Child of God y Under the Skin

De alienígenas y alineados. De ladrones y asesinos Por Arantxa Acosta

Child of God. Director: James Franco. EUA, 2013. Noves Visions Ficció.

Under the Skin. Director: Jonathan Glazer. Reino Unido, 2013. Secció Oficial Fantàstic Especials.

Adaptarse en la sociedad, sentirse parte de un algo. Esforzarse por aprender, por integrarse, pidiendo muy poco a cambio. O, todo lo contrario, decidir quedarse al margen. Por no sentirse suficientemente arropado cuando más se necesitaba, o por no querer ser como los demás, por no estar de acuerdo con las normas establecidas, con “sus” normas. Aunque infringir algunas de ellas esté condenado, con razón, pro la gran mayoría.

Saltarse las reglas o intentar comprenderlas. Alienarse, o mezclarse entre la multitud. Child of God nos presentará a Lester, un olvidado por su comunidad que acabará aislándose tanto que conectará con su condición más primaria, la de animal, y será feliz. Y Under the Skin nos hipnotizará con el devenir de unos alienígenas que lo único que desean es conocer nuestras costumbres, al principio sin querer dejar rastro de sus consecuencias, para finalmente quedar atrapados, demasiado, por la naturaleza humana. ¿Tanto como para querer formar parte de ella? Por qué no. O por qué sí…

Amenazante, furioso, pero cauteloso, Lester observa a lo lejos. Primer plano de sus ojos, de su boca, de sus marcados pómulos. De una mirada difícil de evitar. Algo no está bien, pero aún no sabemos qué es. “Fuera de las tierras de mi padre”, chilla, rifle en mano, a los potenciales compradores. Un golpe seco en la cabeza  le tira al suelo, ante el horror de algunos, y el deseo de muchos. Child of God, aparece en pantalla. Imponente, con tipografía clásica, ocupando toda la pantalla, como ya le gusta al director… Y Franco ya ha conseguido que empaticemos con el difícil personaje. 

Y, de ahí, al blanco sobre negro, I. 

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Child of God

Franco tiene una debilidad, o más bien obsesión, por conseguir extraer la esencia de las novelas de autores de culto americanos. En esta ocasión de atreve con Cormac McCarthy, tras haber adaptado a William Faulkner en As I Lay Dying (2013) y, posteriormente a la que ahora nos ocupa, The Sound and the Fury (2014). Los dos escritores comparten algo de también inquieta desesperadamente al director: esa necesidad de explorar la condición humana, sus actos y consecuencias, pero desde el punto de vista de los inadaptados, de gente poco común ya sea por su condición de vida, por dónde le ha tocado nacer, y vivir, o por su educación… Dos novelistas directos, incisivos y con una forma muy especial de escribir, por encima de todo, descarnada, para golpear la conciencia del espectador. 

Escritores que encuentran su mejor forma de expresarse saltándose las normas de puntuación, o combinando estilos en su narrativa. Y esto, por supuesto, es lo que también atrae a Franco, con una particularidad: ¿cómo conseguir llevar estos escritos al público, sin perder su rebeldía, ni su peculiar formato? Pues transgrediendo también las normas más costumbristas del formato cinematográfico… y atrapándonos con sus ideas.

Child of God peca de irregular, no lo vamos a negar. Pero es el resultado de aquél que intenta captar la esencia de un texto, y debe saber encontrar el mejor formato. 

Aquí jugará con abruptos cortes a negro. Con meternos en la cabeza del protagonista – sobre todo durante el capítulo primero – gracias a acercarnos a él tan físicamente que acabe pareciendo sea mentalmente. Con mostrarnos la realidad de un hombre que se ha acostumbrado a vivir solo en el bosque, en las cavernas que tan bien conoce, y que, por tanto, lleva una vida más cercana a la de un cavernícola que a la de un ser civilizado. Franco le muestra desnudo, inocente. Juega con dejar que nos queramos auto-convencer de que Lester es un retrasado mental, cuando, en realidad, se trata de un hombre que está viviendo tal y como desea, y como le han dejado hacerlo. Lester no ha perdido el juicio, y seguramente sabe distinguir perfectamente entre el bien y el mal, aunque se muestre claramente su tendencia a la necrofilia y apocados destellos de pedofilia (en la película se quedará en una mirada furtiva a una niña, poco más, pero suficiente).  Podemos, com decíamos, auto-engañarnos y pensar que se ha convertido en lo que es por una infancia difícil, una madre que le abandona y un padre que se suicida, dejándole desamparado. Pero no. Lo importante del film es darse cuenta de que Lester ha decidido ser como es al ser despreciado y abandonado por su comunidad, cuando más lo necesitaba. Y si la comunidad no te quiere… ¿por qué seguir sus reglas?

