Rescatando sombras y De occulta philosophia

Nostalgia del arte Por Arantxa Acosta

Rescatando sombras. Cine, muerte y memoriaEspaña. 2012. Director: Julián Franco Lorenzana

De occulta philosophia. España. 2012. Director: Daniel V. Villamediana

“La música antigua es cualquier tipo de música cuya tradición interpretativa se ha interrumpido”. Esta es la primera definición, una de las primeras frases del documental De occulta philosophia. Esta aclaración, digámoslo así, nos plantea unas altas expectativas sobre el viaje en el que vamos a participar, del presente al pasado, y al revés, y que es imposible no relacionar con el cine, y su historia, y en particular con otro de los documentales que podemos ver también en el festival, Rescatando Sombras. Cine, muerte y memoria. Porque los dos hablan de la pérdida de un conocimiento irrecuperable, de la importancia de la memoria histórica de un arte que no para de evolucionar, pero sobre todo de lo maravilloso que es crear, y emocionar, desde cero. Y de personas, personas con la ilusión de pocos, a las que deberíamos agradecer su entusiasmo a la hora de querer recuperar tradiciones plasmadas en partituras, instrumentos e incluso rollos de celuloide, fabricándolos o restaurándolos tal y como fueron concebidos.

El arte recuperado, íntegro, sin interpretaciones más allá de las necesarias.

Rescatando sombras quiere acercarse al espectador medio, entendido como el que disfruta de una buena sesión de cine pero no se ha interesado por conocer la historia del séptimo arte, ni de disfrutar de una obra maestra aunque sea en blanco y negro (y mucho menos, claro, en versión original). Por eso es un acierto el intentar describir el trabajo de una Filmoteca desde el punto de vista y descubrimiento de la nueva agente de seguridad del edificio que, cual lazarillo, nos acompañará en la visita al famoso Cine Doré, permitiéndonos conocer también a expertos en conservación de los rollos de película e incluso invitándonos a formar parte de discusiones sobre la evolución del cine en cuanto a corrientes, géneros y futuro de la distribución, a colación de las nuevas tecnologías. Si bien es verdad que la introducción de Ana se diluye hacia la mitad del documental, prescindiendo casi tan totalmente de su figura que cuando vuelve a aparecer acaba quedando demasiado forzada, se agradece el enfoque, totalmente orientado a que el documental sea del interés de un público más amplio.

rescatandosombras

Rescatando sombras

Destacar entonces la calidad informativa de su contenido, hablando de las mejores condiciones para conservar los distintos tipos de películas en función de su uso y soporte (base de nitrato, acetato, etc.), además de hacer un repaso por la historia del cine y recordar, con gran añoranza, la imposibilidad de devolvernos aparatos o copias tal y como fueron concebidas. Se despierta en nosotros un profundo sentimiento de vacío frente al irrecuperable olvido, y más cuando la justificación (¿excusa?) se revela tan simple como “los viejecitos que sabían hacer funcionar las máquinas ya han muerto”… Se habla también de que se perdió la técnica de coloración de los negativos en blanco y negro de las primeras películas, y no se dispone de documentación que describa de qué color se debía mostrar cada fotograma. O sobre el “efecto pozo” y la pérdida de los márgenes en negro, técnica creada específicamente para que el film se introduzca inconscientemente en el espectador y no le desconcentre… una verdadera lástima. Es triste, muy triste, pensar que toda esa gente desapareció sin dejar rastro de su trabajo, y aunque también se puede entender por el entorno del momento, consuela poco. Pero, al fin y al cabo, tal y como se comenta en la película… ¿quién quería saber cómo conservar una película y con qué máquina proyectarla, si sólo se pensaba que su vida útil para la explotación comercial no superaba de los veinte años? Parece mentira pensar que si siguiésemos con esa mentalidad, joyas como La lista de Schindler (Schindler’s list, Steven Spielberg, 1993) ni tan siquiera estarían ya entre nosotros… Y sí, ya han pasado veinte años desde su estreno…nosotros también nos hacemos mayores.

No obstante, el problema de Rescatando sombras es que quiere abarcar mucho, y acaba quedando en menos de lo que podría haber sido.

Quizá es simplemente un tema de expectativas: el título hace pensar que se va tratar la historia del cine a través de las películas que han sido hábilmente rescatadas por los restauradores, y que se explicará de forma más detallada el mágico proceso que implica que podamos seguir disfrutando de esos films. No obstante, el documental pasa por varios estados: al poco tiempo de empezar pretende reivindicar la falta de ayudas al cine (y no se menciona una única vez), sin las cuales no se podría hacer nada en España… Se da de bruces con el mensaje que oiremos también, a colación, en De occulta philosophia cuando, en una conversación distendida se dice que Monteverdi, sin beca del ministerio y reclamando a los señores le pagasen sus honorarios, fue capaz de crear las composiciones más sublimes de la época. Y sin ayudas. Después el documental se convierte en un panfleto propagandístico sobre la nueva filmoteca, pero esta parte se perdona por el interés que suscita, la verdad. Finalmente, lo que parece ser una buena idea, que es un montaje cada vez más acelerado en el que se combinan las distintas conversaciones (supuestamente establecidas con Ana) en las que se habla de la forma de restaurar con la lectura filosófica sobre la evolución del cine (“de la feria a la feria”, se dice… es una buena reflexión, la verdad: el cine nació en ferias, y vuelve a la feria de los multicines, o como espectáculo en casa…) y con la influencia del entorno internacional o la nueva distribución. Esa presentación acaba siendo un amalgama de imágenes casi inconexas que obligan al espectador a recordar en qué punto se había quedado cada exposición para retomar correctamente el hilo. Dado el tema del documental es más que defendible, pero no deja de ser una pérdida de una buena oportunidad para hacer calar los mensajes tan importantes que aquí se recogen.

