Vaters Garten

El amor conformista ¿de la generación de nuestros padres? Por Arantxa Acosta

Quizá es el día. Quizá es porque he visto mucho de mis padres, de toda una generación a decir verdad, en esta película. Quizá se trate de mi actual situación personal. Quizá, simplemente, es que no quiero acabar como los dos ancianos del film, y mucho menos con la visión de su hijo mirándoles a través de su cámara. Quizá, por extensión, es que no quiero que llegue un día que, echando la vista atrás, achaque a las circunstancias, como si no tuviesen nada que ver con mis decisiones (demasiadas veces acabo apelando ya al destino), que mi vida haya llegado a ser tan vacía como la de los padres del director dentro de unos años. Quizá por todo ello Vaters Garten me haya llegado tanto. 

Me temo va a salir algo personal, esto. Espero se me perdone. 

Peter Lietchi decide iniciar el proyecto de Vaters Garten tras darse cuenta de lo distanciado que está de sus padres, recordando que, dos años antes, se sintió avergonzado de encontrarse de forma casual con su padre en un evento social. 

¿Cómo puede alguien avergonzarse de sus padres, o de su propio hijo? ¿Qué ha podido ocurrir para que crezca ese terrible sentimiento en su interior?

¿Dónde creéis que iré yo?” Pregunta Lietchi a su madre y hermana, sentadas en un sofá frente a la implacable cámara de su familiar cercano, en referencia a la existencia del Paraíso y el Infierno. Y, tras un largo e incómodo silencio, la madre masculla, sin mirar ni a la cámara, ni a su hijo: “Yo rezo para que entres con nosotras en el Paraíso.”.

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Lejos de querer indagar el por qué de este abismo entre padres e hijo preguntando directamente a sus progenitores, Lietchi decide filmar el día a día de la pareja, su propio distanciamiento, su amor conformista. Su gastada relación, en definitiva. Y únicamente entrará al detalle de lo que realmente le ha removido durante todos estos años a través de la dramatización de algunas de las opiniones de su padre, y confesiones de su madre. Porque si algo queda claro en el film es la predilección hacia la figura materna, de la que seguro ha heredado, por lo que parece comprobarse, su inquietud y ganas de cambiar las cosas. Sólo que su madre no nació precisamente en una época en la que esto fuese factible para la mujer.

La dramatización vendrá dada por la teatralización de algunas de las frases clave, pensamientos en voz alta o diálogos que en algún momento de la grabación sus padres han dicho. Frases que les hará reproducir a ellos mismos y que vienen acompañadas de dos títeres en forma de conejo cuyas realistas expresiones y atuendo a colación (ella con el delantal, él con la camisa recién planchada) remarcarán los mensajes.

¿Sabían los padres cómo iba a utilizar su hijo ese material?

Aprenderemos que el padre es machista, perfeccionista y obcecado a través de sus comentarios. De esos que siempre tienen la razón, aunque se les demuestre claramente todo lo contrario. De la madre sabremos que ha vivido reprimida bajo la sombra de su marido, porque ella sí se atreve a decírselo directamente a su hijo. Ella le confesará que fueron muy duros los primeros años de casados, cuando aunque ella venía de gozar una vida mucho más abierta y plena, quizá por disfrutar de una posición económica más ventajosa que su marido, tuvo que doblegarse a sus gustos: él, de esos que ya es feliz estando en casa tranquilo; ella, a la que le gustaría tanto viajar que acaba recluida entre las cuatro paredes de la casa dejando volar su imaginación exclusivamente gracias a los libros; él, echándole en cara que se ha parapetado tras la literatura; ella, admitiendo que muchas veces ha pensado que su marido ha llegado a odiarla, y que la forma que encontró él de evadirse de la opresión que le ha supuesto esa familia ha sido con el cuidado de su propio jardín, único sitio donde se siente libre; él, siendo incapaz de mostrar un acto de amor hacia su mujer fuera del realmente necesario – cuando se pone a pensar que ella debería sobrevivirle. Eso de que no quiera poner un agarradero en la bañera para que ella no vuelva a resbalarse, argumentando totalmente convencido que, para los pocos años que les quedan, no va a estropear las blasonas nuevas haciendo agujeros…; ella, recordando que, aunque trabajase, sus ingresos iban a la cartilla común, hasta que en la jubilación decidió que la pensión fuese a su propia cuenta… y su marido estuvo medio año sin hablarle. Triste. Muy triste.

Y, tristemente también, la mente nos lleva a hacer paralelismos con nuestras propias vivencias, y a leer con recelo el subtítulo del film: “El amor de nuestros padres (Die liebe meiner eltern)”. Porque los padres, finalmente, quitando hierro al asunto, acabarán por decir eso de que tras tantos años existe un fuerte cariño, que no saben vivir el uno sin el otro… ¿No es esto acaso fruto del miedo a quedarse solo, a no tener a nadie que nos acompañe en nuestras últimas horas?

Vivir con alguien simplemente por el hecho de no estar solo. Soportar lo insoportable porque, al menos, el sufrimiento es compartido.

Hace unos días, en pleno L’ Aternativa 2014, Alex P. Lascort (que cubre el Festival para Cinemaadhoc) nos recordaba en un bar que ya en Donnie Darko (Richard Kelly, 2001) se dice eso de que “todas las criaturas del mundo mueren solas”. Lo que no llegamos a decir, quizá porque todos lo pensábamos, es que Darko dice justo después: “¡Yo no quiero morir solo!”. Ninguno lo queremos, claro. No sé, quizá acabe haciendo caso a mi padre, precisamente por ese miedo que a todos nos acaba embargando, cuando me dice eso de que viva como quiera ahora, que disfrute de mi segunda juventud tras el divorcio, pero que me arrepentiré a los sesenta cuando nadie esté ahí para reconformarme.

Pese a todo esto, el documental nos parece engañoso. Porque Lietchi nunca describirá el por qué sus padres, madre incluida, le han tenido tanto miedo. En las escenas de los títeres, su voz, que le representa a sí mismo por supuesto, se reserva los momentos en los que da réplica a sus padres, aportando la lógica a la situación planteada, el punto de vista externo,la mirada del que vive el sufrimiento de sus padres desde la barrera. Se nos antoja que ha heredado la inteligencia de su madre, y por eso desde muy pequeño se ha resistido a tener que compartir la vida de sus mayores sin poder hacer nada para cambiar su condenada vida. Pero también pensamos que ha heredado de su madre la tendencia a la depresión… por lo que a sus ascendientes les ha debido incluso hacer más difícil la convivencia el llevar adelante la vida de un hijo con problemas.

Pero esto son conjeturas. En cualquier caso… lo primero que he hecho al salir de la proyección ha sido llamar a mis padres para saber cómo estaban y decirles que el fin de semana iré a comer con ellos.

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