Sin Ley (Lawless)

La cautela del triunfo Por Arantxa Acosta

"Charley, you swore an oath of blood, my blood and yours, that you would always put the family before anything else in your life. We are calling on you to keep that sacred oath."El honor de los Prizzi (Prizzi's Honor, John Huston, 1985)

Contenido. Este es el mejor calificativo para el film de John Hillcoat. Porque el director tiene entre sus manos un material que podría ser explotado para el cine de varias formas, mucho más directas y entretenidas para un espectador ávido de disfrutar ante la pantalla de un film mucho más pasional. Ejemplos se nos ocurren varios, y recientes (disculpas de antemano por las referencias facilonas, pero ilustrativas), que se sitúan en la época de la ley seca en Estados Unidos: encontraríamos acción desmedida – y descontrolada – en Enemigo público (Public Enemies, Michael Mann, 2009); emoción sentimentaloide en la por otro lado inolvidable Leyendas de Pasión (Legends of the Fall, Edward Zwick, 1994); o equilibrio casi perfecto entre tensión y acción en la ya más lejana Los intocables de Eliot Ness (The Untouchables, Brian De Palma, 1987). Un largo etc. que podría incluir Brigada de élite (Gangster Squad, Ruben Fleischer, 2013) si no fuese porque se queda en un término medio tan difuso como insulso.

Pero no, el director prefiere ir soltando lastre poco a poco, a la vieja usanza. Quizá es la mejor forma de abordar una historia ya contada. Prefiere que nos introduzcamos en la película a través de sus personajes, de una puesta en escena con una fotografía impecable y encuadres estudiadísimos.

Porque todo ello es mucho más importante en Sin Ley (Lawless) que el argumento en sí, demasiado visto, demasiado tratado.

Así, potencia hábilmente la interpretación de los actores, no tanto por lo que dicen o cómo lo dicen (si fuese por esto, la incursión de Nick Cave en el film como guionista en esta nueva colaboración con Hillcoat sería mucho más notable de lo que acaba siendo), porque no, no se trata de interpretar un buen guión. Se trata de interpretar el contraguión: son los silencios de los personajes los que se merecen toda nuestra atención.

Posturas, miradas que se confunden, que se funden con un escenario dispuesto al milímetro, desdibujándose ante nosotros para ser devueltas a nuestra retina varias horas después del visionado del film, comprendiendo a los personajes, permitiéndonos identificarnos con ellos al pensar que hoy mismo vivimos en una sociedad tan corrupta como la mostrada, en la que es necesario intentar sobrevivir. Y sólo los más seguros de sí mismos, por no decir los más locos, lo lograrán.

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El resultado es entonces un film contenido, sí, pero que nadie piense que el adjetivo implica negatividad. Al menos para la que suscribe estas palabras. La película funciona, pero hay que tener en cuenta varias “limitaciones” y, entre ellas, si nos gusta o no el estilo del director (recordemos La carreteraThe Road, 2009 – en la que, aun con un punto de partida tan distinto como era el mundo apocalíptico de Cormac McCarthy, afrontaba su desarrollo de la misma manera que en esta Lawless).

Y es que si en La carretera el director se interesaba por el vínculo padre-hijo, en Sin Ley (Lawless) explotará el amor fraternal, el orgullo familiar y el necesario sentimiento de honor para la supervivencia del linaje. Un concepto de base que podría haberse ambientado en cualquier época, pero que la historia basada en la familia real Bondurant brinda a guionista y director la oportunidad de reforzar su mensaje. La foto final de inicios del siglo XX con los tres hermanos posando crea ese vínculo con el espectador tan necesario desde el primer minuto, pero que seguro muchos no habrán conseguido alcanzar hasta el final. Y en cuanto a la época, se nos antoja pensar en un Nick Cave que añora unos años que nunca ha vivido, decidiendo potenciarlos, llenarlos de tópicos (la alusión a los chinos, el carácter del gángster, de los agentes de la ley, del “duro” de la película…) e incluso algo de misticismo.

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Como decíamos, los aciertos de Sin Ley (Lawless) no son pocos. Y, no obstante, si algo funciona, si algo es destacable entre tanta perfección que a veces roza los límites de la artificialidad, es la composición que se nos brinda de los tres hermanos.

