Predestination

El gallo Por Arantxa Acosta

No entraremos en teorías del continuo espacio/tiempo, linealidad o multidimensionalidad, agujeros de gusano, ni teorías varias. No hace falta. Pero suele ser habitual que las películas sobre viajes en el tiempo con concepción lineal exploten la idea de que es posible alterar los acontecimientos de una linea temporal, quebrantando alguna ley física teórica y dando lugar al pistoletazo de salida del argumento de la película. Y, la verdad, nos hemos sorprendido mucho, y gratamente, cuando hemos visto que en Predestination nos encontramos precisamente lo que ya augura su titulo: hay sucesos que, por poco que nos gusten, no vamos a ser capaces de cambiar.

Esta reflexión implica pensar que debemos subyugarnos al capricho de un destino ya escrito, sin que nosotros podamos hacer absolutamente nada para cambiar nuestras vidas, ni nuestras decisiones. Resignarnos a que hay momentos en la vida tan críticos como necesarios para que exista un equilibrio en el Universo.

Así que, siguiendo este pensamiento, quiera lo que yo quiera, al final y en un mundo ficticio que me permitiese intentar enmendar mis errores volviendo al origen de su concepción, voy a acabar reproduciendo, incluso inconscientemente, la decisión que tomé. Miles y miles de veces. O al menos todas las que voy a tener la oportunidad de volver al momento en el que tuve la oportunidad de tomar la decisión. En caso, claro, de que esa oportunidad exista. 

¿Estamos de acuerdo? ¿No? Da igual. 

Hay que reconocer que este concepto, y más en un film del subgénero, es realmente ponente: somos simples marionetas de nuestro propio destino.

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Porque al menos la película nos propone cuestionarlo, aportando una visión que seguramente no nos guste: ya no es que yo, haga lo que haga, no voy a ser capaz de cambiar algo. Es que siempre, SIEMPRE, voy a acabar actuando de la misma forma.

Predestination plantea al espectador la paradoja de que no sea posible la existencia del libre albedrío. Plantea, en definitiva, el círculo vicioso por todos sabido: qué fue antes, ¿el huevo, o la gallina?

Y la respuesta que nos que nos hará dar vueltas en la cabeza, será la única posible: el gallo.

Pero la película no es tan simple, al menos en este sentido. Ya no únicamente por su enrevesado guión, que quizá es lo único que lastra la película. Y tampoco por su complejidad, porque más bien su guión encierra todo lo contrario (esa manía de dar tantas pistas al espectador que lastran el guión al convertirlo, si se capta una décima parte de ellas, en totalmente previsible)… No. no  lo es, precisamente, por todas las preguntas que ésta conlleva.

La película arranca muy bien. Conocemos a un agente secreto que viaja en el tiempo para evitar que grandes catástrofes contra la Humanidad tengan lugar. Racionalmente, parece coherente. A lo Minority Report (Steven Spielberg, 2002). El problema que se nos plantea es el dilema moral que supone que al erradicar los actos terroristas antes de que sucedan, se están sacrificando miles de vidas. “Daños colaterales”. A lo El protegido (Unbreakable, M. Night Shyamalan, 2000) o Código Fuente (Source Code, Duncan Jones, 2011). 

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Pero, claro, esas vidas, siguiendo la premisa de que todo está escrito, nunca podrían llegar a salvarse. Porque siempre, de nuevo, su fin ya está determinado. Es por eso que la película, explorando el nivel de aceptación por parte del espectador de algunos temas muy tabúes en nuestra sociedad, invita a reflexionar sobre la necesidad de que se acabe de cerrar – o iniciar, según cómo se mire – el círculo que ayude a que las cosas, las situaciones o nuestras acciones, avancen evitando que sus consecuencias afecten a inocentes. Como, por ejemplo, un crimen, un acto terrorista o la locura de un hombre.

Conseguir mitigar el mal, no vencerlo, porque nunca desaparecerá. Porque ya está escrito.

En este punto, y sin entrar en spoilers, la película ya nos está recordando a Men in Black 3 (Barry Sonnenfeld, 2012) y Looper (Rian Jphnson, 2012).

Pero Predestination destaca frente todas ellas, mucho más preocupadas en conseguir taquilla, tanto por su enfoque como por la completa conexión que consigue con el espectador, ávido de saber cómo va a terminar, o, repetimos,  empezar, todo el entuerto.

¿Alguna duda?

Tras esta sorprendente introducción, la película se regocija en la historia de un solitario hombre que explica al camarero de un bar su increíble historia. Desde cómo fue abandonado tras nacer hasta las entrevistas para acceder a un trabajo, el amor por una chica… poco a poco veremos la conexión existente entre el hombre y la misión del agente del tiempo antes de conseguir retirarse.

Aciertos, muchísimos: empezando por suponer que el viaje en el tiempo se inventó en 1981… ¿Por qué no? Se agradece situar esta fantasía distópica en un pasado cercano. La ambientación, lo creíble que supone la historia de saltos temporales entre los años cuarenta y ochenta (similar que el Nunca me abandones de Kazhuo Ishiguro llevada al cine por Mark Romanek – Never Let Me Go, 2010), pero sobre todo la tensión que esta ambientación otorga a la película, inicialmente para saber por dónde va a acabar llevándonos, después por la sensatez de la historia (a lo Middlesex de Jeffrey Eugenides) y finalmente por conocer cómo se va a descubrir lo que es ya mas que evidente, hace que olvidemos que ya sabemos el final el final de la película. La atmósfera futurista conseguida en plenos años sesenta (las escenas de la protagonista, Jane, realizando las pruebas para entrar en la agencia secreta – que se nos antoja esconden alguna verdad más allá de la pura ficción – son tan creíbles como demenciales) es de lo más destacable del film.

Otro acierto: la sencillez a la hora de hablar sobre el método de saltos en el tiempo, gracias a un maletín que parece un estuche de violín. Cuanto menos compleja sea la propuesta mejor es aceptada por el público. Y Ethan Hawke, que demuestra una vez más estar en estado de gracia, dando la talla en dramas, comedia o ciencia ficción de este calibre. Sarah Snook también sorprende, aunque sólo sea por reconocerle el papel tan difícil que le toca desarrollar.

Lo dicho. De lo poco reprobable en esta Predestination es ese ansia de querer ir dejando el rastro de migas de pan sin darse cuenta de que el publico no es tan tonto como para necesitar un segundo visionado del film para entender todas las pistas dejadas en forma de frases de guión que pretenden ser más subliminales de lo que lo son. Y, no obstante, la película es igual de disfrutable.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] Menciones especiales: El congreso, El hombre más buscado, Interstellar, Hungry Hearts, The Humbling, Predestination […]

  2. […] las bizarradas del festival la encontramos en The Infinite Man. Si hace unos días hablábamos de Predestination (Michael Spierig, Peter Spierig, 2014), que ponía sobre la mesa el planteamiento de la […]

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