Touki Bouki

Alcanzar ¿lo inalcanzable? Por Arantxa Acosta

París como objeto de deseo, como símbolo de todo lo que desea un hombre: dejar atrás la pobreza, el malvivir.

París como respuesta a los sueños: riqueza, libertad de expresión, y de actuación. Bienestar. Éxito.

París, en definitiva, como resultado de lo que se quiere para un país.

Porque llega un momento que la situación histórica, política y social hace necesario que un país se autoanalice, y evolucione. Por las tensiones internas entre grupos con distinta mentalidad, por la desesperación derivada de una crisis… Así que es lógico que eso de avanzar todos en manada para ser llevados al matadero (es decir, a actuar como se espera de nosotros, sin quejas, sin alzar mínimamente la voz), acabe no cuadrando.

Pero, por otro lado…

París es irreal.

París es engañoso.

París taladra el cerebro del que ansía llegar a conseguir todo lo que esa ciudad promete.

París distorsiona el optimismo naïf del intrépido, y le atrapa en sus redes, haciéndole perder el norte, sus ideales. De esta manera, el más revolucionario se vuelve codicioso, el más erudito se vuelve ladrón…

Porque la codicia lleva a la corrupción. Las ansias de querer la libertad para todo un país… pueden verse reconvertidas en ansias de poder individual. Y es entonces cuando hace falta preguntarse:

¿Quiero volver a sentirme parte de la manada, o quiero ser el pastor del rebaño?

¿No hay otra alternativa? ¿Hay alguna forma de romper el círculo?

De la tradición, de lo cotidiano del pueblo senegalés, a la evolución, a la gran ciudad y sus promesas, Mambéty mueve su cámara captando para Touki Bouki tanto imágenes realistas como representaciones oníricas.

Haciéndonos reflexionar sobre la necesidad de la movilización, recreando la situación del momento en su país, los movidos años setenta… aunque sin duda las palabras, pero sobre todo las imágenes captadas por el director, pueden identificarse con un mensaje universal, y atemporal. Porque la Historia, lamentablemente, sí es cíclica.

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El director retratará las diferencias entre los habitantes del pueblo, los que se ríen de los universitarios (esos que siguen por miedo o por desconocimiento anclados en los tiempos de los colonos, actuando como si aún se tratase de un pueblo doblegado) y los que miran altivos a los que no quieren cambiar; se reirá del papel de las fuerzas del orden, policías con una profesión tan poco vocacional que no pueden evitar demostrarlo con sus actos; golpeará la conciencia del espectador al hacer hablar a cámara a dos franceses que, con aires de superioridad, menospreciarán el surgimiento africano…

De esta forma, el director toma a sus dos protagonistas y les hace imaginar, de cara al cristalino y calmado mar, qué sería de sus vidas si emprendiesen ese deseado viaje fuera de Senegal, hacia la “tierra prometida” (o más bien, referente colonial). ¿Da el dinero la felicidad? ¿Tan importante es como para perder tus ideales y convertirte en otra persona?

Así, Mambéty les/nos dice, “¿qué queremos hacer con nuestro país? ¿Quieres emigrar, para convertirte en otro más que reniegue de sus orígenes?”

Y lo hace apelando a la inteligencia de su interlocutor: con un montaje que le haga identificarse, muy a su pesar, con el carnero degollado; con un sonido que ayude a olvidar las supuestas maravillas de los colonos franceses; con una exaltación de color que le recuerde que África es vida, y debe luchar por ella, olvidando los roles autoimpuestos de forma inconsciente por la opresión del antiguo “amo”; y con un guión lo suficientemente opaco como para arremeter contra políticos y ex colonos, aunque, eso sí, permitiéndose licencias tan ácidas y directas como iniciar los títulos de crédito del film con un “Patrocinado por: Giorgio Armani”.

Mambéty sorprende ya no por su forma de relatar la realidad senegalesa, si no por cómo consigue entremezclarla con sus propios ideales y mensaje para el espectador: su pueblo. Todo un visionario.

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] (tema que también toca Diop Mambéty en la película inaugural de este L’Alternativa 2014, Touki Bouki – 1973), y el de una familia que no renuncia a sus raíces. Un interesante diálogo (aunque más […]

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