Documenta Madrid 2014. Presentación

Por Jose Cabello

El documental ha muerto. El documental ha muerto tal y como lo entendíamos en el pasado, arraigado a unas reglas estrictas y cargado de axiomas que parecían lastrar su propulsión dificultando la tarea de conectar con el gran público. Nuestros ojos asisten a uno de los momentos cumbres del género documental en este país, parpadeamos atónitos ante la exhumación del documental, y lo vemos resucitar arropado por una constante: la pérdida del género. La búsqueda de otra identidad. Las rígidas estructuras se han ido fracturando para dar paso a un híbrido más complejo, nada fácil de catalogar, intensificando la riqueza del producto final que no queda a merced de la veracidad de los hechos, sino que va más allá.

El azote gubernamental al cine -a la cultura, en general- traza una gruesa línea roja que, como metáfora de la situación social del país, divide el cine entre el producido con un ingente presupuesto y el que carece prácticamente de él. Sea el castigo perpetuo a la cultura made in Spain, o sea otro cualquiera el problema que el cine como industria arrastra casi desde su nacimiento en nuestro país, la consecuencia derivada a la escasez de recursos aviva el ingenio de nuestros incipientes cineastas. La ya bautizada como nueva ola del cine español, también surca el terreno documental, entendiéndose como una vía a la regeneración no solo artística, sino también metafísica.

No lo hemos inventado, pero sí adaptado. Hemos sido capaces de crear documentos para hablar de nuestros problemas, para resarcirnos o exorcizarnos de nuestros traumas, dando respuesta a parte de nuestra esencia. Family Tour (Liliana Torres, 2013) vertía los sentimientos encontrados entre una hija y su familia, utilizando el propio proyecto como desinfectante para una herida abierta provocada por las diferencias insalvables entre la protagonista y su familia. Asier y yo (Asier ETA biok, Aitor Merino, Amaia Merino, 2013), hacía caso omiso al protocolo y al vocabulario remilgado empleado siempre que toca hablar del conflicto vasco. El documental muestra otra realidad, apoyado en la amistad entre un componente de la banda de ETA y el director de la película. Mapa  ( León Siminiani, 2012) proponía un viaje hacia la India como excusa a otro viaje, el que debía hacer el director para arrinconar en su memoria los recuerdos de una relación pasada. Carlos Serrano Azcona se lanzaba a la marabunta del 15M en los días previos al desalojo de la Puerta del Sol, interactuando así en primera persona con los afectados, dejando huella al mismo tiempo en Falsos Horizontes (2013).

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Iranien

Películas paradigmáticas que intentan explicar el entorno de los propios cineastas. Pero no sólo hemos logrado reducir el espacio entre director y película, también -y lo más interesante- el documental ha vestido con otras prendas más propias de la ficción. La recreación de unas vidas cruzadas en un páramo del área metropolitana de Barcelona en La plaga (Neus Ballús, 2013) ; una hipotética charla entre amigos debatiendo sobre el Estado, sus mecanismos y la represión policial tras una Huelga General en VidaExtra (Ramiro Ledo Cordeiro, 2013) ; o La Casa Emak Bakia (Oskar Alegría, 2012) siguiendo unos posibles rastros de Man Ray en la costa vasca, buscando la que pudo ser su residencia.

Como se desprende, larga es la lista de documentales de factura española aunque, como siempre, la industria o el organismo de turno, dé espaldas a una realidad. Más triste aún es ver salir del horno unos premios de cine español que soñando con ser el amigo feo de otros galardones de la industria hollywoodiense, formulan sus categorías como lo haría algún habitual a las proyecciones de Meliès. Comedia o drama, no hay lugar para más, se ve que el documental es cosa de ciencia ficción. Paliando la ineficiencia de otros sectores, somos afortunados por contar con propuestas como Docma o Márgenes, las dos caminan en la misma dirección, aunque con fines diferentes. Ambas arrojan luz a proyectos más alejados del visto bueno del gran público, cobijando exclusivamente proyectos de índole documental en el caso de Docma -asociación que potencia la difusión del género- o de cualquier naturaleza en Márgenes.

El miércoles 30 de abril la gran plataforma del documental vuelve a inundar Madrid inaugurando así la undécima edición de Documenta Madrid. El festival, como viene siendo habitual, tendrá lugar en la Cineteca de Matadero Madrid, contando en esta edición sólo con una sede más, Filmoteca Española, donde se proyectará el ciclo paralelo Focus on directors. Directores vistos por la mirada de otros directores. Che strano chiamarsi Federico! (Ettore Scola, 2013) y Bertolucci on Bertolucci (Walter Fasano, Luca Guadagnino), dos películas que analizan la vida de sendos directores, regresan a la ciudad tras su premiere en el pasado Festival de Cine Italiano de Madrid, acompañadas de otras obras como Rohmer in Paris (Richard Misek, 2013), estudiando la íntima relación del director con la ciudad de París; Confesiones de Roman Polanski (Roman Polanski: a film memoir, Laurent Bouzereau, 2011), recorre la singular, y trágica, vida del director polaco, el propio documental se fraguó tras el escándalo que le retuvo forzosamente en su domicilio en 2009; o el último trabajo de Jonas Mekas, Outtakes from the life of a happy man (2012), construido con retazos inéditos que ha desechado a lo largo de su filmografía.

