Confesiones de un banquero

Fairy dust (o Cisnes negros por doquier) Por Arantxa Acosta

"Cuando trates de dinero, controla tus emociones"Gordon Gekko en Wall Street (Oliver Stone, 1987)

Si tras el visionado de Demonstration (Victor Kossakovsky y estudiantes, 2013) nos queda la sensación de que el documental apunta a la Bolsa como el principal “enemigo” del pueblo, ver poco después Confesiones de un banquero no hace más que reafirmar esa teoría. No obstante, lo que encontramos aquí es un documental que, lejos de querer explicar el funcionamiento de los derivados y el impacto que éstos tuvieron en la crisis mundial que aún no hemos superado (algo que se explicaba muy bien en el excelente Inside Job – Charles Ferguson, 2010), pretende ir más allá de las palabras de su único protagonista, intentando descubrir sus motivaciones y sentimientos durante todos los años en los que estuvo trabajando para grandes compañías. 

Así, el tono de Confesiones de un banquero, más íntimo que divulgativo, se acerca mucho más al que ya conseguía la interesante Margin call (J.C. Chandor, 2011) a la hora de perfilar el carácter de veteranos y recién llegados a la profesión.

confesionesdeunbanquero2

Rainer Voss es pura fachada. Su porte altivo, retador, lo controla y mantiene exclusivamente cuando habla de lo que sabe, de economía. Poniéndose en la piel de un maestro que debe ilustrar a verdaderos profanos en la materia, no duda en utilizar ejemplos sencillos y repetir conceptos. Sabe que no sólo el entrevistador le escucha con cierta admiración, sino que lo harán miles de espectadores, así que debe mostrarse seguro de sí mismo, disertando con un calculado punto de condescendencia. Tal y como le enseñaron. Ni un asomo de duda se percibe cuando pronostica la caída de Francia como algo natural tras Grecia, España e Italia, ni cuando habla de cuando los americanos llegaron a enseñarles el oficio, a finales de los ochenta, pareciéndoles a todos ellos  “criaturas celestiales”

Lo que no sabe Voss es que el director está más interesado en descubrir la personalidad del banquero que el por qué de la crisis económica mundial. 

No es difícil darse cuenta de que el edificio escogido para la puesta en escena de Voss en Confesiones de un banquero simboliza el interior del propio protagonista. 

Abandonado desde hace más de seis años, tras la fusión de dos bancos, la cámara nos introducirá en él sigilosamente, recorriendo pasillos, armarios vacíos, cables tirados… y, aun así, se reforzarán las imágenes con una música que nos trasladará mentalmente a un santuario, hasta llegar a la mesa redonda, la de juntas, espacio en el que se llevará a cabo gran parte de la entrevista, que se nos antoja la del rey Arturo.

El edificio es tan solemne como el sentimiento de grandeza del banquero: “tienes la sensación de que tocando un botón cambias la historia”, dice. Y sus palabras se nos antojan, realmente, la confesión que tan hábilmente ha sabido vislumbrar la traducción del título al español. Pero nos duele ver cómo obliga a cortar la grabación cuando las preguntan son de lo más interesante (“¿sabían los clientes qué compraban?”).

Tras este primer contacto, pronto veremos que Voss se siente igual de vacío que la localización. Ha visto cómo sus años dorados, que defiende vehementemente, han pasado. El entrevistador indagará, muy sutilmente, en su vida personal, para descubrir el dolor que al banquero le produce pensar en ella. Por un lado, le supo mal no poder aceptar un gran trabajo en una gran ciudad extranjera porque su mujer no quiso acompañarle. Por otro, intenta justificar su rencor y aparente falta de cariño hacia los suyos con perlas del tipo “Pasar seis horas con un niño que balbucea, ¿qué sentido tiene?”. Y reconoce que, en aquellos años, pensaba más en que debería encontrar a alguien que se adaptase a su trabajo, que no al revés. Algo nos dice que sigue pensándolo…   

Para llegar a estos cargos, la inteligencia no basta. Hay que estar hecho de una pasta especial.

Pero todos somos humanos. El banquero evita las preguntas personales, se altera, se pone a la defensiva. Pero nos damos cuenta, igualmente, de que por mucho que intente justificarla, la empresa le ha hecho daño. Porque le prejubilaron igual que al resto, tratándole como a un simple número. Situación que, cuál bofetón físico, lleva grabado en sus carnes. Un momento clave del film que nos rememora la estupenda, y relacionada, The company men (John Wells, 2010).

Y el cámara no deja de grabar. Éste es el buen material. Porque, como decíamos, la subtrama de la evolución histórica hasta llegar a la crisis de 2008 es lo de menos, y aun así su abordaje está muy bien planteado: veremos imágenes clave de la época, de noticiarios básicamente (el caso Goldman Sachs, por ejemplo), que emite una enorme pantalla de plasma que parece suspendida en el aire, viendo los grandes edificios de bancos al fondo. Edificios llenos de transparentes ventanales, algo que no deja de ser irónico, dados los secretos y confabulaciones que albergan, y esconden.

Voss elocuente, Voss pensativo, Voss alterado. Salimos del edificio tan solemnemente como nos dejaron entrar. Y con respuestas, muchas respuestas. Pero no de la crisis.

TRAILER:

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone

Comentarios sobre este artículo

  1. […] año pasado nos otorgaban films centrados en demostrar no sólo que se juega con nuestra avaricia (Confesiones de un banquero – Master of the Universe, Marc Bauder, 2013), sino además, en reivindicar que si […]

Comenta este artículo

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>