The good son

Mentiras necesarias Por Arantxa Acosta

"Don't you want to take a leap of faith? Or become an old man, filled with regret, waiting to die alone!"Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010)

El secreto de Or, protagonista del documental, podría ser el haber robado, o asesinado, o querer ser otra persona, o haberse enamorado de la persona equivocada, o necesitar manifestarse libremente en una cultura reprimida, incluso haber copiado en el examen de matemáticas… algo muy tonto o muy relevante, según los ojos del que lo quiera juzgar. Lo importante es, precisamente, que el único que debe ser juzgado es uno mismo, por uno mismo. El resto, y al resto, nos debería dar igual mientras la persona acabe estando en paz, consigo misma y sus actos. Or, en alguna etapa de nuestra vida, somos todos nosotros. 

The good son es un canto a que despertemos ante nosotros mismos, a que no tengamos miedo de dar el paso que puede sacarnos de la monotonía o, peor, de la depresión consecuencia de no comportarse como uno mismo es, y desea.

Los secretos deben ser liberados, pero sobre todo enfrentados. Como decía el productor tras la proyección del film, filmarse a sí mismo ayudaba al protagonista a sentirse arropado, a tener el valor de seguir adelante y dar la cara. El montaje de Or filmándose a sí mismo en el espejo y siento respondido por sus propios labios es de lo más significativa: la soledad no es impedimento para sucumbir a las dudas y mantenerse arrinconado.

Pero el secreto de Or y su evolución, dejando atrás las mentiras que debe explicar a sus familiares para alcanzar su objetivo, dejan un profundo sentimiento de tristeza. No por su protagonista, que debe ser uno de los pocos que pasan por una situación similar y que pueden, al menos aparentemente, decir que tiene final feliz. La tristeza generada es más profunda, por extensión a lo que explica, por alusión a una red de mentiras que puede acabar siendo un problema mucho peor que el de origen. Porque nos parece increíble, aunque lo vivamos en propias carnes, que aún se deban esconder según qué tipo de cosas por el qué dirán.

The Good Son

Las ganas de convertir The good son en thriller en la primera parte del metraje no parece bien resuelta, aunque sí es verdad que la falta de información, y el desvelarla a bocajarro en un solo plano, es posible llegue a sorprender si no se ha estado atento. Así que durante el primer tercio del film conoceremos a Or por sus propias filmaciones, las que ayudaron a la directora a convencerse de filmar el documental. A partir de que se nos permite conocer abiertamente su secreto, pero sobre todo de que puede compartirlo con alguien más que él mismo, el film se convierte en más convencional en su presentación al espectador, con la cámara objetiva filmando “la liberación” de Or y su forma de enfrentarse al nuevo mundo que le rodea. La directora prioriza el acompañamiento de Or y captar su nueva forma de reaccionar ante la vida que se le abre por delante, tan diferente a la anterior. Y, al contrario de lo que ya comentábamos en Joanna (Aneta Kopacz, 2013), la interacción con familiares, amigos y desconocidos es básica en la historia, por lo que la relación de Or con su entorno es decisivo para hacer avanzar a buen ritmo el documental y comprender el cambio en su estado de ánimo.

Y, tras la buena sensación que puede llegar a dejar el documental, la directora explica en el coloquio que, tras el montaje y presentación d ela película, Or se ha alejado completamente del equipo. Las dudas nos invaden: ¿le sigue yendo bien tras lo que ha parecido un buen final de reality? ¿se siente avergonzado por cómo ha tenido que llegar a ese final, por muy bueno que fuese? ¿o, simplemente, el documental le recuerda una vida que ya no es la suya?

The good son es un claro ejemplo del filo en el que debería moverse el documental, y por qué hay que creer en ellos y prestarles atención. El mérito de encontrar una buena historia y saber estar en el momento adecuado, en el que ocurre la acción, es impagable para un espectador que necesita nutrirse de films tan interesantes como honestos, y reales, para comprender otras historias y formas de vivir. La ficción se nutre de la realidad, no lo olvidemos. 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] protagonista de The good son (Shirly Berkovitz, 2013) no quiere volver a saber del documental sobre su transformación. Son ya […]

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