Kink y cortometrajes

Sexo al cubo Por Jose Cabello

Tú que decidiste que tu amor ya no servía, que preferiste maquillar tu identidad, hoy te preparas para el golpe más fantástico, porque hoy empieza la revolución sexualRevolución Sexual - La Casa Azul

No voy a entrar a analizar la calidad literaria del bestseller Cincuenta sombras de Grey, creo que resulta más estimulante hablar del ruido que generó, y aún sigue generando, el libro. A pesar de venderse como una obra transgresora, portadora de una temática socialmente tabú como el BDSM y narradora de escenas de sexo explícito, sería más acertado definir Cincuenta sombras de Grey como una novela pseudoporno fabricada para mamás. Muy lejos del halo trasgresor al que el boca a boca le ha ido acercando, la novela da una palmadita en la espalda y susurra ‘hay esperanza’ a aquellas amas de casa que practican el misionero en bucle. El efecto Cincuenta sombras de Grey sería un buen ejemplo para situar el escenario del que quiero hablar. Hay gente que a día de hoy sigue empeñada en bautizar esta época como una ‘Era Sexual’ y no lo creo así, de hecho, sólo hay que mirar alrededor e ir un poco más allá para determinar el papel que juega la sexualidad hoy.

El año pasado, con el estreno de La vida de Adèle (La vie d’Adèle, Abdellatif Kechiche, 2013), se generó una corriente de grandes pensadores que detuvieron su mirada en pormenorizar las posturas de las chicas más que la película en sí misma. Las escenas de sexo parecían tan reales -para algunos- que hasta el propio director tuvo que salir al paso de la polémica y aclarar innecesariamente que todo era fruto de la ficción porque, señores, estábamos asistiendo a un lugar llamado cine, en donde hay más de mentira que de verdad, pero ¿y si fuese real? ¿tanto nos escandalizaría?

Kink

Kink

Fuera como fuese, está claro que aun andamos lejos de ser esa sociedad en la que el sexo se trata de una manera natural y sana. Sin morbo. Sin especulación. Y ése es el principal obstáculo en el camino, el mercado que orbita en torno al sexo, un mercado que amanece con nosotros y nos acompaña hasta la hora de ir a dormir. Si la publicidad, la televisión, los vídeos musicales, el teatro o el cine incluyen más ingredientes de sexo no significa que estemos más evolucionados. No hagamos lecturas precipitadas. La publicidad basa parte de su ideario respecto al sexo en insinuar pero no mostrar, dando así un toque de oscuridad al objeto, manteniendo a raya a los consumidores y provocando así mayor deseo o apretando, incluso, las tuercas de la represión. La televisión ha llegado a su máximo, por ahora, con programas como ‘Adan y Eva’, formatos creados solo para calentar al personal, y éste ya seguía los pasos de su padre, el ‘edredoning’ invento del programa ‘Gran Hermano’. Oyes pero no ves. Te caliento los ‘bowling’ pero me piro. Así funciona.

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Esta penúltima jornada en LesGaiCineMad va de eso, de sexo. Si la edición anterior, James Franco junto con Travis Mathews en Interior. Leather Bar (2013) ofrecieron un discurso formulado de manera inteligente sobre la sexualidad y el sexo libre, en esta ocasión, también otro documental, Kink, surca la vertiente más sexual del festival, aunque sin el mismo éxito.

Kink es el nombre de una productora porno que a día de hoy mueve millones pero que comenzó rodando porno amateur en un sótano.

El documental cuenta sus inicios para introducirnos en el día a día de la producción pornográfica. Actores, directores y demás profesiones técnicas que conforman el rodaje, hablan a la cámara para mostrar luces y sombras de su trabajo.

Kink se pasea por los rodajes y atesora las conversaciones mantenidas entre actores y directores despojando así el componente de excitación que hipotéticamente podríamos pensar que impera en los rodajes porno. A base de repetir secuencias, impostar gemidos o remarcar facciones para simular según qué cosa, la cámara de la directora equipara el rodaje del cine porno al del cine convencional, dejando latente la parte de preparación previa que conlleva la realización de cualquier puesta en escena. El objetivo principal de Kink es deconstruir el mundo porno para aclararnos cuánto hay de verdad y cuánto de fingido. Además, la productora porno no tiene reparos a la hora de explicar los trucos para simular el dolor, o mejor dicho, para mitigarlo en cierta medida, porque parte del espectáculo se basa en provocar el daño y transformarlo en origen de placer. Se captura otro ejemplo de normalidad cuando graba a los realizadores dirigiendo una orgía mientras beben la taza de té o café diario, tal y como lo haríamos cualquiera de nosotros en la oficina.

