My stuff

De relaciones y cosas Por Arantxa Acosta

“Tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos”Tyler Durden (TD), El club de la lucha (Fight Club, David Fincher, 1999)

Estratégicamente colocado vemos un DVD, edición coleccionista, sobresaliendo de una de las cajas que Petri, nuestro protagonista y director, se lleva al trastero. La película, por supuesto, es El club de la lucha. Cualquier joven con independencia económica que ronde entre los 25 y 40 años la habrá (habremos) visto una media de dos veces, y defendemos todo lo que en ella se dice. Aunque, sí, todos llevemos, igualmente, una vida acomodada. Como el protagonista de My stuff.

“La autoperfección es simple masturbación, sólo la autodestrucción conlleva evolución” (TD)

El punto de partida es sumamente interesante: el dinero no da la felicidad, y tener muchas cosas materiales, tampoco.  Si no, Petri sería, inconfundiblemente, una de las personas más felices del mundo. Así que, como Morgan Spurlok en Super size me (2004), decide experimentar consigo mismo, y despojarse de todas sus pertenencias, guardándolas en un trastero al que se concede ir a buscar cada día máximo un artículo que le sea indispensable para seguir viviendo… ¿feliz? Ese es el gran interrogante.

El primer día, en pleno invierno, es normal que escoja un abrigo. El segundo, unos zapatos. Así, un largo etcétera…. Cuando decide que necesita un colchón, a la mañana siguiente sí puede afirmar que es completamente feliz. Realmente, nos damos cuenta de que no apreciamos las cosas más simples. Pero… ¿es un colchón “imprescindible”? 

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A lo largo del documental es imposible que no nos vayamos interrogando a nosotros mismos: ¿es más importante una mesa que una pieza más de abrigo? ¿Por qué le es tan necesaria una bicicleta, habiendo transporte público? ¿Hubiésemos escogido el teléfono, o el ordenador, antes que un libro? Llega un punto, un día en este caso, que la personalidad de cada uno hace evidente que los productos que consideramos básicos pueden atender a distintas realidades. 

Pero este no es el tema principal. El tema es que Petri, todo nosotros, debemos saber priorizar lo importante de la vida: las relaciones humanas.

“Somos una generación de hombres criados por mujeres, me pregunto si realmente otra mujer será la respuesta que necesitamos” (TD)

El primer tercio de My stuff es exageradamente ameno, tanto por la temática como por el ritmo conseguido, potenciado por supuesto por decidir narrar en primera persona los acontecimientos, saltando adelante y atrás en el tiempo para comprender cómo ha llegado a tomar algunas decisiones, o utilizando la congelación de imagen y sobreimpresión para presentar a los otros protagonistas, que se convierten en las personas que Petri nunca olvidará. 

Por su compromiso, por su afecto, por su ayuda incondicional (que le prestan, y mucha. Muchas situaciones no hubieran sido salvables sin ella. Y la cínica pregunta es, entonces: ¿seremos felices cuando nos convirtamos en verdaderos gorrones?).

El humor inicial da paso al segundo tercio, en el que se asienta la idea de que lo importante no es, tal y como ya nos alecciona el Tyler Durden de Chuck Palahniuk,  disponer de objetos. ¿Son mis pertenencias físicas  lo que me define? Hombre, por un lado, sí: no hay más que ver que la ropa, la tecnología de Petri es toda de marca. Pero él pronto se da cuenta, o eso intenta mostrar en el documental,  de que eso ya no es lo importante. De hecho, dejará de ir a buscar cosas cada día al trastero: llega un momento en el que un centenar de objetos es más que suficiente, y lo que hay que cuidar es el llevarse bien con los que nos rodean: con nuestra familia, amigos, novio, novia… Petri lo caricaturiza y parece que todo tenga que ver con tener o no pareja (de hecho, en este sentido es transparente desde el inicio: empieza el particular experimento tras dejarlo con la novia del momento).  Queremos pensar que considera que el formato comedia le va a servir para llegar a más público, y seguro es verdad. Nos queda la sensación, sin embargo, de que relativizarlo tanto merma sentido a una muy bien compuesta  hazaña. No obstante, nos quedamos, al margen de la novia y escenas tan cómicas como de cuestionable valor como el del rescate de la bicicleta, con las conversaciones nieto-abuela. Éstas nos recuerdan, como ya lo hizo Belleville baby (Mia Engberg, 2013), la importancia de la memoria, de lo vivido, muy por delante de las cosas de las que te rodees.

“Antes ojeábamos pornografía, ahora ojeamos la colección de interiorismo” (TD)

Y, aunque el documental es en todo momento entretenido y da lugar a la reflexión, en su último tercio se convierte en una especie de comedia romántica que, sin empeorar el resultado, acrecenta la sensación de que la investigación ha sido más bien una excusa para hacer una película con los amigos. La superficialidad se apodera de un documental que, repetimos, aunque coherente con su contenido y sin pretensiones más allá de lo mostrado,  nos deja con ganas de mucho más. Quizá la intención sea que el propio espectador indague en su interior si quiere saber algo más sobre sí mismo y sus necesidades. O quizá, simplemente, se trata de pasar un buen rato, cosa para la que My stuff está preparado, y funciona a la perfección.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. Josep dice:

    Bien encontrada la relación con el club de la lucha. Lo bien que coincidian las citas me ha dejado helado. O.O

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