Love Building

¿Triviales? problemas de pareja Por Arantxa Acosta

Desacuerdos que terminan en pelea, infidelidades o, mucho peor, desdeño mutuo. Por la llegada de un niño, por priorizar el trabajo antes que estar con los tuyos en casa, porque los gustos de uno y otro se han ido distanciando en el tiempo – o simplemente no han llegado nunca a compartirse – pero no nos hemos atrevido a decirlo abiertamente…

¿Qué es lo que hace que una pareja bloquee su felicidad?

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En este momento podríamos discutir la existencia o no del poliamor versus el “estar obligado” a amar a una única persona (por nuestra educación, por las reglas sociales o, simplemente porque no nos apetezca estar atado), pero la realidad es que, muchas veces, ni nos esforzamos en arreglar un destrozo que en muchas ocasiones sería salvable. Quizá porque no queremos darnos cuenta de que también hemos sido culpables de provocarlo, quizá porque siempre nos queda la esperanza de pensar que nuestro príncipe/princesa azul sigue esperándonos en algún lugar… Personalmente envidio a las parejas que deciden darse una oportunidad. Y de eso trata Love Building, precisamente.

Siendo sinceros, Love Building no es un film que destaque ni por su historia, ya trillada, ni por sus personajes, completamente estereotipados, ni por su formato, que utiliza recursos demasiado vistos. No obstante, engancha. ¿Por qué?

Pues porque consigue que nos identifiquemos con alguna de las parejas que van a terapia. No es difícil, hay un total de catorce. Demasiadas para explotarlas en un metraje inferior a noventa minutos, pero suficientes para que, desde su presentación, ya tengas alguna favorita. La que tiene un problema a solucionar que más se asemeja al tuyo, obviamente.

De esta forma, Iulia Rugină inicia el film presentando a los tres terapeutas que durante una semana intentarán, a base de ejercicios, que las parejas se comuniquen (que si recuerden su primer beso, que si se expliquen un secreto…). Tenemos al tímido que todos piensan es gay y no ha tenido una cita en su vida, al guaperas que se cree tiene la verdad absoluta y al que en ese preciso momento tiene una crisis también con la suya y está todo el día espiándole el Facebook. Como la vida misma, vamos: al final todos somos personas, todos tenemos nuestros problemas.

Comedia ligera de bajo presupuesto, ópera prima de su directora, se entiende consiguiese mención especial del jurado FIPRESCI en el Festival de Varsovia pero sobre todo que haya sido galardonada con el Premio del público (BIFF 2013). La propuesta es fresca y sincera, sin pretensiones, y su formato (división en capítulos, siendo cada uno el día de la semana, y en gran parte a base de entrevistas – imágenes en blanco y negro para cuando se habla directamente a la cámara, combinadas con las situaciones que cada persona/pareja va viviendo duranet la estancia) es suficientemente válido como para hacernos pensar que les estamos observando a lo Gran Hermano. A todos nos reconforta, por supuesto: siempre hay alguien peor que tú, aunque esté solo (esto me recuerda una de las frases más graciosamente hirientes del film: “si no tienes pareja, no existes”). La moraleja final no acaba de funcionar, pero no importa. Al fin y al cabo el film es tan intrascendente como agradable. Porque te hace reflexionar sobre si tendrías que hacer algo con tu pareja, o con tu vida. Y ya es mucho más de lo que consiguen la mayoría de blockbusters. No en vano en breve se estrena en Rumanía la segunda parte…

TRAILER:

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