Locos por las partículas

'Una ventana a la creación' Por Arantxa Acosta

"Mitch, there's something you need to know. Compared to you, most people have the IQ of a carrot"Escuela de Genios (Real genius, Martha Coolhidge, 1985)

Para qué gastarse millones y millones en un experimento que permita confirmar o desechar algunas de las teorías más brillantes sobre el inicio del Universo. Cuál va a ser su utilidad económica, qué nos aporta. Ante esta pregunta formulada (por un economista) a uno de lo físicos protagonistas, la respuesta del científico no puede ser mejor: “no lo sabemos (…). Para nada, excepto para entenderlo todo”.

El cine, como arte que plasma las inquietudes de los hombres que lo convirtieron en tal, no es ajeno a recoger las que hacen referencia al origen del hombre y su lugar en el Universo. Aronoksky es quizá uno de los directores contemporáneos que más y mejor ha centrado su filmografía en intentar responderlas, siendo Pi, fe en el caos (Pi, 1998) la que podemos relacionar mejor con Locos por las partículas, ya que intentaba, como los físicos que conoceremos (mostrándonos aquí que para serlo no hay que estar tan loco como Max, ni deben por qué tener una personalidad tan freak como los pintan en Big Bang Theory – Chuck Lorre, 2007-), encontrar en los números las leyes de la naturaleza. El documental nos hablará de teorías que a priori son contradictorias entre ellas, y que incluso pueden no descartar la existencia de Dios, como en el film de Aronofsky, o mejor, siendo algo más profanos, la de los seres de Prometheus (Riddley Scott, 2012). Pero, por encima de todo, simplemente desea, a través del reconocimiento/homenaje que ofrece a los físicos teóricos y experimentales  que nos acompañarán en nuestro particular descubrimiento y a los  investigadores en general, dar respuesta a preguntas como ¿por qué el universo es tan grande? ¿Por qué la gravedad es la más débil de las fuerzas? ¿Cuáles son las leyes básicas de la Naturaleza? Y, claro… ¿cómo montar un experimento que permita responderlas? Como ellos mismos dirán, “toda una era de conocimiento concentrada en un único acontecimiento”.

El origen de nuestra existencia en manos de unos inteligentes entusiastas.

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Quizá porque personalmente este tipo de cuestiones trascendentales sobre cómo es posible la vida (y quién la ha hecho posible) siempre me han interesado, quizá porque en mi familia tengo a dos físicos, uno de ellos que incluso estuvo trabajando en el acelerador de partículas de Ginebra, la edificación principal para la puesta en escena de este documental, Locos por las partículas es revelador: nos permite conocer el día a día de estos investigadores, sus motivaciones, comprender sus teorías y, finalmente, compartir con ellos sus fracasos y victorias, además de las nuevas preguntas, cientos de ellas, que podrán surgir una vez se obtengan los primeros resultados ofrecidos por una máquina que, paradójicamente, lo “único” que hace es hacer chocar dos haces de partículas a elevadísima velocidad para conseguir romperlas y conocer otras partículas, más pequeñas, cuyo comportamiento ayude a explicar el cómo y por qué de su unión. Información totalmente inservible, sí señor…

De este modo, Locos por las partículas es un documental tan ambicioso como los físicos a los que seguiremos durante unos cuatro años. Y lo es porque quiere, y consigue, equilibrar la divulgación científica con el acercamiento a físicos teóricos y experimentales desde un punto de vista profesional pero también humano.

Porque nos descubre el pasado de alguno de ellos y cómo llegaron a centrar su vida en la Física; porque nos deja compartir su fervor en los momentos clave de los experimentos, y su frustración al haber dedicado hasta treinta años de vida a algo que un experimento de estas características podría tirar por tierra en un sólo día; porque muestra de forma afable las “rivalidades” entre los dos tipos de físicos… y todo ello seleccionando con muy buen criterio el metraje rodado desde el fin de las obras del acelerador de partículas (ideado ya desde finales de los años ochenta) hasta la demostración de una de las teorías clave para entender la estructura de la materia (incluso con la emocionante presencia de su autor en la sala en la que finalmente se descubrirá si el bosón de Higgs, “la partícula de Dios”, como lo denominaron en su libro los premios Nobel Lederman y Teresi, existe).

