Jodie Mack

La segunda vida de las imágenes (II/II) Por Arantxa Acosta

"Anarchy in the cellophane!"La ciencia del sueño (La science des rêves, Michel Gondry, 2006)

Tras hablar de Daïchi Saïto y Teruo Koike, cerramos la sección del S(8) dedicada a la transformación de las imágenes con la excelente Jodie Mack, cuya propuesta, aunque muchísimo más alejada a la de los autores japoneses, nos ha supuesto todo un descubrimiento.

Bajo el título Que brille la luz se enmarcan cinco piezas de la directora, que aunque pueden parecer desconectadas entre sí, al ser visionadas conjuntamente otorgan sentido a la crítica global de Jodie Mack sobre la sociedad capitalista actual, según la hemos entendido desde los años ochenta, y su inminente caída.

Y esta es, únicamente, una de las lecturas. Todo un concierto que despierta los sentidos del espectador y que, además, permite se lleve la sensación de que ha asistido a un espectáculo visual sin precedentes, apoyadándose en las técnicas que el cine ya nos ha ofrecido anteriormente, pero dándole una inusual vuelta de tuerca que potencia el significado del diálogo que pueden entablar con el observador, perprejo ante tanto impacto.

Remarcando el mensaje de que nos estamos olvidando de lo verdaderamente hermoso que es todo lo que nos rodea, y en concreto objetos que podemos encontrar en nuestra vida diaria y que han sido, muy al contrario que lo que potencia Koike, pensados y fabricados por el propio hombre, nos encontramos ante una exaltación de la vida, y de cómo conseguir observarla a través de la descomposición de su significado habitual (que seguramente no real). El prisma representado en la carátula del disco de Pink Floyd, ‘The dark side of the moon (1973)’, al que tantas veces hará alusión la directora en su obra, será la imagen y símbolo de esa necesaria disgregación que permita la búsqueda de una nueva verdad y sentido a nuestra actual vida y sociedad.

De esta manera, vemos la evolución del mensaje de Mack, que se inicia con New Fancy Folls (2013), cortometraje que se presenta como “un catálogo animado de catálogos”. Así, la realizadora hará pasar por delante de nuestros ojos cientos de muestras de papel pintado para forrar las paredes, antigua y bastante abandonada costumbre. El corto entristece por la decadencia que rezuman sus imágenes, un pasado que no volverá y en el que seguramente fuimos más felices, o, como mínimo, quizá por la falta de información, porque entonces todo parecía mucho más simple. A 180º de esta primera propuesta encontramos Undertone overture (2013), siguiente corto en el que aunque se utiliza la misma técnica, la de hacer pasar imágenes únicas rápidamente, ahora centradas en plasmar los estampados de distintas camisetas, el mensaje será completamente distinto: por un lado, la mayoría de imágenes corresponden a estampados de indumentaria hippie, por lo que podríamos estar asistiendo a una reivindicación, a una llamada a las revueltas de aquella década en la que parecíamos mucho más dispuestos a desprendernos de nuestros bienes por una buena causa, aunque no fuésemos a beneficiarnos directamente de ella. Por otro, los estampados nos adentran en mundo cósmico, en otro universo, nos alejan de nuestro día a día apoyados por la música, el sonido del mar que tanto nos calma y consigue traer pensamientos positivos. Mack acelera las imágenes en el metraje central, verdaderas explosiones de color que recuerdan, como ella mismo alude, al mejor Pollock, para ralentizarlas después, ayudándonos a volver en sí, a despertarnos y vernos rodeados, de nuevo, de nuestro día a día. Pero enfrentándonos a él abiertos de mente.

undertone_overture

Undertone overture

Los dos cortos dan paso al plato fuerte: el mediometraje Dusty staks of mom: the poster project (2013), que pronto identificaremos con el cine de Michel Gondry, y en especial con La ciencia del sueño (La science des rêves, 2006). En éste Mack experimenta con el stop-motion, los collages, el efecto de la luz en los objetos, incluso con imágenes reales de su madre bailando, sonriendo para el film… todo ello para crear formas nuevas, evocar décadas pasadas pero sobre todo hacer un homenaje a los que creen en su propio sueño. Como la directora dice, cantando en el propio film: “this is a family film”.

Y en verdad es un gran homenaje a su madre, y los años que pasó llevando el negocio de la imprenta de pósters y postales de películas o famosos varios, que ahora debe cerrar. Pero, además, la propia Mack, entonando una alegre melodía, incrusta hirientes sentencias que van dejando poso en el subconsciente del espectador. Al ritmo de “somos más importantes que un paisaje o una obra de arte (…) paar ser colgados en tu pared” se agolpan fotografías de Ben Affleck, Leonardo diCaprio y su Titanic (James Cameron, 1997), o de grupos de cantantes formados específicamente para tener éxito entre las adolescentes; “Trabajar mucho no te garantiza la jubilación”, mientras vemos los cuadernos de la contabilidad rayados con varios colores fosforescentes que antes habíamos visto “bailar” encima de pósters que poco después veremos destruidos. Colores vivos que ponen una nota alegre a un almacén lleno de polvo, que se ha visto relegado al olvido “gracias” a unas nuevas tecnologías que proporcionan fotos de nuestros ídolos en tiempo casi real… así la directora quiere transmitir energía, positividad dentro de la decadencia que estos nuevos tiempos modernos están ayudando a acrecentar a pasos agigantados. 

Pósters desplegados o enrollados en los típicos tubos de cartón que bailan, en posiciones y movimientos pautados que les otorgan vida propia, que aparecen y desaparecen, que se destruyen y dan paso a nuevas animaciones, dan magia a un lugar para el que descubrimos ha estado lleno de vida, e ilusiones. Y que, pese a todo, ni la vida, ni las ilusiones, tienen por qué desaparecer junto a él. 

Jodie Mack presenta en Dusty staks of mom: the poster project un interesante y ameno ejercicio donde se percibe la necesaria rigurosidad en la producción, que consigue un film en el que el uso de tanta técnica con fines abstractos no acaba siendo un amalgama de buenas intenciones y que, muy al contrario, avanza sin considerarse repetitivo al saberlas alternar para crear su particular lenguaje artístico. 

Y, tras la explosión que supone el proyecto con los pósters, dos cortos más que acompañarán la sensación de que siempre puede verse algo hermoso en cualquier situación: Glistering Thrills (2013) devuelve la pasión de la realizadora por los juegos de luz, con una oda a la versatilidad que los trozos de bolsas de regalo brillantes pueden aportar a nuestras ganas de sentirnos más felices y descubrir que podemos serlo con lo más cotidiano. Una apuesta que basa su éxito en el rigor formal, acompañado de música generada con un vibráfono que otorga un halo de espiritualidad que poco pensábamos se podía asignar al objeto seleccionado. 

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Glistering Thrills

Por último, este peculiar cine/concierto se cierra con Let your light shine (2013), curioso experimento realizado con un iPhone, en el que la descomposición en los colores que forman el arco iris luminoso vuelve a ser el centro de atención, esta vez pensando en una visualización tridimensional, y que es un magnífico colofón visual de toda la selección realizada por su directora. El S(8) nos pone en bandeja todo un grato descubrimiento con esta artista.

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