Yo no soy él (Ben O Degilim)

Destino Cíclico Por Arantxa Acosta

**Contiene Spoilers**

En un año en el que Enemy (Denis Villeneuve, 2013) se va a convertir con toda seguridad en mi particular Top 1 de 2014, es grato encontrar una propuesta a la vez tan parecida como distante a la de Villeneuve/Saramago…

Un hombre trabaja como lavaplatos en un hotel, en el que conocerá a una mujer a la que todos critican por su anterior trabajo. Cuando ella le invita a su casa, descubrirá que se parece mucho a su marido, que actualmente está cumpliendo condena en la cárcel. A partir de aquí, el hombre sentirá curiosidad por la figura del marido. Se vestirá como él, se peinará como él… y le suplantará cuando se encuentre a sus amigos. Pero, si acaban confundiéndole… ¿no se tratará de la misma persona?

Tayfun Pirselimoğlu describe en Yo no soy él, al igual que Enemy, una visión racional y una mucho más espiritual sobre el mito del doble y, reconociendo él mismo que no conoce las respuestas a la duda planteada, deja en manos del espectador el análisis de su propuesta.

De esta forma, igual que en la ya citada Enemy, el director propone dos preguntas básicas:

¿Nos gustaría actuar, ser, otra persona? Distinta a la que hemos creado, a la que hemos tenido que ser, por el entorno en el que vivimos, o en la que nos hemos convertido por las circunstancias…

y,

¿Podemos encontrar a alguien exactamente igual a nosotros? Si es así, ¿hasta qué punto el que seamos iguales nos convierte en la misma persona?

La primera pregunta puede intentar responderse, a su vez, pensando en el nivel de conciencia de la persona en cuestión. Es decir, que podríamos estar hablando de alguien con un trastorno de identidad disociativo y, por lo tanto, inconsciente de que actúa con distintos nombres a lo largo del día, pero también de alguien que está actuando, tomando otra identidad para evitar, como en el caso de Yo no soy él, el volver a la cárcel. De esta forma, una posible interpretación racional es que los hombres que aparecen en el film (dos o tres, en función de la lectura que hagamos) son la misma persona, y estaríamos defendiendo la múltiple personalidad. La segunda explicación nos permite llegar a pensar se trata de la picardía de un hombre que utiliza el trabajo como lavaplatos como tapadera tras haber escapado de prisión. El director sustenta esta exposición de forma que hace que la mujer desde el inicio le mire como si ya le conociera, además de las respuestas de él, o que acabe quedándose indistintamente en el piso de soltero o en el del matrimonio…

L'Alternativa 2014 2

Pero, como siempre, la más interesante es la interpretación irracional, la que nos lleva a pensar en la existencia de un Dios que nos controla, que juega con nosotros. A pensar en la reencarnación y en nuestro papel dentro del Universo y, por supuesto, a pensar también en el destino, en ese papel que ya está escrito para todos nosotros y que no podemos saltarnos aunque así lo queramos.

Y es que al finalizar la proyección, el director habló sobre su creencia de la existencia de un hado que no únicamente rige nuestras vidas sino que, además, es cíclico, sólo que no sabemos en realidad cuál es el diámetro de esa circunferencia. Con esta obsesión justifica que todos sus films hasta la fecha se inicien y finalicen igual, cerrando la historia para volver a comenzar… Es una curiosa teoría. Si bien es cierto que ya sabemos, y más de una vez hemos hecho referencia a ello, que la Historia se repite, plantear que se vuelva a reiniciar el bucle antes incluso de que hayamos finalizado nuestras propias vivencias nos adentra en pensar eso de que cuando nos dicen que se han cruzado con alguien igual que nosotros, ¿no seré en realidad yo mismo, incluso más a nivel espiritual que no físico, ocupando “accidentalmente” el mismo espacio-temporal? Encarnación y reencarnación paseando por las mismas calles. Interesante. También pensar que para unos y otros, ese diámetro del bucle pueda tener distinto valor… la discusión está servida.

Pirselimoğlu inicia su reflexión utilizando el recurrido símbolo de los espejos para mostrarnos las distintas facetas del protagonista hasta llegar, muy avanzado el film, a un excelente plano que culmina sus teorías al pretender confundirnos: lo que parece ser el hombre mirándose de nuevo en un espejo, acaba por mostrarnos el marco de una puerta que se decide a atravesar. Es decir, que llega un momento que debemos resolver como espectadores, incluso junto al protagonista, el decidir con qué realidad, personalidad o explicación, nos quedamos.

Por otro lado, el golpeteo de un zapato contra los barrotes de la celda, tanto al inicio como al final del film, también nos lleva a pensar en cómo se ha cerrado por fin el círculo para nuestro hombre: el sonido se nos antoja como el necesario porvenir que debe, inicialmente, temer el protagonista. El constante tempo podría tratarse de un aviso que, lamentablemente, el hombre decide obviar (de ahí a que se dedique a “patear” a su compañero de celda para que deje de ”hacer ruido”). No obstante, la repetición final se presenta ya no como advertencia sino más bien como un sermón, que obliga al hombre a reflexionar sobre los acontecimientos.

En una especie de adaptación inconscientemente apócrifa de ‘El hombre duplicado’ de Saramago (personalmente no me apunta tanto a VértigoVertigo, Alfred Hitchcock, 1958 – como se indica en la presentación de Alternativa 2014), Yo no soy él juega sobre todo con los silencios y unas imágenes impactantes por su sencillez, presentadas básicamente en plano fijo para ayudarnos a fijarnos en los detalles de las ubicaciones (los cuadros, los sofás, los espejos…), del triste entorno que rodea a los protagonistas. El film avanza lento pero con paso firme, para darnos tiempo a concentrarnos, reflexionar cada propuesta a medida que se nos presentan más elementos y a acabar teorizando. Cuando una película nos brinda la oportunidad y consigue esto, es todo un regalo.

TRAILER:

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