Belleville baby, El canto de la sibila y Linar

Recuerdos. Vida. Por Arantxa Acosta

"La vida es sueño, y los sueños, sueños son"La vida es sueño, obra de teatro de Pedro Calderónd e la Barca (1635)

Belleville baby. Directora: Mia Engberg. Suecia, 2013

El canto de la sibila. Director: Brayan Zapata. Colombia, 2013

Linar. Directora: Nastia Tarasova. Rusia, 2013

 

Or, protagonista de The good son (Shirly Berkovitz, 2013) no quiere volver a saber del documental sobre su transformación. Son ya imágenes de un pasado que no quiere evocar, y anclarse en él significaría admitir que esa otra vida de antes existió.

Porque, al final, nuestros recuerdos son lo que nos definen. Sin ellos… ¿quiénes somos?

Encontraremos alusiones a los recuerdos, y a su influencia en la vida de sus protagonistas y familiares, en los tres films reseñados: Belleville baby, El canto de la sibila y Linar.

Belleville baby se presenta como un personalísimo documental en el que los recuerdos de su protagonista, la propia directora, pautan el avance de la historia para convertirla, finalmente, en un ejercicio de evaluación personal. ¿Hubiese llegado a ser quien es hoy si no hubiese conocido a Vincent? ¿Qué hubiese pasado si hubiesen seguido juntos? ¿Y si se reencuentran, diez años después, será capaz de dejarlo todo y volver a experimentar la felicidad perdida, o se dará cuenta de que esa etapa es ya irrecuperable?

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Belleville baby

El amor de juventud perdido es simplemente una excusa para demostrar que las decisiones que vamos tomando a lo largo de los años vienen marcadas por las experiencias vividas. Y que esas experiencias acaban formando parte de nuestro ADN, o de nuestra alma, si creemos existe, porque al rememorarlas, nos damos cuenta de gracias a ellas somos quienes somos. Evaluar una conversación, un viaje, la convivencia con alguien. Por qué salió bien, o mal, y cómo nos afectó en lo que ha ido siendo nuestro futuro… porque cada día vamos cambiando, madurando. Forjando nuestra personalidad. 

Así que la directora se pierde intencionadamente en sus recuerdos, recupera material de la época, lo analiza, lo ordena, lo recompone y lo encapsula en Belleville baby para tenerlo siempre presente. ¿Por qué?

La respuesta la encontramos en el espacio que reserva al recuerdo de su abuela, todo un pasaje que a priori se antoja extraño aparezca en el film, por mucho que venga a colación de ser su primera película mientras estudiaba, cuando ella y su por entonces novio vivían juntos en Estocolmo. Porque la directora reflexiona, voz en off mientras vemos las imágenes de esa señora mayor sola en el parque observando a parejas que pasean, combinadas con fotos de su juventud, los escritos guardados en un diario que nunca nadie será capaz de descifrar… cuando alguien con Alzheimer deja de reconocer a los suyos, o de recordar lo que hizo y lo que fue hace años, ¿sigue siendo la misma persona? La película se convierte entonces en toda una reivindicación a la vida, a saber vivirla, y respetarla. Y a poder recordarla, sea como sea.

El documental es además un experimento autoral en el que la directora jugará con las imágenes para que se muestren como si de recuerdos se tratase, cortas ensoñaciones que potencias cuando las recuerdas con cariño (la recreación de las conversaciones con Vincent se muestran siempre proyectando cinta sin grabar; el presente se muestra exclusivamente a través de pequeños films realizados con móvil, pero el pasado, con película de formato casero y agradables tonos pastel…). Los distintos colores, texturas y luminosidad escogidos incluso nos harán cuestionarnos si es la forma con la que la directora decide diferenciar fantasía y realidad. Por ejemplo, el pasaje del inicio y final de la película en la playa, ¿se trata de un recuerdo real? El espectador se pregunta si el reproducir las conversaciones con su ex novio diez años después no es ya una invención, dándonos cuenta de que, de hecho, en un momento concreto lo plantea ella directamente al espectador: ¿”será Vincent producto de mi imaginación”? Y de hecho, también, no lo sabremos nunca. 