Empezando por la escena introductoria, cuando les conocemos en su infancia, nos es imposible evitar que nuestra mente viaje rápidamente hacia la reciente The Sound and the Fury (James Franco, 2014), también narrada en Estados Unidos en una época cercana, y en la que también conoceremos el vínculo entre tres hermanos. Sin embargo, la osadía de James Franco – y la calidad de la novela de Faulkner de partida, claro – lleva el resultado del film a un nivel muy superior al de Hillcoat… que aun así consideramos notable gracias, de nuevo, a la definición de los personajes principales:

Forrest (Tom Hardy). El duro, el inmortal

Misterioso y cordial. Justo y visceral. Frío e impulsivo. Hardy balancea su personaje y le convierte en la representación perfecta de lo que es la película de Hillcoat, pudiendo definirle y también como “contenido”. La astucia que alberga su interior puede equipararse a su inocencia y violento carácter, y el actor decide mostrar a su personaje taciturno, pensativo, pero sobre todo falsamente despistado, y tímido. No es una mala mezcla para alguien que debe enfrentarse voluntariamente a la muerte día a día. Así que si en algo destaca la interpretación de Hardy es en el cierre de todo diálogo, mirando rápidamente a otro lado, farfullando una frase de cierre sin mirar a su interlocutor. Una actitud que desconcierta tanto como atrae.

Jack (Shia LaBeouf). El soñador, el irreverente

Reconozco que LaBeouf nunca ha sido santo de mi devoción, siempre pienso que se pasea por las películas haciendo el mismo tipo de papel. Algunas veces funciona, y otras no. Lo bueno para él en Sin Ley (Lawless) es que el papel le va como anillo al dedo: orgulloso y engreído, harto de ser tratado como el hermano pequeño que es, demuestra, o así lo pretende, que es capaz de llevar su propio negocio sin contar con Forrest, que, ante todo, lo que quiere es proteger al pequeño de la familia. Es el detonante de toda la trama del film, y hay que reconocer que está a la altura dando la réplica a pesos pesados como Guy Pierce o Gary Oldman.

Howard (Jason Clarke). El leal, el seguidor

El personaje es el que menos aparece con claro protagonismo en pantalla pero sin embargo es el “pegamento” entre los otros dos hermanos, el que se comunica más, el que hace que la relación entre Forrest y Jack no se eleve a la de padre-hijo. El actor, con sus pocas intervenciones, representa muy bien la lealtad a la familia, al mayor y el sentimiento de culpa que le embarga al no haber podido estar al lado de su hermano mayor cuando éste más le necesitaba.

Y… las mujeres

Grata sorpresa: los dos personajes femeninos tienen fondo, y trasfondo. El papel de Maggie (Jessica Chastain) es de los más golosos junto al de Hardy: la mujer independiente que escapa de la mala vida de la ciudad, y que encuentra en los “brutos” del pueblo la escapatoria a ser tratada com mujer objeto. Chastain transmite la fortaleza de quien lo ha pasado mal pero debe salir adelante. Por otro lado encontramos a Bertha (Mia Wasikowska), la rebelde hija del reverendo, por la que Jack hará todo lo que sucede en el film. Pocos minutos en pantalla pero suficientes para poner el contrapunto necesario a la interpretación de Beoulf.

El último personaje importante, el de Charlie Rakes (Guy Pierce), el villano del film, reúne la esencia de lo buscado en cuanto a nivel estético: el estirado hombre de ciudad, al que le da asco todo, y todos. Sin escrúpulos, sin compasión. Sin cejas, siempre con traje oscuro, su maquillaje se vuelve más tétrico a medida que avanza el film. A medida, por supuesto, que es necesario le odiemos más.

Lo mejor que podemos decir de Sin Ley (Lawless) es que debe dejarse reposar su visionado. Recordar momentos, gestos de sus personajes, frases enmarcadas en escenas con quizá demasiada vocación mítica, pero igualmente conseguidas. Al fin y al cabo, la historia de los tres hermanos es la historia de tres personas sobreviviendo en malos tiempos, con mucha cara, y sin demostrar dudas. Algo que a muchos nos está tocando vivir ahora mismo, en un entorno, gracias a Dios eso sí, completamente distinto al violento Chicago de entonces. Y es que tal y como Forrest le dice a Jack, “sin miedo somos todos iguales”. Gran verdad.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] curiosa mezcla de géneros que, aunque no es redonda, merece ser revisada con atención; y de Sin ley (Lawless, John Hillcoat), ésta ya obviando cualquier elemento fantástico o de terror… Ahora […]

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