Buzzard

La soledad de toda una generación Por Arantxa Acosta

El destino de una “juventud” que ya pasa de los treinta en una sociedad que no se preocupa por su futuro. En un sistema en el que se prima el trabajo eventual, el conocer a los empleados por un número y no por su nombre. La soledad, otra vez en el Americana 2015, mostrada ahora a través de los ojos de un chico tan incomprendido como harto de no ser reconocido.

La introducción del personaje principal, incluyendo títulos de crédito, nos recuerda una versión cómica de los Funny Games de Haneke (1997, 2007), para dar paso rápidamente a catalogarla como la hermana pequeña de la gloriosa Trabajo basura (Office Space, Mike Judge, 1999) y, a medida que avanza la historia y evoluciona el carácter de Marty, asimilarla a NEDS (Peter Mullan, 2010), e incluso, ya en el plano secuencia final, relacionarla con Shame (Steve McQueen, 2011). Una extraña combinación de referencias que intentaremos resolver…

A Marty no le gusta su trabajo, o eso es lo que intenta hacernos creer. Su forma de vengarse del entorno que le rodea es buscando la mejor forma de sacar provecho a los errores burocráticos en los que se fomenta nuestra pirámide social. De esta forma, consigue incrementar el salario de su cuenta aprovechando el vacío de la normativa de la promoción del banco, o comida gratis reclamando sobre supuestos productos con problemas de fabricación, o que el seguro médico de la empresa cubra los gastos de la herida que se hizo en casa. Sus problemas se inician cuando empieza a cobrar cheques de personas que no han querido hacerle caso cuando las llamaba para explicarles la devolución. Y es que estamos tan hartos de las llamadas de teleoperadores que ya no prestamos nunca atención…

El personaje principal de Buzzard, más que un psicópata o sociópata, tal y como se nos intenta presentar (ya hablábamos de Funny Games…) es un “listillo” al que sus ideas de timo se le volverán en contra, poniéndole entre la espada y la pared y acabando por sucumbir a la propia presión mental que le supone haber obrado como lo ha hecho. 

Porque por mucho que le guste ir de sabelotodo, y más frente a sus compañeros de trabajo, o de llevar al extremo ser fan de Freddy de Pesadilla en Elm Street (A Nightmare on Elm Street, Wes Craven, 1984), Marty es, en realidad, un cobarde. De esta manera, primero intentará esconderse tanto mental como físicamente, incluso antes de que su error salga a la luz, tras las máscaras de demonios como en la casa de su único amigo (aunque no niegue), al que ya habremos conocido previamente en su salsa: es el típico que le encanta su trabajo, que cree que todos sus compañeros con amigos, y que acaba siempre solo jugando a la nintendo en el sótano de su casa, único espacio personal en la casa que comparte con su padre… De ahí la comparativa con Trabajo basura: personas sin más aliciente en sus vidas que vengarse de la fotocopiadora. 

buzzard Americana Film Festival

De hecho, Marty nos recordará al Milton de Trabajo basura, aquél que repetía eso de “voy a quemar la oficina”, en bajito y sin que nadie se percatase, hasta que un día, lo hace de verdad. Solo que Marty terminará por actuar de una forma mucho más irracional, incluso. Porque Marty en realidad ya es feliz en su mundo, algo que veremos en la secuencia final, esa que nos rememora a Shame, y algo también a NEDS: Marty corriendo, ataviado con el guante a lo Freddy Krueger, sin moverse del encuadre. En Shame esa magnífica escena nos decía sin palabras que Brandon era incapaz de cambiar de vida, que estaba atrapado en su propia obsesión. Aquí en Buzzard, y en ese momento concreto del film, nos señala que por mucho que crea se han arreglado las cosas y todo volverá a ser como antes, nada más lejos de la realidad.

La relativamente perturbadora escena final no salva un film que, aunque con algunas buenas ideas, no deja de ser otro acercamiento más en estos últimos años a los jóvenes que, aunque preparados, no encuentran su sitio en un momento de nuestra Historia en el que los más veteranos hemos encontrado la forma de hacernos valer y no dejar que, por culpa de la crisis, las nuevas generaciones puedan aprender como nosotros lo hicimos. Menos dinero, más trabajo para menos gente. Quizá ni tan siquiera sea éste el problema, quizá lo que pase es que no hemos tenido nunca que saber qué es ganarse el pan “con el sudor de nuestra frente”, y nuestros padres, como los de Marty, son tan protectores que no dejarán fracasemos, tras los esfuerzos que ellos hicieron para sacarnos adelante. Curiosamente, en Buzzard vemos una escena muy similar a otra de Kumiko, the Treasure Hunter (David Zellner, 2014): dos hijos que saben han fallado las expectativas de sus padres, mintiéndoles al teléfono, hablándoles de que son felices, de que les han ascendido en el trabajo…

En cualquier caso, Buzzard sí tiene como decíamos alguna idea destacable, y en concreto dos: cualquier escena de humor absurdo que nos hace ver el hastío de esta generación perdida (a destacar la de los espaguetis y la del concurso de los conos de maíz 3D), y cómo se ha escogido el representarla: a través del uso de tecnología ochentera. Porque no es únicamente un tema de nostalgia, y de que se está hablando de una generación que nació y creció a mediados de los ochenta, es mejor forma de mostrar que esos jóvenes sin futuro se han quedado anclados en su adolescencia, no exclusivamente por decisión propia. Sino podemos avanzar, ¿qué mejor que querer vivir siempre en los mejores años de tu vida?

Sin esto, Buzzard se queda en un film de bajo presupuesto que, sabedor de ello, prefiere explotar esa condición a intentar cuidar un poco algunas de sus puestas en escena y encuadres o diálogos e interpretaciones (destacando, eso sí, la de los dos protagonistas, por cierto de ellos el propio director). Y claro, tanta cutrería, sin venir acompañada de un gancho, acaba convirtiéndola en aburrida, aunque su primera mitad sea bastante disfrutable.

 

TRAILER:

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone

Comentarios sobre este artículo

  1. […] con su madre, a la que únicamente conoceremos por su voz y a la que, igual que el protagonista de Buzzard (Joel Potrykus, 2014), miente para no sufrir la desaprobación de su […]

  2. […] Arantxa Acosta en Cine Divergente […]

Comenta este artículo

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>