Faults

De fallas y fracturas Por Arantxa Acosta

Verídico. En el inicio de los créditos finales, un chico se ha levantado y ha gritado a toda la sala, aún a oscuras: “a ver, ¿es que sólo a mi me ha parecido que esto ha sido una mierda?”

Y no sé si sólo a él pero, muy a su pesar, es otro de los aciertos del Festival.

Faults es de esos films que o despiertan pasiones, o un repudio espectacular.

Y no porque no nos guste su formato (que, dicho sea de paso, es toda una demostración de cómo es posible crear tensión sin salir de una habitación). O su guión, que se basa más en los silencios que en sesudos diálogos. No. Lo es por su temática: el control que los más fuertes pueden ejercer sobre los más débiles, el pensar que nuestros familiares, nuestros propios hijos, pueden estar bajo la influencia de otras personas que les impiden tomar sus propias decisiones. Personas que lavan el cerebro a otras, en definitiva. Sectas religiosas, para ser más exactos.

Pero si en algo acierta la película es en ser muy respetuosa con su denuncia, en no querer influir directamente en la opinión del espectador. Porque no se enfrenta a ninguna secta en concreto ni directamente, ni crea un ambiente de rechazo o censura desde el inicio. Ni tan siquiera las cuestiona de forma abierta, tal y como pudimos ver, por ejemplo, en la última película de Ti West hasta la fecha, The Sacrament (2013).

¿Cómo lo consigue?

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Ansel es un repudiado. Está tan desesperado que incluso intenta timar en un restaurante para comer gratis. El aspecto del personaje es crucial para despertar en nosotros un desprecio que se acrecentará cuando, poco después, se nos muestre es un conferencista. Un charlatán. Un don nadie que habla sobre el control de las sectas sobre la mente de sus víctimas, que encima quiere cobran una fortuna por un libro auto-editado…

¡Ah! Qué magnífica manera de presentarnos al protagonista, y qué mejor forma de jugar a que no se está apoyando su postura en el film. El salvador, el que se gana la vida “reamueblando” la mente de los que ha conseguido sacar de las sectas, es, a bote pronto, un estafador. Magnífica forma de “no” condicionar al espectador: intentando engañarle, que no se posicione desde el inicio ¿en el bando de los “buenos”?

A partir de aquí, cuando Ansel acepta el trabajo de “recuperar” a la hija de unos nuevos clientes, vemos la transformación del personaje: es alguien que realmente quiere ayudar a la chica a salir de sus problemas. Sin presión, sin violencia. Exclusivamente a través de preguntas, y respuestas. Y es a partir de aquí también que el director y guionista crea un ambiente cada vez más enrarecido y tenso, y dejará fluir los acontecimientos, que se sucedan las imágenes, los actos. La cámara nunca demasiado cerca, no se quiere implicar directamente al espectador: tenemos que ver, y evaluar, la propuesta siempre desde la distancia.

Así que nos mantiene atrapados entre las cuatro paredes de una habitación de hotel, escuchando a los protagonistas, asimilando sus respuestas y reacciones para que los interpretemos a nuestro gusto. De esta forma, algunos de los espectadores (quizá el chico que se ha levantado indignado) pensarán que la película exalta el triunfo de las sectas. Y quizá esa sea una de las lecturas. Para otros, el gradual giro de guión será la constatación de la crítica que el director pretende realizar, tanto sobre los fundadores de sectas como sobre los padres que no se han preocupado adecuadamente de sus hijos (no en vano en varios momentos del film se hace alusión a posibles prácticas poco morales de los padres sobre la hija, una posible explicación al por qué ella decidió huir. Y aunque no sea el motivo en el film, es muy posible lo haya sido en múltiples casos reales…). Y otros, seguramente los menos, creerán que los creyentes del film acaban por atravesar paredes, tal y como afirman.

A destacar el trabajo del actor principal, Leland Orser, que soporta gran parte del film y que recorre varias de las emociones del ser humano cuando se encuentra al borde de la desesperación. Y es que, cuando estamos al límite, ¿no somos más propensos a querer que nos salven?

TRAILER:

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