’71 de Yann Demange

Bautismo de fuego Por Manu Argüelles

La 47 edición del Festival de Sitges en la que ahora estamos ha hecho una apuesta contundente por el thriller. No solo por la nueva sección que pone etiqueta a un tipo de películas que siempre ha estado presente dentro de la programación, Órbita, sino porque esta producción ha desplazado de la primera línea del escaparate, todavía más si cabe, a otros géneros como el de terror y la ciencia ficción.

Asumida esta línea transversal que se filtra por casi todas las secciones, ’71 se nos presenta como el mejor que hemos visto hasta la fecha. También, en global, es una de las películas más destacables.

En este caso en concreto estamos ante un thriller ambientado en el conflicto de Belfast, en 1971, cuando la tirantez y la crispación en la zona había alcanzado sus cotas de mayor virulencia, justo un año antes del famoso incidente del domingo sangriento, recreado por Paul Greengrass en Bloody Sunday (Domingo sangriento, 2002). Greengrass, justamente, será un director fundamental para entender la propuesta formal de ’71, ya que recoge los mismos recursos visuales y utiliza similares estrategias de edición, constituidas como una característica marca de estilo que Yann Demange no tiene ningún problema en heredar y que tampoco desmerece la valía del film, en cuanto resulta muy válida para constituir un crudo aire semi documental que busca la inmersión absoluta del espectador dentro del caos. El nerviosismo permanente por la acción física, la cámara en mano inquieta y apegada dentro de la multitud, los zarandeos convulsos o los reencuadres violentos provocan una efectiva sensación de adrenalina en la que parece que la cámara está dentro del ojo del huracán, impresiones muy penetrantes en las situaciones de mayor tensión de la película. Ahí es cuando Greengrass se deja ver de forma más patente, en los momentos de mayor apogeo de acción dentro del cuadro, porque su puesta en escena mayoritariamente apuesta por una concepción limpia y construida, con menos tendencia a la percepción limitada y a la exacerbación de la imagen fragmentada. Eso no implica que a los excelentes trabajos tanto de ambientación como de la textura de la imagen se le reste mayor dosis de verosimilitud, sino que Yann Demange, dado lo delicado que resulta volver a este conflicto en estos días, apueste por una transparencia en análoga correspondencia con su mayoritario tratamiento gráfico, más enfocado a que el espectador pueda realizar un seguimiento cómodo por las principales líneas de confrotación y donde el suspense y el desasosiego emerja desde la comprensión totalizadora de una contienda con muchos ángulos y varios frentes.

'71 cd

’71 empieza con un combate de boxeo donde la cámara está muy próxima a los cuerpos en movimiento, una seña ya muy definitoria de lo que nos espera. Su primer tramo arranca como una película de tono bélico, ya que se sitúa en el cuartel de entrenamiento de un regimiento de soldados británicos. Gary Hook, el protagonista, forma parte de esta tropa, la cual será destinada a Belfast para reforzar la seguridad. Nos sitúa justo después del toque de queda de 1970 en Falls Road, cuando la animadversión de la población civil católica de Belfast a las tropas británicas era máxima y cuando el IRA alcanzaba mayor apoyo popular. Un área que bien podría considerarse como la cocina del infierno en cuanto las dos facciones (la protestante, afín a la unión con Gran Bretaña, y la católica, partidaria de la independencia) estaban frente a frente con el cuchillo en la boca, tal como se afirma en el film. Rápidamente, en cuanto el ejército aterriza allí el film se desprenderá de su tono institucional y bélico para centrarse en un ejercicio génerico de supervivencia en una ciudad con claros tintes apocalípticos. A partir de la intervención del ejército en una casa (católica) en busca de armas, la resistencia y la oposición de la población rompe las líneas de contención y estalla la colisión, lugar del que consigue escapar nuestro protagonista, desorientado y confundido. Gary Hook, el soldado que recibe órdenes, no es más que un peón, un trozo de carne sin valor alguno, tal como se afirma en el film. Hay algo muy destacable en este personaje y muy bien transmitido por el actor Jack O’Connell: el miedo incrustado, la perenne sensación de fragilidad e indefensión, ya que siempre necesitará de ayuda para salir airoso del trance. Así pues, el vibrante survival muy bien llevado se desarrolla en un paraje desolado y diezmado donde la perspectiva central que se adopta es la del intruso, perdido en un polvorín amenazante y sofocante, lugar donde se inicia una desesperada cacería. Aunque nunca se habló de guerra para referirse a Belfast, en ’71 resultan patentes sus resonancias. Fácil es pensar en Iraq si lo trasladamos a un entorno bélico contemporáneo. La civilización ha perdido prácticamente sus vestigios sociales, la violencia y el odio iracundo es omnipresente (las tres dimensiones posibles están muy bien reflejadas: la física, la simbólica y la estructural), por lo que desaparece prácticamente todo principio de comunidad. Pero Yann Demange se niega a crear un clima desesperanzado, pesimista y derrotista. Ya que el protagonista en su ardua travesía, como si fuese la bajada de Dante al infierno en La divina comedia, recibirá apoyo y resguardo tanto de los protestantes, simpatizantes, como de los católicos, hostiles. En esa ciudad escindida, rota y desintegrada, siempre habrá espacio para la solidaridad.

'71 2014

’71 no escatima en utilizar también el ambiente de corrupción y de conspiración de las películas de espionaje cuando emplea como telón de fondo las motivaciones ideológicas y religiosas de las facciones en disputa, todas ellas bien representadas ya que el director busca un tratamiento holístico, perfectamente sintético y clarificador del contexto que sirve de base para la ficción. Yann Demange cuando utiliza la figura del extraño perseguido por todos no se posiciona a favor de ningún frente, canaliza su discurso de denuncia y desmitificador y ni tan siquiera se pone de parte del ejército británico, si bien el IRA sí aparece caracterizado como la sección más dogmática y ciega, la más gobernada por el rencor visceral y la más despiadada. En este clima de putrefacción la figura que resulta relevante es el personaje de Sean, el joven adolescente que es reclutado por la facción terrorista. Está ya aleccionado pero todavía hay en él una resistencia a utilizar el arma. Su ubicación en los lugares cruciales de la trama y siempre frente a Gary Hook le constituyen como auténtico símbolo del film. Es todavía aquel que no toma partido, que está contaminado por la coyuntura del momento, pero que alberga el espíritu humano de no agresión al contrario. Su tensión y su dilema es la semilla que después germinará hacia la conciliación. Faltarán muchos años, pero ya estaba plantada.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] hubiese podido seleccionar 10. Y, paradójicamente, una de ellas completamente desubicada como es 71. Creo que este año se ha engrosado la calidad media (se ha rebajado la mediocridad), algo que ya […]

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