99 Homes

Pactar con el diablo que llevamos dentro Por Arantxa Acosta

La Vanidad, definitivamente mi pecado favorito. Pactar con el Diablo (The Devil's Advocate, Taylor Hackford, 1997)

El sentimiento de protección es innato en todos nosotros. A nivel individual, en cuanto a supervivencia, pero también colectivo. Y es que quién no desea lo mejor para su familia, quién no se sacrifica para sacar a los suyos adelante, cueste lo que cueste. La terrible crisis económica que desde 2008 nos está consumiendo parece no tener fin, y muchos seguimos preguntándonos aún cómo es posible.

Y, como no podía ser de otra forma, el cine ya se está encargando desde hace unos años de dejar un testigo histórico a las futuras generaciones acerca de estos terribles momentos, ya sea para explicar el inicio real de la crisis en Europa con argumentos objetivos en la excelente Inside Job (Charles Ferguson, 2010), para dejarnos vivir las primeras horas de la caída de Wall Street en Margin Call (J.C. Chandor, 2011), o haciéndonos rememorar situaciones que muchos de nosotros o nuestros familiares hemos vivido en nuestras propias carnes, como en la floja Up in the Air (Jason Reitman, 2009) o la notable The Company Men (John Wells, 2010), que se centran en la pérdida del trabajo de las personas de a pie, no de los banqueros y brokers que seguramente ya habían amasado previamente su seguro de vida.

Pero perder el trabajo es exclusivamente la punta del iceberg. Sin ningún otro tipo de ingresos y sin la posibilidad de poder seguir siendo ayudado por nuestros allegados (que se encuentran en una situación similar), el siguiente paso es no tener dinero para alimentarse, ni abrigarse. Y, el siguiente, es perder la casa que hace poco se había comprado con toda la ilusión… Y su millonaria hipoteca correspondiente.

 En toda crisis, siempre existen perdedores… Y ganadores. Porque además del sentimiento de protección, nos es innato, también, el de la avaricia. Y precisamente de ello nos habla 99 Homes.

99 Homes

El representante inmobiliario del gobierno ve en el padre de familia que acaba de desahuciar a su futuro pupilo. Le ofrecerá trabajo (cuando uno está desesperado, ¿no seria capaz de aliarse con su enemigo?) y le explicará los aspectos legales e ilegales de sus nuevas tareas, pero también el cuantioso beneficio económico que obtendrá si las realiza. ¿Qué hará el pupilo? Pues aceptar, por supuesto. Porque es humano. Así que la pregunta no es esa. La pregunta es, ¿cuándo le vencerán los remordimientos, si es que lo hacen?

Bahrani firma un thriller social cuya principal baza es no dejar al espectador sin opinión acerca de los acontecimientos que se suceden a buen ritmo, al adentrarnos en la mafia inmobiliaria y conocer aspectos que seguramente intuíamos, pero no sabíamos confirmar. Tenso y con buen ritmo, con escenas de acción que incluso pueden recordar a Mann y una historia que parece ideada por el propio Grisham (aunque el personaje del padre nos trae a la memoria al protagonista de Nido de cuervos – A Murder of Crows, Rowdy Herrington, 1998), falla en intentar asimilar el drama más sentimental precisamente con el impacto más bien terrorífico que nos produce conocer este mundo, de la mano de un Michael Shannon que se introduce a la perfección en la piel del representante inmobiliario, y que lo hace con tanta facilidad que nos deja la sensación, posiblemente errónea, de que podría habernos podido arrastrar a su terreno, llevarnos a empatizar con su personaje, cambiar el punto de vista, y el film hubiese sido mucho más poderoso.

Pero no lo hace. Y, peor, tampoco lo hace Andrew Garfield, que supuestamente es con el que debemos sentirnos mucho más identificados. Quizá no es problema de su interpretación (personalmente es un actor cuyas interpretaciones siempre me han gustado), aunque apostaríamos a que no ha sido la mejor opción para este papel. No, el problema es que estamos viendo a Andrew Garfield y Laura Dern siendo desahuciados, empaquetando a toda prisa sus pertenencias… y no a sus personajes. Y no, no nos lo creemos. Gran contrariedad, porque esa escena es clave para acompañar a Nash/Garfield, para entender sus motivaciones y lo que a priori nos puede parecer su posterior falta de escrúpulos. Pero, ¿acaso no haríamos cada uno de nosotros exactamente mismo? Esperamos que no.

Pero dejando a un lado este error de casting insalvable (qué decir si el actor ejerce de productor), el trabajo del director es notable y sabe hacer avanzar bien el argumento. El guión intenta turbar al espectador con sentencias tan presuntamente ofensivas como el afirmar que pedir una hipoteca y no devolverla también es robar, simples justificaciones tan bien argumentadas que nos hacen caer en la trampa, igual que el protagonista. Pero es sobre todo la temática la que nos remueve, y no tanto la sucesión (demasiado amplia) de escenas de desahucios a ancianos, familias con bebés… Porque no ayudan ni a profundizar en el argumento (la finalidad del film tampoco parece ser la de llamarnos al levantamiento y unirnos en contra de nuestros gobiernos y su corrupción) ni a que comprendamos mejor las acciones del protagonista hasta el final de un film que, lamentablemente, no se atreve a arriesgar y se cierra con un moralista pero poco creíble desenlace. Un film que hará las delicias del público americano y que seguro funcionará muy bien en taquilla a nivel mundial, pero que deja un amargo sabor de boca que con pequeños cambios hubiese sido solventable, convirtiendo 99 Homes en un excelente film. En cualquier caso, la película es más que recomendable, únicamente ponemos sobre aviso al espectador de la necesidad de sobreesforzarse para entrar bien en la acción planteada.

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] 99 Homes (Ramin Bahrani, 2014. Estados Unidos) […]

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