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Outtakes from the life of a happy man

A las secciones Oficial y Retrospectiva, se le suma otra habitual conocida como Panorama, pero albergando mayor número de trabajos que en sus anteriores ediciones, con el propósito de recoger el fruto del buen estado actual del documental en España. Costa da Morte (Lois Patiño, 2013) y Slimane (Jose Ángel Alayón, 2013), ya exhibidas en Márgenes, retornan a la Sala Azcona de la Cineteca, primera vez para El inventor de la selva (Sobre la marxa, Jordi Morató, 2013), que tras su paso por Málaga y el D’A, ahora viaja a Madrid. También inédita en la ciudad Gabor (Sebastián Alfie, 2013), apoyada en la amistad entre dos directores, un realizador y un director de fotografía, recurre a la perdida de visión de uno de ellos para tratar la posibilidad de dirigir una película sin este sentido.

La retrospectiva, que el año pasado versó sobre el documental en la Transición Española, ahora girará en torno al cineasta Fernand Melgar. Una figura, dentro del mundo del cine, distinguida por su carácter insurrecto ante la injusticia. Seis largos y siete cortos, componen la retrospectiva que le dedicará Documenta Madrid, entre ellos La fortaleza (La Forteresesse, 2008), primera vez en el que una cámara se cuela en los entresijos de un centro suizo de solicitantes de asilo político, o Exit – El derecho a morir (Exit – Le droit de mourir, 2005), Fernand Melgar introduce a Exit, una asociación suiza donde legalmente se practica la eutanasia.

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Masters of Universe

El controvertido documental The Act of the Killing (Joshua Oppenheimer, Crhistine Cynn, 2012) se alzó con el premio dentro de la Sección Oficial del año pasado en Documenta Madrid, sección por donde también desfilaron, en años pretéritos, otros films como el famoso Edificio España (Víctor Moreno, 2012), el espeluznante The Cove (Louie Psihoyos, 2009) o La puerta de no retorno (Santiago A. Zannou, 2011). La Sección Oficial, a la última en actualidad, hace acopio de películas nacidas bajo determinados momentos históricos, como Iranien (Mehran Tamadon, 2014) donde un director iraní ateo convive con cuatro creyentes del Islam, para probar los límites de la convivencia entre personas con diferentes perspectivas del sentido de la vida. También abordando la esfera del mundo árabe, The Square (El Midan) (Jehane Noujaim, 2013) rememora el movimiento conocido con el nombre de primavera árabe, justo en una plaza del país propulsor, Egipto; Return to Homs (Al awda a ila Hims, Talal Derki, 2013), rodada en Siria, plantea la disyuntiva de dos jóvenes amigos que anhelan la libertad, y cómo el inicio de la guerra cambiará sus planes a marchas forzadas; The Green Prince (Nadav Schriman, 2013), se basa en los acontecimientos verídicos sobre el hijo de uno de los líderes de Hamás que trabajó al servicio de Israel espiando a su propio pueblo.

Por otra parte, Master of Universe (Marc Bauder, 2013), pone los datos macroeconómicos en esta edición, dando nombre a los verdaderos “amos del mundo”, explicando de manera exhaustiva cuál es la tarea de los bancos de inversión. La relación entre naturaleza y entorno con los ciudadanos que lo habitan, tienen su representación en Ekpyrosis (Nikolas Klement, 2013), relatando la cotidianidad de los menonitas, que habitan la región de la Pampa argentina y, también, en Bugarach (Ventura Durall, Salvador Sunyer, Sergi Cameron, 2014), un tranquilo pueblo del sur de Francia hasta el anuncio de que este será el único emplazamiento que sobrevivirá al nuevo Apocalipsis.

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Ukraine is not a Brothel

Los doce días de duración de Documenta Madrid se inician con la proyección de The Amstrong Lie (Alex Gibney, 2013), documental norteamericano que desvela las sombras del ciclismo, un deporte continuamente asociado al dopaje. Dejando la bicicleta para motorizarse, en Two Raging Grannies (Havard Bustnes, 2013) dos abuelas recorren Estados Unidos como protesta a la actual situación política y social. En el mismo tono activista, Ukraine is not a Brothel (Kitty Green, 2013), Femen, el colectivo feminista, denuncia el desprestigio de la figura de la mujer en Ucrania. Y como toque excéntrico, The Dog (Allison Berg, Frank Keraudren 2013), un recorrido por la existencia de John Wojtowicz, un hombre que se consideró así mismo como un pervertido en continuo celo, que llegó a atracar un banco para financiar su operación de cambio de sexo.

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