Kumiko, the Treasure Hunter

Soledad, o la obsesión por encontrar nuestro lugar Por Arantxa Acosta

Soledad. En sus múltiples formas. Ese es el nexo común que encontramos en las películas que pudimos ver durante la primera jornada del Americana 2015. Por ser diferente, por sentirse diferente. Por ser un incomprendido en medio de una sociedad que acata las reglas sin rechistar.

Kumiko, the Treasure Hunter explota la vertiente más amarga del concepto, al centrarse en una figura frágil, enajenada seguramente ya desde su infancia pero empujada al borde del abismo de la introspección y aislamiento personal al haber crecido, además, en una sociedad machista y orientada al logro: Japón. La presión por casarse, por ascender, por alcanzar un estatus en la pirámide social. ¿Por qué siempre debemos “progresar” siguiendo unas pautas preconcebidas? ¿Por qué perpetuamos esos patrones, si en realidad no nos gustan a nadie?

Kumiko, the Treasure Hunter narra la historia de una joven que se trastada a Fargo, Minnesota, en busca del maletín escondido bajo la nieve en la película de los Coen.

El maletín se convierte en el centro de deseo, en la obsesión, en la libertad. Porque el maletín es tan real como la necesidad de Kumiko de convertirse en quien quiere ser, sea lo que sea. Así que Fargo (1996) se convierte en su propia religión, y la escena de un Carl Showalter sangrante sobre la fría nieve del vasto campo, en su icónico Mesías.

Basándose como lo hace en una historia real, por muy bizarra que ésta nos parezca, el director consigue que el espectador avance junto a Kumiko, y empatice con ella y su silenciado dolor, en esa extraña búsqueda de liberación personal. Realizando continuos paralelismos con el desarrollo del film y los personajes de Fargo, Zellner se apropia del estilo visual y a veces narrativo del film original para devolvernos un significado completamente distinto y alejado de las intenciones de la firmada por los Coen: donde en Fargo los directores nos arrancaban carcajadas con su negrísima comedia basada en unos hechos tan violentos, Zellner, rodando en el mismo paisaje a partir de la segunda mitad del film, nos adentra en el inocente y cada vez más triste mundo interior de Kanako utilizando una combinación de thriller psicológico y road movie. Y si al extrovertido personaje principal de Fargo (un Steve Buscemi hilarante) se le define varias veces como “rarito” en el film, por su verborrea, por su colorida forma de vestir en un paraje en el que los tonos naranjas y rojos llaman más la atención, el reflejo que encontramos en Kumiko, the Treasure Hunter es, precisamente, una introvertida mujer que casi no hablará (y no únicamente por la barrera cultural) y que destacará también por su vestimenta, ahora aludiendo más bien a la caperucita roja del cuento, la que debe huir del lobo.

 Kumiko, the Treasure Hunter

De esta forma, si la introducción de Kumiko en su Tokio natal nos advierte de su condición de automarginación, al ver que no se relaciona con sus compañeras de trabajo, o que ni tan siquiera se ve con fuerzas de enfrentarse a quedar con una amiga del pasado, seguramente para no ser consciente de que ella aún no ha conseguido lo que se espera de ella en esa sociedad, la penitencia también autoimpuesta envuelta en búsqueda del tesoro se nos presenta como un viaje hacia la decadencia personal de alguien incapaz de enfrentarse a lo que se espera de ella. Incluso a kilómetros de distancia, será incapaz de romper el vínculo con su madre, a la que únicamente conoceremos por su voz y a la que, igual que el protagonista de Buzzard (Joel Potrykus, 2014), miente para no sufrir la desaprobación de su progenitora.

En su travesía, igual que Showalter, Kumiko se cruzará con diversas personas con una personalidad tan extrema como entrañable. Porque si en Fargo encontrábamos a la ya de culto Marge, aquí el director presentará al policía que quiso ayudar a Kumiko hasta límites que nos hacen confundir sus intenciones. Porque la bondad sigue existiendo, aunque ya sólo la encontremos en pueblos tan remotos. Y si en la primera también encontrábamos personajes que distorsionaban la paz del lugar, desde el psicópata (por supuesto no nacido en la comunidad) hasta el torpe marido que desea secuestren a su mujer, aquí el director aprovechará el film para sacar a la luz dos estigmas de la sociedad americana actual: el peso de la religión, a través de esos dos hombres que quieren “ayudarla” ya en el aeropuerto, y la soledad de los más ancianos, con la mujer que la encuentra caminando sola por el arcén de la carretera bajo el terrible frío y que hará lo posible para que olvide su idea de ir a Fargo y se quede, sea como sea, con ella. Y, ya que está, aprovecha también para mostrar la imagen que esa profunda sociedad norteamericana tiene de la cultura japonesa: desde recomendar leer el libro ‘Shogun’ a una nacida en Japón, hasta pretender que una china traduzca lo que el policía quiere decirle…

Con una escena final fría por su paisaje pero también emocionalmente desgarradora por la fuerza de un discurso que ya viene introducido minutos antes, desde que Kumiko se adentra en el bosque, Kumiko, the Treasure Hunter acaba como empieza: con una Kumiko abandonada a su suerte aunque, quizá ahora, mucho más feliz. Sin duda el film es de lo mejor que encontramos en el festival.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] Kumiko, the Treasure Hunter (David Zellner, 2014) […]

  2. […] hicieron para sacarnos adelante. Curiosamente, en Buzzard vemos una escena muy similar a otra de Kumiko, the Treasure Hunter (David Zellner, 2014): dos hijos que saben han fallado las expectativas de sus padres, […]

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