indirectamente, conforman su castigo por dar muerte a otra persona, también en un momento de enajenación. La figura de Hércules, uno de los héroes más renombrados de la mitología griega, encuentra la reinterpretación de su gloria en la postmodernidad a través de las celebrities, entendidas como héroes, y su correspondiente obtención de fama o dinero, los nuevos Dioses. Sofía Coppola habla sobre los nuevos ídolos paganos en The Bling Ring (2013), exprimiendo el adoctrinamiento de la cultura de masas y teorizando sobre la nueva fe, ésa que sustituye el obsoleto símbolo de Jesús por el icono de mujer perfecta basado en Angelina Jolie.

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#RealMovie no solo critica la exaltación del politeísmo de las celebridades, también pone en tela de juicio la poca veracidad del mundo de cartón-piedra en el que viven, denunciando incluso los montajes mediáticos que, como en Didi Hollywood (Bigas Luna, 2010), construyen sobre sus vidas.

La distorsión acicala la realidad de su microcosmos para rellenar con sermones manidos las entregas de premios de cine, exaltando el apego a nuestro país a pesar de vivir fuera de él. O, alabar la calidad de un cine español para no acudir a sus ceremonias y posar, en cambio, en el fotocall de la alfombra roja norteamericana. La vanidad, otra gran constante en las orbes del show, también tiene cabida en #RealMovie cuando, en la última de las pruebas, Eva, la gran actriz, es retada a pasear por la Gran Vía de Madrid, a cara descubierta y sin ser reconocida. Eva cree imposible cumplir la misión. Piensa que una actriz de tal proyección internacional no puede pasar inadvertida. Pero en su subconsciente se alzan tanto el miedo a perder a su hermana por no superar la prueba si algún fan la reconoce como el temor a no despertar frío o calor entre la marabunta de una gran ciudad.

Armando un periplo andante por la arteria principal de la ciudad de Madrid, Pablo Maqueda rinde tributo y parodia, al mismo tiempo, ese cine de acción en el que el malo de la película desafía continuamente al protagonista a través de diferentes tareas de obligado éxito para conservar su vida o no poner en peligro la de algún rehén. El teléfono fijo, el móvil o las casi desaparecidas cabinas públicas, dependiendo del avance tecnológico adoptado por el film, sirven de nexo entre héroe y villano. Narrada en la actualidad, #RealMovie no hace uso de las antiguas cabinas telefónicas – Jungla de Cristal III: la venganza (Die Hard with a Vengeance, John McTiernan, 1995) o Última llamada (Phone Booth, Joel Schumacher, 2002) -, y tampoco utiliza exclusivamente el teléfono móvil como transmisor de voz – Cellular (David R. Ellis, 2004) o The Call (La última llamada, Brad Anderson, 2013) -, sino que da un paso más empleando las redes sociales como elemento de la intrahistoria, y lo hace sin entrar en la parcela de la moralidad, no hay componentes semejantes al tratamiento de las nuevas tecnologías en Black Mirror, serie que enuncia un discurso ambientando en un futuro distópico cercano, mientras #RealMovie camina por otra senda juzgando más la coherencia de la usabilidad que la propia ética.

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