Quod Erat Demonstrandum

La increíble realidad Rumana de los 80 Por Arantxa Acosta

En un país en el que para progresar (entendiéndose, por ejemplo, como el disponer de un buen trabajo y una casa con más de catorce metros cuadrados por persona, publicar tus estudios científicos – de interés nacional e internacional, e incluso algo a priori tan inocente como conseguir el pasaporte para atravesar las fronteras del régimen totalitario y asistir a conferencias de otros profesionales de tu campo) es necesario no únicamente que seas un modelo de conducta sino que colabores con el gobierno siendo un “informador” y reportando las actuaciones más nimias de tus allegados… ¿se puede ser feliz?

El blanco y negro con el que se ha rodado el film, ambientado en los años ochenta, no permite dudas: la represión, el miedo a ser descubierto, a no encajar, incluso a ser rechazado por el partido una vez ya has sido abducido por el sistema, es la representación perfecta del sentimiento de los protagonistas. No hay salida. No hay esperanza. No hay color.

 Quod Erat Demonstrandum 2

La falta de color también es testigo de la transformación de los personajes: tanto seguidores del régimen como simples ciudadanos son personas, al fin y al cabo. No hay ni buenos ni malos en un país en el que básicamente las circunstancias hacen que las personas tengan que escoger entre actuar en propio beneficio, o sacrificar su bienestar por el de sus allegados. De esta forma, seguiremos básicamente a cuatro personajes: Sorin, un brillante matemático que no puede finalizar su doctorado al no estar (ni desearlo) suficientemente bien conectado como para ser tenido en cuenta. Pero no querrá renunciar a ser reconocido fuera de Rumania cueste lo que cueste…; Elena, también matemática, amiga de Sorin, que sueña con reunirse con su marido en Francia, llevándose a su hijo y a su padre con ella; Docu, al que nunca veremos pero se convierte en el conductor de todo el film es el marido de Elena, quien no volvió a Rumania tras permitírsele salir del país. Es la representación de lo que todo intelectual (y ciudadano de a pie) desea, deshacerse de las ataduras políticas y hacer lo que le plazca, desarrollarse como persona; finalmente, el trabajador del servicio secreto, un hombre que debe resolver el caso abierto de Sorin (el régimen lo sabe todo, incluso que quiere publicar en Estados Unidos) para ser ascendido, ya que su divorcio le ha parado su progresión en el sistema…

Pero en un momento concreto de Quod Erat Demonstrandum, en referencia a la televisión, nuestro protagonista, Sorin, dice: “color o blanco y negro, lo único que necesitas es imaginación…”.

Porque por mucho que sepamos que cuando tenemos miedo somos egoístas por naturaleza, siempre hay esperanza de que alguien actúe de forma altruista. Y esto, precisamente, es lo que “será demostrado”.

Quod Erat Demonstrandum es un fiel retrato de los duros años en los que Rumania se hundió en su propio régimen. Aséptica en su desarrollo no renuncia a desarrollar una pequeña trama con toques de heroicidad.

Así que la historia es sencilla: seguiremos a los personajes en su día a día, veremos un caso de lo que lamentablemente era típico en la Rumania de hace treinta años (el focalizarse en un ciudadano y hacer todo lo posible para que no “se salga del guión”), y las distintas acciones del régimen: las escuchas y espionaje, la extorsión a los amigos del vigilado, la manipulación sentimental a las personas para que acaben haciendo lo que el partido espera de cada uno de ellas… Las situaciones se suceden de forma objetiva, sin caer nunca en sentimentalismos y escogiendo unos personajes que además no dan pie a ello (personas cuya pasión es la ciencia, inmersas en sus propias teorías y que casi no interaccionan con un entorno), de forma que el impacto de lo que se sucede termina siendo exponencial en un espectador que, como nosotros, no hemos vivido nada comparable. Un film notable que permite comprender a los dos bandos y que se desarrolla como un thriller político sin pretensiones que acaba por ser su mejor baza.

TRAILER:

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