Aguas tranquilas (Still the Water) y Haemoo (Sea Fog)

El Mar Por Manu Argüelles

Aguas tranquilas (Futatsume No Mado aka Still the Water). Naomi Kawase. Japón, 2014. Perlas

Haemoo (Sea Fog aka Haemu). Shim Sung-bo. Corea del Sur, 2014. Sección Oficial

La jornada del lunes viene marcada por el mar, a través de las dos películas más destacables que hemos visto en este día: Aguas tranquilas y Haemoo. En la película de Naomi Kawase el mar recupera su condición esotérica y su carácter de mito, semblanza muy querida para la ficción. La naturaleza recupera su condición espiritual y Kawase opera bajo un sincretismo en el que hace fluir el ritmo de la vida humana en estrecha conexión con la naturaleza. En Haemoo, en cambio, el mar actúa como marco claustrofóbico, como límite espacial de los personajes aprisionados en las estrechas dimensiones de un barco. El director surcoreano debutante, guionista de Memories of murder (Salinui chueok, Bong Joon-ho, 2013), no obstante, prefiere darle un giro de tuerca al subgénero de aventuras marinas, ya que no explora la relación del hombre con el mar, como sí lo hace Kawase desde un ámbito trascendental y panteísta, sino que éste se concentra en las actitudes homicidas del grupo humano en tensión y aprisionados bajo duras condiciones atmosféricas.

Aguas tranquilas

Aguas tranquilas

Mi primera toma de contacto con el cine de Naomi Kawase a través de Aguas tranquilas me lleva a un viaje reposado y relajante como un baño de sales. Un cine situado en el umbral entre lo divino y lo humano, igual que la mujer chamán que no tiene miedo a la muerte en sus últimos momentos. Hay un trabajo del duelo pero éste, doloroso para la pequeña hija que experimenta la vivencia de la muerte en un mismo compás en el que despierta al primer amor, está dibujado con olas suaves, sin aspavientos, sin la intensidad del desgarro ante la inminente desaparición. Hay algo casi de celebración en esas danzas folklóricas que los allegados bailan en la vigilia de las últimas horas que transmiten alegría, paz y sosiego. Porque si el cuerpo fenece, no así la persona, a través del recuerdo y del pensamiento. Seguimos con vida mientras permanezcamos en la gente que nos quiere. Es un luto blanco, bañado por las luces, sonidos y sensaciones de la naturaleza. Porque Kawase nos educa a adoptar una actitud humilde frente a ella, tal como se indica en Aguas tranquilas. Es un film que nos embarga y nos retrotrae a esa comunión perdida con el entorno natural, donde éste es principio de vida y de muerte, en un trabajo simbólico donde el mar aglutina ambos ejes fundamentales de la existencia humana: un arranque donde un muerto aparece en el mar, como detonante de un nuevo ámbito de conocimiento para la infancia, y un final donde los niños surcan el mar, desnudos, en toda su pureza, de una bellísima presencia estética que remiten a la energía de la vida. Bordeando territorios new-age, Aguas tranquilas nos retorna al tiempo de la inocencia. Quizás resulta algo reiterativa en su discurso, pero eso no impide que sea toda una experiencia balsámica y zen.

Aguas tranquilas 2

Aguas tranquilas 

En Violent (Violento) de Andrew Huculiak, que también hemos visto en esta edición, uno de los personajes le comenta a la protagonista que su película favorita es Escuela de jóvenes asesinos (Heathers, Michael Lehmann, 1989). Le gusta especialmente por sus giros imprevisibles, por su modulación que la lleva a terrenos inesperados. Lo que empieza siendo una teen-movie acaba resultando otra cosa muy distinta, en cuanto uno de los personajes se revela como un psicópata. Una de las grandes fortalezas de Haemoo es justamente eso, su forma de declinarse y la manera en la que efectúa desvíos que hacen que la película salga de su ruta marcada, se rompan expectativas y acabe encontrando una nueva geografía fílmica mucho más estimulante.

Haemoo arranca en Yeosu, en 1998, en plena crisis financiera asiática, la cual tuvo lugar en 1997 y afectó a Tailandia, Taiwán, Hong Kong y Corea del Sur, entre otros países. La película muestra ese clima cuando el país fue rescatado por el FMI y se cristaliza en la descripción de un grupo de pescadores que pescan en un mismo barco. Al capitán, asolado por una situación económica inestable, le sugieren que venda el barco, pero él se resiste a ello. Shim Sung-bo nos muestra sin compasión las miserias de los personajes, donde no escatima ciertas gotas de humor negro. Como suele ser costumbre en el cine surcoreano, salvo el protagonista, el resto encarnan perfiles muy alejados de cualquier role-model. Son un poco caricaturescos y desgarbados, dibujos nada complacientes. En esa situación donde la pesca ya no reporta beneficios, el capitán acepta un encargo, utilizar su barco como medio de transporte clandestino para un grupo de chinos de origen coreano, cuando en aquel entonces Yeosu se había convertido en uno de los principales puertos de entrada de la inmigración ilegal. Por lo que vemos, Haemoo se asienta en las bases del drama social. Ello es lo que marca un tono casi moroso y reposado en la primera mitad del film. Pero como ya pasaba en The Yellow Sea (Hwanghae, Na Hong-jin,2010), película que nos ha venido a la mente viendo la que nos ocupa, a partir de un trágico acontecimiento que sucede en cuanto los inmigrantes son acogidos en el barco, hace que el film derive hacia los terrenos del thriller psicopático. De esta manera, Haemoo se presenta muy fidedigno al savoir faire surcoreano, alcanzando unas cotas delirantes y plenamente físicas, gracias a un registro de la barbarie muy primitiva, a través de la casi ausencia de armas de fuego y la preponderancia de herramientas que de forma improvisada se convierten en armas mortíferas, las cuales chocan con rabiosa visceralidad en la carne humana. Una morfología asentada en el desvarío y la enajenación de sus personajes, marcados por un carácter obsesivo. Sin llegar a las cotas operísticas de The Yellow Sea, en Haemoo lo que empieza sistematizado y ordenado acaba abogando por lo inestable, tumultuoso y excesivo. Y nos permite que recuperemos las grandes virtudes de los thrillers surcoreanos, en un período como el actual de sequía creativa y de repetición de fórmulas un tanto enquistadas. Un soplo de aire fresco necesario.

haemoo

Haemoo

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  1. […] Manu Argüelles en Cine Divergente […]

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