Go Forth, Al doilea joc y Sauerbruch Hutton Architekten

Legados Por Arantxa Acosta

Go Forth. Director: Soufiane Adele. Francia, 2014

Al doilea joc. Director: Corneliu Porumboiu. Rumanía, 2014

Sauerbruch Hutton Architekten. Director: Harun Farocki. Alemania, 2013

Qué mejor forma de asegurarse el dejar para las futuras generaciones el legado de la verdadera Historia, de lo que ha sucedido en nuestros países, de lo que es la guerra y el papel que tenemos en ella, de las envidias o ansias de doblegar a los demás y la consecuente necesidad de un pueblo de buscar la autodeterminación, la libertad… si no es tomando los testimonios de primera mano. Grabando directamente a ancianos, a los últimos supervivientes de Guerras mundiales que esperemos no vuelvan a repetirse o, sencillamente, dejando constancia de la vida que estuvieron viviendo durante los años más negros del siglo pasado.

El director de Go Forth se fija en las vivencias de su abuela como recurso principal, y más acertado (no deja de sorprendernos cómo un medio plano fijo que devuelve simplemente la imagen de alguien que explica anécdotas de su vida puede ser más potente que veinte vistas aéreas filmadas utilizando un dron). Porque sí, imágenes espectaculares gracias a los drones, hay… pero no impactan tanto.

Porque Go Forth cae dentro de su irregular bucle, precisamente por dejar de serlo.

La sorprendente metáfora inicial, el plano secuencia aéreo que nos invitaba a alejarnos, a mirar con cierta perspectiva un pasado que aún a nosotros, tres generaciones después, nos puede hacer hervir la sangre, diluye su efecto al ser recurrido en demasía, más cuando no hay razón para incorporar en el film ese recurso. El otro que también acaba resultando incómodo es un found footage que también termina por perder el sentido, sirviendo más como material a almacenar en una película para que no vuelva a perderse que para otorgarle un sentido a su inclusión (y obviaremos que también, en algún caso, lo utiliza como metáfora de lo que la anciana acaba de describir… esos buitres, por favor. No).

No obstante sí es cierto que, si nos centramos en las amplias experiencias de la mujer, conoceremos al pueblo argelino, sus costumbres y tradiciones, el orgullo de un país no apocado por los colonos franceses (tema que también toca Diop Mambéty en la película inaugural de este L’Alternativa 2014, Touki Bouki – 1973), y el de una familia que no renuncia a sus raíces. Un interesante diálogo (aunque más bien es un monólogo de la ‘nana’ hablando directamente a cámara) que nos descubre desde un enternecedor punto de vista la historia de un nieto que no quiere olvidar.

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Go Forth

Y cuando estábamos haciendo una valoración medianamente positiva pese a la falta de intensidad del film, llegamos a un cierre que sí nos hace suspenderla, muy a nuestro pesar: obviaremos – otra vez – lo anodino que resulta que el director recite, voz en off, los títulos de crédito, cual Fahrenheit 451 (François Truffaut, 1966). Sólo que allí sí tenía razón de ser, claro. Pero que tras este innecesario noqueo al espectador el director/narrador siga hablando para explicar qué significa su film (diciendo algo así como “me di cuenta de que la guerra de la independencia de Argelia no fue el resultado de odiar a los franceses, sino el de la necesidad de un pueblo de tomar sus propias decisiones”)… ¿era realmente necesario? ¿Qué nos está aportando, esta reflexión final? ¿Tan ignorantes o perdidos tras el visionado parecemos para no comprender esto incluso por supuesto antes de conocer ni tan siquiera la existencia de Go Forth? ¿O es que realmente – y paradójicamente – el director se ha dado cuenta de ello tras finalizar su película? Inconcebible.

Si Go Forth incluía directamente la entrevista a la abuela con sus recuerdos (con cierta intención onírica que no acaba de cuajar), Porumboiu propone en Al doilea joc una revisión de este legado desde un punto de vista mucho más peculiar: revisando un partido de fútbol grabado por la televisión local y arbitrado por su padre a finales de los años ochenta en Rumanía, el film resulta ser un comentario de todo ese partido entre padre e hijo.

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Al doilea joc

Esperábamos que el film abordase la historia reciente de Rumanía a través de las palabras de un hombre que había sido amenazado de muerte, tal y como se abre la película, más allá de comentar las jugadas, el terrible tiempo que les hizo o lo buenos que eran algunos jugadores…. Pero pasan los noventa minutos sin tan siquiera una pequeña alusión al tema, fuera de comentar que los dos equipos eran comunistas, uno la policía secreta y el otro el ejército. Ya.