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El documental se hace muy ameno al mezclar entrevistas con los investigadores hablando directamente a cámara con videoblogs de alguno de ellos en los que comparten sus miedos y esperanzas, mas dibujos y gráficos que nos ayudan a comprender de qué se nos está hablando (teorías como la de la Supersimetría o el Multiverso, que podrían ser contrarias entre ellas en función de la estabilidad del bosón de Higgs –  sea lo que sea lo que eso signifique – y que enfrentan los estudios de muchos de los profesores que veremos en la película), además de conferencias, reuniones e imágenes de los 27 km. del acelerador acompañados de una inquietante música, e incluso segmentos de noticias en la televisión para conocer el alcance mediático que cada nuevo experimento provocó (incluyendo el doodle que Google hizo para la ocasión, el primer generador de haces que circularon en paralelo, las demandas de civiles para evitar la apertura de un agujero negro al poner en marcha la máquina, e incluso las declaraciones del político estadounidense que menospreció el “malgastar” presupuesto del país en este tipo de pruebas porque no tenían ningún tipo de utilidad…). 

Así, el planteamiento de Locos por las partículas se aleja del género al uso y juega a ficcionar alguna de sus escenas, que se nos antojan a veces de cine de misterio, un verdadero thriller que va introduciendo las dudas, los errores en cálculos y las tensiones entre ellos, angustiándonos a su vez a nosotros también y sufriendo con los protagonistas con algo que en realidad es más que lejano a nuestro entendimiento.

Identificamos vestigios del género de gangsters, cuando hablan entre ellos de la “banda rival” sentados en el comedor de la univerdad, cual italianos en el restaurante tapadera; e incluso de western, aunque en lugar de cruzarse disparos en un duelo están jugando al ping pong mientras se echan en cara las hipótesis que cada uno defiende… Y también, como no podía ser menos, hay momento para la comedia, el relax de estos cerebritos, muy bien combinado con el resto en su montaje, como la fiesta (esta sí) freak que se organizan mientras se esperan resultados. En definitiva, menos de dos horas que increíblemente pasan como un suspiro.

Equilibrio de secuencias y géneros que se ve apoyado por el paralelismo que tanto el director como los protagonistas realizan entre la Física y el Arte, y en concreto la música y la pintura. La doble referencia a La cueva de los sueños olvidados (Cave of forgotten dreams, Werner Herzog, 2010) no es casual, resume perfectamente el sentido del documental: por un lado, Herzog ponía al alcance de todos las creaciones pictóricas más antiguas realizadas (o al menos, conservadas) por la raza humana, que muestran lo que esos hombres estudiaban, los animales que les rodeaban, el día a día de sus vidas… mientras que estos físicos, tras siglos de evolución, nos permiten descubrir también, ahora con sus fórmulas, el significado de la existencia de aquellos ancestrales dibujos, y de los hombres que los pimtaron (la imagen superpuesta del científico escribiendo en la pizarra junto la imagen de una de las paredes de las cuevas es impactante: están dibujando, igual que entonces, tan fascinados sus descubrimientos). Por otro lado, la ciencia debe dejarse engatusar por el arte, porque permitir llevarse exclusivamente por el raciocinio… ¿cuándo ha resultado en el planteamiento de ideas locas que finalmente fueron certeras? Y, no obstante, la armonía, la creación de música, puede seguir las mismas pautas que una investigación. Fascinante porque, además, el intrigante desenlace del film nos evoca a pensar que, en breve, podríamos asistir al ‘Big Crunch’ que nos planteaba Mr. Nobody. O no. Habrá que seguir, y seguir, investigando.

 

 

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] durante varios años, era un aliciente. Otro, el visionado del recomendable documental Locos por las partículas (Particle Fever, Mark Levinson, 2013) y, cómo no, el experimento en sí: haces de partículas de […]

  2. […] a la necesidad de seguir apoyando a la investigación para seguir avanzando – con Locos por las partículas (Particle Fever, Mark Levinson, 2012), un excelente retrato de la vida de los físicos instalados […]

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