Los actores, que en muchos casos carecen de experiencia en este terreno, prueban suerte en este área del porno motivados por el deseo de vivir nuevas experiencias. La misma razón que podría llevar a otra persona a hacer puenting o paracaídismo, los insta a hacer porno BDSM. No son bichos raros. Y como en un deporte extremo, también cuentan con un salvavidas: su palabra de control, la palabra que desactivaría el juego y provocaría una parada inmediata de la escena. Y este tratamiento del sexo como un simple juego engrandece el documental, pero acercar tanto la mirada al universo porno hace perder parte de la objetividad del documental, que solo muestra la cara amable y peca de ‘buen rollista’. Incluso cuando los protagonistas hablan de lo difícil que resulta hablar de su trabajo en el entorno familiar o amigos, esquiva profundizar en los casos negativos, perdiendo un potencial valor analítico. Al mismo tiempo, Kink se vanagloria en repetir, hasta cansar, que muchas personas no reconocen su filia al BDSM por un miedo interior a dar rienda suelta a sus deseos más oscuros, rozando casi el adoctrinamiento sexual, tatuando a fuego que no quieren ser juzgados pero permitiéndose juzgar al público más reacio.

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Kink

Anterior a la proyección de Kink, pudimos ver tres cortometrajes del pornógrafo Antonio Da Silva. Dancers, penes bailando; Beach 19, cruising en una famosa playa de Portugal; y Limanakia, cruising en una zona rocosa de Atenas. Tres metrajes que prácticamente muestran lo mismo: penes, culos, sexo oral y sexo anal. Orgías por un tubo. Lo interesante recaería en plantear si estos proyectos podrían considerarse cine o no, y la respuesta sería una opción más subjetiva que otra cosa. Pero Antonio Da Silva, al igual que la productora Kink, también monta la escena, es decir, aunque la gente aparece con el rostro borrado para simular que ha sido material robado, los movimientos de cámara, posturas y cercanía a los sujetos fornicadores, hablan por sí solos. Independientemente, resulta cuanto menos curiosa la experiencia de ver un pene gigante, tamaño pantalla de cine, en una sala de cine convencional, ya que los cines porno se están extinguiendo.

Por último, otro cortometraje, éste ya sin sexo explícito pero hablando explícitamente de sexo en una relación de dos chicos gays. Relación abierta (Carlos Ocho, 2013) bucea por los mecanismos de la pareja poniendo como excusa una proposición de abrir la pareja sexualmente, para hablar de la confianza, los celos, inseguridades y el egoísmo en las relaciones sentimentales. Relación abierta no se anda con contemplaciones, comienza, aunque de manera un poco abrupta, planteando la posibilidad de esta apertura sexual y, en una conversación que se prolonga desde el inicio de la cena hasta que van a servir la comida, uno de los chicos intenta convencer al otro sobre los efectos de crear una relación abierta.

Relación abierta

Relación abierta

En poco tiempo y con un poco de presión, las tornas se giran y el que en un inicio fue negociador ahora no acepta negociar lo que denomina como cláusulas del contrato ya que, cuando su pareja comienza a preguntarle detalles, desmonta su cuento de ‘La Lechera’. Quizás la estrategia de llevar al terreno del otro al chico que inicia la conversación resta naturalidad al conjunto ya que el personaje queda dibujado como una persona excesivamente pasional. Queda latente, eso sí, su ignorancia sobre lo que en realidad implica una relación abierta, o su empeño en no querer saberlo, demostrando no haber reflexionado ni cinco minutos sobre ello.

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] la Sección de cortometrajes españoles, se presenta Relación Abierta, donde su director, Carlos Ocho, pretende hacernos reflexionar sobre la importancia de los pilares […]

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