“De esto no puede hacerse una película, hijo”, dice el padre. “Ya lo veremos”, espeta el hijo, para estupor del espectador.

¿Tomadura de pelo, entonces?

Sinceramente, tras dejarse llevar por los comentarios de los dos protagonistas de Al doilea joc, pero sobre todo por sus silencios, la conclusión a la que personalmente llegué fue muy distinta.

Y es que no nos comunicamos lo suficiente. No queremos saber, ni explicar. La película no deja de ser un reflejo de la falta de atención que la gran mayoría de nosotros prestamos a nuestros padres, a nuestros abuelos. Vivimos nuestra vida al día, entre los algodones de una época que, gracias a Dios, o al hombre, nos está librando de guerras mundiales (y esto, cómo no, lo escribo desde la comodidad de vivir en un país occidental desarrollado. Una comodidad que hace que nos olvidemos fácilmente de mirar atrás). Y por la parte de nuestros ascendientes, la falta de querer profundizar en la Historia y derivar siempre en el partido en sí y lo que está pasando sobre el campo remarca claramente las pocas ganas de querer revivir momentos pasados que pudieron ser dolorosos por parte de los que los vivieron en sus propias carnes.

De esta forma, tras cada silencio mientras padre (¿e hijo?) están concentrados en las imágenes, tras cada comentario relativamente insulso, se esconde, al contrario que en Go Forth, la necesidad humana de no querer saber ni recordar. Para no sufrir.

El fútbol. El perfecto “invento” para dejar de pensar.

Una película larga en la que en realidad no ocurre nada, “como todas mis películas”, según “se burla” de sí mismo Porumboiu… y que intuimos esconde un mensaje mucho más profundo de lo que a priori puede parecer.

Pero un legado también puede ser físico. Así que, para finalizar, y con una temática que puede parecer diametralmente opuesta a la expuesta en lso dos anteriores films comentados, nos encontramos con Sauerbruch Hutton Architekten. Aquí no se nos hablará del pasado, ni de forma emocional ni de forma objetiva. El documental es más bien todo lo contrario, un llamamiento al futuro, a pensar en qué es lo que queremos dejar a nuevas generaciones como las que seguirán a las de los directores de Go Forth y Al doilea joc. El pasado, en este caso, es el presente que estamos viviendo a través de los ojos de los arquitectos.

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Sauerbruch Hutton Architekten

Partir del concepto, de la utilidad y fin de la obra, para crear estructuras bellas y robustas que perduren. Eso es Sauerbruch Hutton Architekten.

Estructuras que hablarán de nosotros y nuestra visión e interacción con nuestro entorno una vez ya no estemos aquí, igual que la entrevista a ‘nana’ en Go Forth, o la peculiar relación padre/hijo en Al doilea joc.

Porque Louisa Hutton y Matthias Sauerbruch demuestran que la arquitectura no únicamente es su vida… es vida. Y que arte y técnica se aúnan en perfecto equilibrio para que en los pequeños detalles, encontremos grandes decisiones, cotidianas, que nos faciliten nuestra interacción con la naturaleza. Y, llevando su profesión al terreno más realista, y como todo en la vida, aunque tengan muy claro cuál sería el mejor estilo para una silla o la fachada de un edificio, a quien hay que convencer es al usuario. Al que paga.

De esta forma el documental se limita a seguir a los integrantes de este estudio de arquitectura y a cómo se dedican a analizar desde grandes discusiones (¿cuál es el objetivo del edificio? ¿Por qué debe ser construido?) hasta enseñar a las nuevas generaciones cómo desarrollar los proyectos: les preguntan sobre si han tenido en cuenta todas las posibilidades, les retan a pensar en diseños más sencillos de fabricar, o les hacen cambiar o fabricar de nuevo algo que no les acaba de gustar. Poco más. Porque el realizador no interacciona en ningún momento con los protagonistas, se limita a exponer su día a día, para hacer mucho más efectivo su mensaje: y es que, al final, todos acabaremos pensando qué interesante es esta profesión, y cuánto aporta (el famoso legado, hilo conductor de esta reseña), sin que seamos plenamente conscientes, a nuestra vida.

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Comentarios sobre este artículo

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