Diametralmente opuesta a Rescatando sombras es la presentación y puesta en escena de De occulta philosophia, y no deja de ser curioso si nos damos cuenta de que, como decíamos inicialmente, se trata de defender un mismo concepto pero para un arte con mucha más historia.

Pausada y milimetrada para que el espectador sea incapaz de desconectar, su montaje permite disfrutar no únicamente de una música por muchos de nosotros poco valorada, ya sea por falta de interés o por desidia, sino también del proceso de creación de la música en sí: cómo construir los instrumentos (veremos el amor con el que se fabrica el clavecín por parte del luthier para el grupo musical, y cómo éste habla sobre el sonido perdido de este instrumento, que permite distinguir claramente todas las notas creadas al ser pulsadas), o cómo reproducir una música olvidada partiendo del poco material que se conserva. Curiosamente, otra vez, si en Rescatando sombras se decía de forma muy racional que “el restaurador no puede inventar”, destacando el trabajo de investigación necesario para no corromper la pieza original y su concepción, en De occulta philosophia se plantea claramente que se debe imaginar cómo interpretar una música de la que se sabe poco. La pregunta que se hace el espectador no se deja esperar: ¿qué es mejor, que una pieza – musical o cinematográfica – se pueda disfrutar, aunque no sea en las condiciones originales con las que fue creada, o que se pierda para siempre si no puede saberse cuáles eran sus verdaderas instrucciones, su verdadero cometido?

De occulta philosophia

De occulta philosophia

Alegoría y simbolismo se reivindican en un film que no teme defender que “hay que reeducar a la gente que escucha la música, y a nosotros como músicos”. Viendo cómo han conseguido una película con un planteamiento más filosófico que descriptivo o documental, con esas imágenes de patios con sombras o iglesias que conservan los frescos de la época y que se convierten en los escenarios de las nostálgicas revelaciones de la película, siempre entre canciones, no nos queda más que escuchar y asentir al darnos cuenta, junto a ellos, que la música se ha convertido en un commodity. Y es que pocos son los que han interiorizado la importancia de la música en directo. La continua reproducción en dispositivos portátiles… ¿no es una forma de degradar el arte del músico? El músico interactúa con su instrumento, lo prepara, lo acondiciona para de él salgan unas notas que, dispuestas de la forma que el compositor ha decidido – que puede haber sido él mismo, pueden hacer volar nuestra imaginación, relajándonos o simplemente evadiéndonos de nuestra realidad durante los efímeros minutos que esté tocando la irrepetible melodía. Irrepetible, sí, porque no hay nada más auténtico que una melodía que no va a poder reproducirse en las mismas condiciones. De hecho, y aunque la finalidad es totalmente contraria ya que en el cine el producto sí querrá conservarse para ser exhibido tal y como se realizó, igual ocurre con el director de una película y los elementos con los que tiene que trabajar en el set. Los debe usar con precisión para que el resultado sea el deseado: único, y recordado. Por eso, personalmente, no puedo llamar cine a reproducir una película en la pantalla de un iPod…

Y, cuando estamos totalmente inmersos en el musical documental, nos encontramos con dos escenas tan impactantes como realistas: en la primera, los componentes del grupo finalizan la canción y se quedan inmóviles, como las pinturas que les rodean. Captados por la retina y el oído del espectador, para no olvidar su labor, ni su arte. Los músicos, congelados en el tiempo tras interpretar las notas de partituras centenarias, se nos antojan tan irrepetibles como su música. Porque como decíamos antes, ese momento ya no va a volver a darse, y se nos da la oportunidad de darnos cuenta de ello con un gesto tan simple como permitirnos quedarnos en el escenario, aguantando el instante, sin dejar que se escape…

La segunda es mi favorita: el grupo ensaya, y sólo el sonido de un móvil que hace que el director tenga que abandonar la estancia para contestar nos expulsa de la ensoñación y, no obstante, el resto de los componentes siguen tocando, cantando… porque es necesario seguir. Seguir para conservar, seguir para no olvidar… “Rescatando sombras”, también… que algún día fueron grandes composiciones, y que deben volver a ser así. Como las sombras de los patios que permiten imaginar los árboles, los edificios. Como las sombras que, demasiado vagamente, también nos han presentado en el documental sobre la Filmoteca.

TRAILER: Rescatando sombras 

 

TRAILER: De occulta philosophia

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] unos meses el Atlantida Film Fest programaba Rescatando Sombras (Julián Franco Lorenzana, 2012), un documental que aunque no nos convenció cien por cien trata de […]

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