Decíamos que Franco consigue que empaticemos con el protagonista, destacando el capítulo I, dedicado principalmente a la presentación del personaje. En Child of God el director y guionista querrá también diferenciar el acercamiento cinematográfico para cada capítulo, aunque aquí acaba dejando esa incursión a medias (la conseguirá mucho mejor después, en The Sound and the Fury), siendo el primer tercio el más atrayente, en el que casi no hay diálogos y acompañamos a Lester en su día a día, incluyendo la voz en off de lo que entendemos son lugareños del pueblo hablando sobre Lester, sobre su pasado, o sobre cómo es, o creen que es. En el capítulo II lo que consigue Franco es que nos arrepintamos de esa conexión con el protagonista, al conocer sus tendencias. Pero nunca renegaremos completamente. Al fin y al cabo, ahora le conocemos, y podemos llegar a comprenderle, aunque sea remotamente. Finalmente, el capítulo III se convierte en el reto al espectador: perseguir a Lester por sus actos. ¿Estaremos a favor o en contra de la opinión de la gente del pueblo? ¿Seríamos tan radicales como ellos, una vez hemos llegado a ser y sentir como Lester? Y, lo más importante… ¿nos alegramos o no de su devenir final?

Pero sin duda la mayor alabanza para Child of God debe llevársela su protagonista. Scott Haze desprende una fuerza magistral. Se come la pantalla, literalmente. Porque es capaz de, con una mirada, con un movimiento, hacernos dudar de su salud mental, confundiéndonos, creyéndole a veces para luego darnos cuenta de la mentira. O no… Pasar de ser el inadaptado al retraído, al perspicaz, de vuelta al retrasado… y Franco se aprovecha, sabe cómo captarle. Escenas como las de cualquier interrogatorio con la policía, o la de la compra del vestido en la tienda para mujeres… de una sutileza y brillantez que hacen de Franco un director a seguir, y admirar.

Y de un personaje aislado por propia voluntad, para el que el sexo se ha convertido en una de sus mayores necesidades para seguir teniendo contacto real con otros seres humanos, pasamos a los extraterrestres de Under the Skin, que también utilizarán el sexo para acercarse a los humanos, en este caso para estudiarles. ¿O no trata de eso, el film?

El negro como eternidad, el negro como oquedad, el negro como absorbente del conocimiento, y el caos… que la película se inicie en el espacio para acabar formando esa figura negra no es casual. El color, y lo que representa, es en realidad la esencia del film: hacer lo que sea para dejar de sentirnos vacíos, para dar un sentido a nuestra existencia.  

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Under the Skin

Pero seamos claros: que la protagonista se trate de una alienígena podría ser demasiado suponer y, en cualquier caso, sería lo de menos. 

Al fin y al cabo, lo que Glazer nos muestra en Under the Skin es la necesidad de una mujer por encontrar su sitio, por cambiar de vida.

Una mujer que llega a un lugar desconocido e intenta integrarse, primero vistiendo como las mujeres de la ciudad, luego iniciando conversaciones intrascendentes con hombres, que decidirá llevarse a su casa para “consumirles”, para aprovecharse de ellos (o para encontrarse a sí misma a través de sus relaciones, en las que se irá implicando más). Excelente decisión para la puesta en escena de estos momentos, con los hombres hundiéndose en un mar bajo sus pies mientras ella sigue avanzando, arriba, quitándose la ropa, ajena a lo que está sucediendo – o más bien sin importarle demasiado – y teóricamente sin llegar a consumar ningún tipo de acto. También un gran acierto la música electrónica que acompaña a esos momentos, penetrante y rompedora pero completamente coherente con las escenas, que se utilizará más adelante, distorsionada, cuando el sentido del sexo, del engaño, cambie radicalmente para ella. Porque la mujer aprenderá entonces que existen también buenas personas, que vale la pena seguir un nuevo camino, más honesto, pudiendo ayudar a los demás igual que la han ayudado a ella misma. 

Así que qué más da si ella no es una extraterrestre, sino más bien una ladrona que llega a un nuevo lugar para reiniciar allí sus actos delictivos junto a su socio, el que se encargará de no dejar atrás pistas. Utilizando su exuberante cuerpo para engañar a los hombres que roba, pero que acabará dándose cuenta de que ese camino no la está ayudando, que hay gente que no se merece tanta maldad. Descubrirá un mundo en el que vale la pena fiarse de los demás, pero cuando se sienta acogida, sus fantasmas del pasado volverán a ella, y acabará probando su propia medicina.

Eso sí, puede que Glazer sí quiera mostrarnos cómo nos ven los alienígenas una vez contactan con nosotros, los humanos… En cualquier caso, Scarlett Johansson borda el papel de perdida, de mujer que quiere aprender. De dominante y dominada, tanto por los hombres como por las circunstancias. Under the Skin es una pequeña joya que puede interpretarse desde varias perspectivas, así que sólo por eso ya valdría la pena su visionado. 

 

 

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] que este año hemos podido ver en algunos festivales su interpretación de una extraterrestre en Under the Skin (Jonathan Glazer, 2013). En Her hallamos una secuencia sobrecogedora que busca mostrar en pantalla […]

  2. […] 2. Under the Skin (Jonathan Glazer. Reino Unido, 2013. Oficial Fantàstic Especials) […]

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