La prima bastarda de Stephen Dedalus

Inocentes engaños Por Arantxa Acosta

La capacidad innata del hombre para tergiversar la realidad en su propio beneficio es realmente asombrosa. Cualquier excusa nos vale para crear vínculos, para relacionar conceptos, lugares, personas. Y si la magia del cine nos puede ayudar… mejor que mejor.

Marla Jacarilla construye todo un argumentarlo alrededor del que se nos antoja su escritor favorito, James Joyce, e intenta establecer una conexión entre ambos (o, mejor dicho, entre “R” y “Dedalus”, sus respectivos alter ego). Así, obligando al espectador a recorrer de forma completamente guiada la pared en la que ha decidido emplazar toda esta relación entre sus personajes (en forma de fotografías, impresiones de Google Maps y flechas varias en rotulador negro que nos llevan de uno a otro en este interesante ejercicio), la directora no únicamente demostrará la viabilidad de hacer verosímil una posible relación entre ambos a través de, lo menos, un curioso guión, sino que también evidenciará cómo puede llegar a influenciar en el espectador la forma de presentar, en imágenes, la historia que pretende vendernos.

Jacarilla comienza su La prima bastarda de Stephen Dedalus remontándose a la infancia de los protagonistas, para, de forma lenta pero progresiva, avanzar tanto en sus vidas como en las coherentes incoherencias que aúnan su destino.

Porque que hayan vivido, o estén viviendo, en un distinto espacio-temporal… ¿acaso importa, en el cine?

La idea de partida, establecer esa relación basada en lo que podríamos llamar una ‘comparativa negativa’ entre sus vidas, se ve reforzada tanto por las imágenes y su ‘casi’ imposible nexo (uno tiene fobia a los perros y el otro no… gran razonamiento) como por la voz en off, a la vez decidida y burlona, de la propia directora. La cámara se detiene, nos muestra exclusivamente en primer plano la fotografía o “prueba” que demuestra fehacientemente su discurso, limitando nuestro campo de visión para que no caigamos en la tentación de pensar, ni un solo instante, “esto es imposible” o “esto no tiene sentido”.

La prima bastarda de Stephen Dedalus 1

Pero la comparativa termina por hacer cruzar los caminos de R y Dedalus, en un tiempo tan remoto como presente, en un lugar tan real como imaginario. Y es a partir de entonces cuando el espectador se sumerge en el imposible relato, pierde literalmente la noción del tiempo y se deja llevar por las palabras de Jacarilla, que aunque nos haya intentado demostrar la cósmica relación entre ella y Joyce a través de las arrugas en un mantel, acabamos por seguirle la corriente. De esta forma, imagen y voz en off se fusionan completamente, se complementan de forma que engatusan al ya convencido espectador, que termina por sonreír para sus adentros, pensando: “sí, me lo podría llegar a creer”.

Por supuesto, este sencillo ejercicio dos abre dos reflexiones: la primera, más evidente y ya demostrada, es que es muy fácil engañarse, a los demás y a uno mismo. La segunda, a colación, o mejor, como consecuencia, es que si nos están fácil engañar a los demás… ¿cuántas veces nos habrán engañado? A nivel personal o social, escondiendo un secreto, cambiando la Historia…

De cerca habrá que seguir a Marla Jacarilla, empezando por conocer el resto de su obra de la este cortometraje forma parte: Elucubraciones en torno a esa serie de características que debería tener –o no– la literatura del futuro.

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