Burying the Ex

De vuelta a los ochenta Por Arantxa Acosta

Willow: Entonces llamaré a Xander ¿Cuál es su número? ¡Ah, sí! 1800-Estoy-saliendo-con una-loca.
Giles: Por favor, no saltemos a conclusiones precipitadas.
Buffy: No salté. Di un pequeño paso y ahí estaban las conclusiones.
Buffy cazavampiros (Buffy the vampire Slayer, 1997-2003)

Burying the Ex es una llamada a reírse del cine actual, a recordar – o hacer descubrir – lo bien que nos lo pasábamos con las simples pero divertidas películas y sus historias de los ochenta, a reivindicar un cine que parece olvidado – o, directamente, es totalmente desconocido -, esa serie B en su edad de oro. Olvidada por los nuevos consumidores de cine para masas, aunque sea de género, y también por una industria que invierte elevadas sumas de dinero para que los efectos especiales no nos dejen ver que no hay un buen guión detrás. De esta forma vuelve Joe Dante, homenajeando a George A. Romero, recordando a Bela Lugosi y Christopher Lee como dos de los grandes actores que han contribuido a formarnos como cinéfilos. Y, sobre todo, se divierte. Y de qué manera.

El director se hace cargo de filmar el largometraje a partir del guión de Alan Trezza, responsable de escribir y dirigir el original primer corto en 2008, homónimo. Tramas que funcionan, historias ya explicadas mil veces (de hecho, el propio Dante ha contribuido a hacerlo) pero que siguen funcionando. Centrándose aquí en el ahora de moda fenómeno zombie (“muertos vivientes” para los que lo seguimos desde hace años), mezcla en una misma fórmula ingredientes por todos conocidos: chico, chica, elemento perturbador (llámese ex novia), y amigo gracioso. Final feliz y divertida última escena. No hay más, pero tampoco menos.

Burying the Ex

El guión destila una ironía absurda que nos recuerda a algunos de los mejores episodios de Buffy Cazavampiros o similares productos ideados por Joss Whedon (La cabaña en el bosqueThe Cabin in the Woods, Drew Goddard, 2012 – por ejemplo). Porque por un lado homenajean el género, pero por otro no pueden evitar utilizarlo para mofarse de alguna de sus ideas recurrentes, o de la ingenuidad de sus guiones: qué mejor que dos locos por el cine de serie B y sus rarezas para que les parezca normal la resurrección de la novia; qué es más sencillo que tener por supuesto a mano el libro de brujería que te explica cómo preparar el hechizo para alejar zombies; o el típico objeto demoníaco, a falta de que el agua sea la solución, que se encarga de poner en marcha la maquinaria para devolver a la vida a las personas… La puesta en escena por la que apuesta el director es todo un reto para el seguidor del género, pocos son los planos en los que no descubrimos alguna referencia: desde los pósters en la pared hasta la publicidad pintada en una furgoneta, pasando por las múltiples escenas que vemos en el televisor del protagonista, acompañando el diálogo o formando parte de él. Así que Dante coge la fórmula que comentábamos, y la convierte en mágica: centrándose en no dejar escapar ni un solo cliché de los que ya forman parte de la cultura popular (a los zombies se les mata sólo si se le da en el cerebro, la estaca es para vampiros, etc. etc. ) se aleja de extras o efectos especiales de última generación para las vísceras y cerebros, entre otros, que hagan supuestamente más creíble el argumento, y se centra en rodar de forma simple, siguiendo su propia escuela. Y es que, ¿desde cuándo hemos permitido, nosotros los que hemos crecido con Piraña – Piranha, 1978 -, Gremlins – 1984 – o El chip prodigiosoInnerspace, 1987 -, que toda esa parafernalia sea imprescindible? Estamos ante un producto que es puro divertimento gracias a potenciar la imaginación (y la sorna) frente a los grandes presupuestos, y nos damos cuenta, entre carcajadas, de que antes no nos hacía falta tanto ordenador para introducirnos en la trama y disfrutar del film. Son los actores, a los que Dante pide exagerar sus reacciones (como en las películas de antes, esas que ya no se hacen, los que nos convencen).

Así que si son los actores en lo que debemos centrarnos, hay que decir que el trío protagononista nos ha hecho disfrutar plenamente film: Anton Yelchin mucho más cómodo aquí que en la otra película de Venecia 2014 en la que le hemos visto, Cymbeline (Michael Almereyda, 2014), y que por alguna extraña razón nos recuerda a Elijah Wood (que hubiese sido perfecto para el papel, por cierto), convence en su aproximación un tanto despistada al horror que está sufriendo; Ashley Green, la hermanísima Cullen de Crepúsculo, nos hace olvidar ese papel aquí, que ya es de agradecer, dando vida (nunca mejor dicho) a la obsesiva, histérica, y vegana, zombie; y Alexandra Daddario rompe también con True Detective, aunque en este caso no sería tan problemático como para Green, y es la novia perfecta para el chico.

Burying the Ex 2

Dicho esto, pura nostalgia es lo que nos hace sentir Burying the Ex.

Del cine de muertos vivientes, hombres lobo, vampiros y extraterrestres de los cincuenta a los setenta, pero sobre todo de esas grandes películas, absurdas pero hilarantes, de los ochenta. Y nos encanta este sentimiento.

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone

Comentarios sobre este artículo

  1. […] films fuese un poco mejor si no hubiese visto bastantes en Venecia 2014 (Réalité, Goodnight Mommy, Burying the Ex…). Pero, tal y como anunciaba al inicio de este texto, soy de fantástico. Y el género ha […]

  2. […] The Smell of Us, Heaven Knows What, Red Insomnia, Hill of Freedom, Birdman, Realité… y Burying the Ex para los amantes del género. Y por encima de todas, Hungry Hearts y The Humbling, que esperamos se […]

Comenta este artículo

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>