Si Mia Engberg nos plantea un ejercicio muy íntimo en el que desnuda su mente, Brayan Zapata querrá con su corto documental mostrarnos, en imágenes, todo lo que le evoca la poesía de Marga López.

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El canto de la sibila

El documental se presenta en blanco y negro, una buena decisión (no está rodado en este formato) que agudiza el relato, lo enternece y radicaliza, porque refuerza las palabras, y los sonidos que las acompañan, que a su vez no se corresponderán la mayoría de veces a las imágenes mostradas. Porque mientras la autora recita sus pensamientos, sus recuerdos y los sentimientos que le hacen rememorar, estaremos asistiendo a su vida cotidiana: la veremos en su casa trabajando, recitando; nos mostrará objetos personales, ropajes escondidos en su armario que, por su historia, la hacen sentir especialmente orgullosa… Nos encontramos ante una persona sencilla, que nos parece tan cercana como, la verdad, olvidadiza, y que se transforma al leer algún pasaje de sus propios escritos. Así que, al igual que Belleville baby, El canto de la sibila acaba siendo una reflexión sobre las decisiones pasadas, y el conocimiento que aporta la experiencia. Cambiamos día a día, experiencia a experiencia, aprendizaje tras aprendizaje. Enseñanzas, vivencias que, en este caso, pueden ser compartidas a través de las hermosas poesías de la escritora.

Por último, rescatamos Linar también bajo el paraguas del recuerdo, esta vez desde una perspectiva diferente: porque lo que se explica en el documental es necesario pase a la Historia, para sólo ser recordado a modo de triunfo.

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Linar

Los trasplantes entre niños están, todavía, prohibidos en Rusia. Algo que a nosotros puede parecernos ya inconcebible, pero allá es motivo de intensos debates políticos y sociales. Nastia Tarasova intenta denunciar esta situación a través de las vivencias de Linar, un niño que desde que nació sufre problemas de corazón, y que a los cinco años consiguió que le implantaran una máquina para que bombease por él su sangre, hasta que llegase la posibilidad de viajar a otro país y realizar el trasplante.

Y aunque la denuncia aparece (demasiado implícita, eso sí: quizá el único momento en el que parece sea más incisivo es cuando la madre dice que, tras la entrevista concedida, se ha olvidado de dar las gracias al Ministerio de Sanidad), de lo que dejará mayor constancia el documental es de la soledad de un niño que pasa en hospitales años de su vida, acompañado por familiares, pero nunca los cercanos. Incluso el médico italiano se sorprende, igual que nosotros, cuando le dicen que los padres no acompañan al bebé. 

Pero, claro, puede que el material esté sesgado, dejándonos ver únicamente lo que parece fue tener mayor impacto emocional. Y ese es el gran problema de Linar, que, desde su presentación, nos asalta esa duda.

El documental abusa de efectos más característicos de un drama de ficción que de una historia que debería presentarse lo más realista posible (la parte inicial de los créditos, con imágenes de una operación casi seguro falsa y una iluminación imposible, es digna de una serie tipo UrgenciasER, 1994-2009). Música grandilocuente de lágrima fácil no ayuda a que seamos conscientes de la situación, pero tampoco a que sintamos más pena por el pobre niño, porque es imposible. Y, cuando se limita a ser “objetivo”, no se aporta material nuevo, sino que simplemente es una sucesión de imágenes de un niño casi solo en un Hospital. Echamos de menos entrevistas con profesionales de la medicina, con políticos, con periodistas… pequeñas cápsulas de información que rompan el vórtice de monotonía en el que cae el documental. Para rematar, la propuesta de imágenes a modo de ensoñación del niño, recordando lo que luego sabremos fueron los primeros años con su abuela, acaban quedando tan forzadas dentro del tono global como las de los créditos. En cualquier caso, quedémonos con la problemática que siguen sufriendo multitud de familias, y esperemos el documental sirva para que cambie, de alguna forma, esta situación.

TRAILER: Belleville baby

TRAILER: El canto de la sibila

TRAILER: Linar

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] rescate de la bicicleta, con las conversaciones nieto-abuela. Éstas nos recuerdan, como ya lo hizo Belleville baby (Mia Engberg, 2013), la importancia de la memoria, de lo vivido, muy por delante de las cosas de […]

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