Anarchy (Cymbeline)

El arte de saber adaptar a shakespeare Por Arantxa Acosta

I was just thinking what an interesting concept it is to eliminate the writer from the artistic process. If we could just get rid of these actors and directors, maybe we've got something here.El juego de Hollywood (The Player, Robert Altman, 1992)

La adapación de Hamlet por parte de Michael Almereyda en el año 2000 supuso todo un redescubrimiento de la obra de Shakespeare y una vuelta a la adaptación del escritor, tras la grata sorpresa que supuso el Romeo y Julieta de William Shakespeare (Romeo + Juliet, Baz Luhrmann, 1996), trayendo a nuestros días preocupaciones atemporales, y universales. Seguramente porque la venganza, traición, amor y desamor o lucha entre clases y bandos es inherente al ser humano, la idea de adaptar a nuestros días exclusivamente en cuanto a puesta en escena los versos del dramaturgo nos pareció, y aún parece, una excelente manera de recordarnos que, hagamos lo que hagamos, seguiremos cometiendo los mismos errores. En la citada Hamlet nos atrapaba la idea de seguir al protagonista que, cámara de vídeo en mano, filmaba todo lo que sucedía a su alrededor (nota: algo que también pudimos ver en la adaptación de la compañía alemana Schaubühne amb Lehniner Platz Berlin en el Teatre Lliure de Barcelona, en su temporada 2008-2009. Shakespeare moderno y en alemán, todo un descubrimiento).

Tras estas notables incursiones, otros fallaron al querer repetir la fórmula, siendo un buen ejemplo el insulso MacBeth de Geoffrey Wright (2006). Porque adaptar a Shakespeare no es tema exclusivamente de pensar en un entorno modernito, algo que sea suficiente para atraer a un público más joven a la sala de cine, y hacerle descubrir al famoso poeta. No vale ya con trasladar la lucha entre familias a la lucha entre poderosos empresarios, porque eso ya lo hizo Luhrmann, y aún así la obra que filmó iba mucho más allá de limitarse a una simple adaptación del entorno (su particular uso de la cámara, su música, su irreverencia… Una inconfundible marca de la casa, que dejaba un sello propio – más relacionada con su soberbia… ¿No hay que tenerla para atreverse con Shakespeare?). Por ejemplo, Ralph Fiennes adaptaba una de las obras menos conocidas de Shakespeare, Coriolanus (2011). Y su visión de la guerra, de la corrupción política actual es lo que la hace funcionar. O Joss Whedon nos regalaba Mucho ruido y pocas nueces (Much Ado about Nothing, 2012), con una escena introductoria que, sin pronunciar palabra, pone al día todo lo que el autor nos quería demostrar con su relato, además de destacar la comicidad de la obra de Shakespeare consiguiendo excelentes interpretaciones y la ironía del escritor. Y todo ello filmado exclusivamente en los confines de su casa (literalmente, es la casa del director), en un par de semanas, con sus amigos, y en blanco y negro.

cymbeline 3

Estos ejemplos ilustran totalmente algo que ya debería ser del conocimiento de cualquier director que quiera atreverse con el traslado de un Shakespeare puro (es decir, respetando el texto teatral en inglés antiguo y sin omitir la referencia a guerras, armas, etc.): se requiere de inventiva. Ya sea en el acercamiento a los personajes (de forma más o menos íntima, centrando el punto de vista, obviando subtramas si ayuda al buen desarrollo de la película), en el uso de la cámara, de la textura conseguida para film… lo que sea, pero que demuestre autoría, o novedad de algún tipo, aunque sólo sea por saber realizar un buen mix de recursos.

Y esto no lo encontramos en Anarchy (Cymbeline). Ni por asomo.

Muy al contrario, lo que nos encontramos, sorprendentemente, es un producto estándar, desaprovechado. Un film que parece exclusivamente pensado para adolescentes, habiendo contratado a los actores del momento, actores que transmiten estar más preocupados por recitar correctamente sus versos que por acompañarlos de expresión facial, corporal. De esta manera, encontramos se ha confiado el papel de Posthumus a Penn Badgley, conocido principalmente por su participación en Gossip Girl (Josh Schwartz, creador, 2007-2012), y que sin duda será un buen reclamo para el público femenino adolescente. Pero le viene muy grande, igual que el de Clotem a Anton Yelchin (y reconocemos que este actor es de los que nos gustan). Dakota Johnson como Imogen destaca un poco más, pero también tiene alguna reacción totalmente desafortunada. En definitiva, un trío protagonista que resulta ser un verdadero lastre para el film de Almereyda.

El traslado de la guerra de la pieza se convierte en la lucha entre policías y traficantes. No estaría mal, si no fuese porque no se explota en absoluto esta vertiente, y, por tanto, parece más una excusa para haber sabido ubicar en nuestro tiempo a los personajes que cualquier otra cosa. El hacer aparecer a Obama en una escena al fondo, en la emisión de una televisión (de tubo, eso es lo mejor) tampoco es de recibo porque no tiene conexión con el relato (a no ser que se incluya exclusivamente para fijarmos después en las imágenes del telediario, sí de la trama). De hecho, parece que el director se conforme con las chaquetas de cuero y los múltiples iPads y iPhones para demostrar el año en el que se emplaza el film (4s, no digo más). La cámara de vídeo de Hamlet en el 2000 se cambia por Apple en 2013… ¿y adaptación solucionada?

Más: una música contemporánea constante que pretende otorgar de falsa profundidad todas y cada una de las escenas (no hubiese ido mal que lo fuesen realmente, tampoco, pero sólo la música no es la respuesta…) acaba taladrando. También las escenas supuestamente cool (como la de la “carta” de Posthumus a su amada esposa). Un film impersonal, desequilibrado en sus actuaciones y que no arriesga en absoluto. Un producto para teenagers que lo único nuevo que aporta es la adaptación de esta más desconocida obra de Shakespeare que es Anarchy (Cymbeline).

Cymbeline

Afortunadamente, los pocos minutos de Ethan Hawke en la pantalla nos relajan para salva de la quema total. Porque el actor comprende a Iachimo. Su mirada es suficiente para conectar con el personaje, por muy repulsivo que parezca. La naturalidad con la que pronuncia su guión nos hace olvidar que las palabras son asíncronas a la puesta en escena (lo que debería pasarnos con todos ellos, por supuesto). El actor se come literalmente al resto de sus oponentes en un mismo encuadre, incluyendo cuando simplemente se traslada sigilosamente de un lado a otro de la pantalla, al fondo de la acción. El haber contado con Ed Harris, Bill Pullman y Milla Jovovich sirve también de reclamo, y de hecho también destacarían frente al joven elenco protagonista, pero su participación se ve tan reducida a algo puramente anecdótico que no nos da tiempo de saborear su presencia.

Con todo esto, lo único que nos queda decir es que Anarchy (Cymbeline) es recomendable exclusivamente para fanáticos que, como la que suscribe, son capaces de visionar cualquier adaptación del dramaturgo a la gran pantalla. Aunque después la decepción sea mayúscula.

TRAILER:

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] a los films: pocas han sido las grandes decepciones, entre ellas Cymbeline y Good Kill, curiosamente protagonizadas por el mismo actor. Las sorpresas (y recomendaciones) son […]

  2. […] Yelchin mucho más cómodo aquí que en la otra película de Venecia 2014 en la que le hemos visto, Cymbeline (Michael Almereyda, 2014), y que por alguna extraña razón nos recuerda a Elijah Wood (que hubiese […]

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