Hungry Hearts

Sobre la familia, el bien y el mal, demócratas y republicanos Por Arantxa Acosta

Soñé que alguien estaba seduciéndome... no sé, alguien inhumanoLa semilla del diablo, Rosemary's Baby, Roman Polanski, 1968

Hungry Hearts es una película demoledora. Por su temática, por su formato, por el cambio casi constante de género cinematográfico. Lo que parece va a ser una comedia romántica, con una divertidísima escena introductoria de plano fijo en la que nos presenta cómo se conoce la pareja protagonista (nada más y nada menos que quedando encerrados en el lavabo de un restaurante chino), se convierte en un drama familiar que pasa a thriller psicológico en el que el espectador se decantará sin duda a posicionarse hacia una de las partes, y aunque puede parecer que en todo momento el director nos está decantando a ser partidarios de la postura del padre, en realidad nada más lejos de su intención (el propio Saberio Costanzo confirmará en la rueda de prensa que su acercamiento a los personajes se basa en la forma de trabajar de Cassavetes): salpicará las imágenes de subliminales mensajes que, inconscientemente, nos deberían, como mínimo, hacer dudar del pleno juicio de los dos protagonistas, y sus familias.

Y es que Hungry Hearts nos habla de la responsabilidad de ser padres, del amor procesado hacia un bebé, hacia nuestra descendencia, y del egoísmo de pensar que lo que uno quiere siempre es lo mejor.

Hungry Hearts

Así que tras el inicio, una excelente secuencia que nos sumerge plenamente en la boda de Jude y Mina, el director nos introduce en la casa de la pareja, a veces cámara en mano con primerísimos planos de ellos dos para compartir su amor – y sus discusiones-, a veces con el encuadre posicionado como si de una cámara de vigilancia se tratase, para ayudarnos a alejar nuestros sentimientos, a tomar distancia, permitiéndonos una más objetiva visión de los hechos acontecidos.

Tras siete meses de vida, Mina no ha querido sacar a su bebé de casa. No quiere que coma carne ya que defiende que, como ella, el bebé sea vegano; no quiere que haya móviles cerca de él, y obliga a los que vienen de la calle a quitarse los zapatos y lavarse las manos antes de tocar a la criatura. Obsesiva sobreprotección que llevará al padre a tomar una importante decisión: tras el consejo del pedriatra, al que ha llevado al niño a escondidas de su mujer, decide ir dándole de comer a escondidas… Hasta que toma la decisión, tras el consejo de los servicios sociales, de secuestrarle.

Hungry Hearts 2

A partir de aquí es cuando las escenas de amor se convierten en miradas de reojo, en silencios, en suspicacias. La música se acerca cada vez más a la que nos pone la piel de gallina en Psicosis (Psycho, Alfred Hitchcock, 1960), aquí composición de Rossano Baldini, pero sobre todo, Costanzo utiliza el cambio de ángulo de visión y posición de la cámara para crear escenas opresivas y angustiantes, que no obstante se salpican de un humor negro que nos ayuda a relajar un poco la mirada al espectador. Porque el nivel de tensión es tal que parece que el director quiera reírse de sí mismo por cómo ha decidido llevar a cabo la escena, extremando algunas de las situaciones y mofándose en realidad de los acontecimientos relatados, como puede ser la escena en la que madre e hijo acorralan a una temerosa madre que lo único que desea es volver a estrechar a su hijo en brazos. ¿Está ella realmente loca por querer proteger a su bebé, por confiar en la medicina alternativa, o es que se ha dado cuenta de que su marido, y la madre de éste, no son tan buenas personas poco parecía inicialmente?

Una situación relativamente cotidiana, la de tener que tomar difíciles decisiones para salvar la vida de nuestros hijos, o al menos para darles una vida mejor (desde nuestro particular y egoísta punto de vista) que, como avanzábamos, el director no pretende relatar para posicionar al espectador en cuanto a las decisiones tomadas por cada uno de los padres. O, mejor dicho, intenta que no nos demos cuenta de que todo el argumento es una crítica, también, al concepto de familia (¿hasta qué punto es necesario incluir o no en las decisiones relevantes exclusivamente para el núcleo familiar a nuestros padres, abuelos, hermanos?), pero sobre todo a la derecha radical y al capitalismo en el que estamos sumergidos. Y es que el director (basándose en la novela de Franco Franzoso y llevando la historia a terreno sumamente personal), de forma sibilina, arremeterá ácidamente contra los partidarios republicanos. Lo veremos en la taza de café de la trabajadora del centro que aconseja a June a llevarse al bebé, con el nombre de George Bush; también en cómo puede destrozar una vida, y la de sus allegados, el estar a favor de las armas de fuego; en la frase que Mina pronuncia al entrar en la casa de la familia de su marido, “esta casa huele a muerte”, dice, y no le falta razón: la casa está llena de cabezas disecadas de ciervos, ciervos que nos harán darnos cuenta de que la pesadilla de Mina que hemos podido presenciar en la escena de la boda no le quitaba razón a sus temores… En definitiva, Costanzo es el que no se posiciona, quedándose en el centro, entre los ideales de los dos otrora enamorados, mostrando pros y contras de los pensamientos y acciones de cada uno de ellos, y finalizando la película con una escena que más que enternecernos se nos acaba antojando es la última y más terrorífica de todas, por todo lo que, en el futuro, va a conllevar. Un final digno de una excelente película que sin duda ha sido una de las mejores sorpresas de Venecia 2014.

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] Birdman, Realité… y Burying the Ex para los amantes del género. Y por encima de todas, Hungry Hearts y The Humbling, que esperamos se puedan llegar a ver en algún momento en nuestros cines. A […]

  2. […] especiales: El congreso, El hombre más buscado, Interstellar, Hungry Hearts, The Humbling, […]

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