The Sound and the Fury

La osadía del insensato genio Por Arantxa Acosta

Hace unas semanas, Pablo S. Blasco comentaba en su interesante ensayo sobre la adaptación de James Franco de As I Lay Dying (2013), también de Faulkner, que el prolífico artista centraba el uso de distintos recursos cinematográficos para ensalzar más la obra original que su propia autoría en el resultado de su nueva creación cinematográfica. Una creación que, paradójicamente, sí resulta ir más allá de la comúnmente aceptada forma de trasladar el argumento de una novela literaria al cine.

Pues bien…

Franco lo ha vuelto a hacer, abriendo de nuevo las cuatro osadas líneas que comentaba nuestro redactor: reinterpreta a Faulkner, y en otra de sus obras cumbre. Reinventa su acercamiento a partir del formato cinematográfico y vuelve, por supuesto, a atreverse con ese material, porque es, simplemente, el James Franco que se merece el premio Jaeger-LeCoultre por su versatilidad e imaginación, por la tangencial línea escogida a la hora de adaptar grandes novelas de grandes escritores estadounidenses. Por su osadía, en resumen.

The Sound and the Fury

Estando totalmente de acuerdo con Pablo, para The Sound and the Fury partiremos de la idea de que es imposible hacer justicia a la obra de Faulkner, y de que la mejor forma de intentar hacerlo es no ser convencional.

No quedarse en la historia, sino traducir de la forma más inesperada y a la vez novedosa el formato narrativo de tan peculiar escritor. Porque sólo así entenderemos el sentido homenaje de Franco. Veamos.

La pantalla, blanco sobre negro, se llena con un inmenso título: The Sound and the Fury. Abajo, en pequeño, el autor del libro, William Faulkner. De entrada parece que Franco presente su obra por todo lo grande: esta es mi película, y es una gran película. Y, en realidad, como pronto descubriremos, se trata más bien de rendirse a una de las joyas de la literatura estadounidense, por encima de su autor, y del “humilde” director que quiere acercar las líneas del escritor a un público que será menos minoritario de lo normal debido la condición de celebridad del que firma el film.

Dividida en capítulos (en este caso tres, sin obviar el último de la novela pero sin diferenciarlo como tal), como si de un libro visual se tratase, Franco se olvida ahora de la pantalla partida, centrando las diferencias a la hora de rodar exclusivamente en los puntos de vista de los tres hermanos, que narrarán los acontecimientos de la decadente familia del sur, desde sus sentimientos y propios intereses. De esta forma, el primer capítulo se centrará en Benjy, el hijo retrasado. Respetando la idea de Faulkner de que el niño/hombre no distingue la línea temporal, su capítulo saltará en el tiempo, recordando la niñez como vívidos sucesos que se acontecen al momento de ser rememorados, diferenciando la fotografía de las diversas etapas, pero siempre respetando para los momentos clave el personal punto de vista. Así, Franco hace que sus actores se dirijan a la cámara, haciéndonos ver que nosotros somos el propio Benjy, porque la historia de la familia podría ser la de cualquiera de nosotros: celos, amistad, odio, avaricia…

The Sound and the Fury 2

Como si de un alumno aventajado de Terrence Malick se tratara, Franco intercala imágenes casi oníricas, vuelve a utilizar el monólogo hacia la cámara (esta vez para recordar las palabras que el apesadumbrado padre dirige a sus hijos), utiliza la ralentización de los fotogramas para que nos fijemos en una idea, o concepto. Consigue, de hecho, que nos integremos con el personaje, que interioricemos su sufrimiento, su necesidad de cariño…

Pero esto es con el formato, porque cuando no miramos a través de los ojos de Bengy, nos ocurre con el actor. Todo lo contrario, el espectador se ve expulsado de la narrativa audiovisual con la interpretación de un Franco que se ha guardado el papel más goloso del film, pero que no lo ha sabido explotar. Nos ocurre entonces como en As I lay dying: el Franco actor se convierte en el lastre del film.

The Sound and the Fury 3

Si el personaje de Benjy se basa en las sensaciones (continuamente compara a personas con olores, por ejemplo), el segundo capítulo se centra en el concepto tiempo, la importancia de saber aprovecharlo. Narrado por Quentin, en este capítulo Franco empieza a moderar la experimentación de su formato, y del montaje de sus escenas (moderación que se convertirá en sobriedad, en relato mucho más estándar, en el tercer capítulo), para que sigamos al hermano en la obsesión que también tiene por su hermana, como Benjy. El capítulo pierde fuerza en cuanto al formato, sí, pero desvela mucho mejor, por el contrario, la trama y línea temporal de la historia, y se centra también en destacar la visión de la vida, y de su familia, por parte del padre. Por último, el tercer capítulo, el de Jason, convierte la película en un relato formal como el que ya nos tiene acostumbrados el cine convencional, dejando que el protagonista, voz en off, narre los acontecimientos que estamos viendo, y su forma de pensar respecto a ellos. El despreciable personaje necesita de una visión objetiva para que no nos sintamos de ninguna forma identificados, y esta visión debe ser, por supuesto, la más académica de todas.

Es como si Franco decidiese utilizar el capítulo tres de The Sound and the Fury para comparar el rodar siguiendo los cánones del cine tradicional con algo de poco interés, y con lo que no debemos estar de acuerdo.

De esta forma, el homenajeado autor filma lo que le apetece y tal y como le apetece, alejándose de modas, de mala prensa y de público en masa y, además, se ríe de la industria con la que tanto trabaja. Osadía al cubo. Y que siga.

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] The Sound and the Fury (James Franco, 2014. Estados Unidos) […]

  2. […] adaptado a William Faulkner en As I Lay Dying (2013) y, posteriormente a la que ahora nos ocupa, The Sound and the Fury (2014). Los dos escritores comparten algo de también inquieta desesperadamente al director: esa […]

  3. […] en su infancia, nos es imposible evitar que nuestra mente viaje rápidamente hacia la reciente The Sound and the Fury (James Franco, 2014), también narrada en Estados Unidos en una época cercana, y en la que […]

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