The Better Angels

La soledad del elegido Por Arantxa Acosta

La madre como ancla durante nuestro crecimiento, como bote salvavidas. Como amiga, como confidente, como defensora. Sensible a nuestro amor, tolerante a nuestros desprecios de juventud. La madre como pilar de nuestro futuro, de lo que seremos.

Madre biológica o adoptiva. Las dos, por supuesto, pueden querer por igual. Así que aunque la primera falte, es muy posible la segunda también nos entienda, y nos escuche. Y nos ayude.

The Better Angels relata un episodio concreto en la vida de Abraham Lincoln, pero podría ser la vida de cualquier niño que ha tenido que enfrentarse a la dificultad no únicamente de perder a su progenitora, sino también de ser diferente en un entorno en el que destacar no es lo más favorecedor.

La soledad del paciente, del bondadoso, del que lo tiene más difícil integrarse. La soledad del que posteriormente sabremos es el elegido.

No tardaré más en decirlo: la influencia del productor, Terrence Malick, rezuma por los cuatro costados. Tanto que The Better Angels parece ser el trabajo de aprendizaje del que quiere ser discípulo aventajado del gran maestro, un A.J. Edwards sin duda sabe qué es trabajar con Malick y apreciar el metalenguaje de su última etapa. Así que para su opera prima no únicamente se ha rodeado del propio director, si no también de excelentes actores, e incluso del compositor que ha firmado los últimos trabajos de Malick, Hanan Townshend.

El resultado no es redondo, no. Pero no lo es porque es imposible no compararlo con esa obra maestra que es El árbol de la vida (The Tree of Life, Terrence Malick, 2011). Porque esa forma de filmar acompañada de la envolvente música no acaba de encajar con el montaje realizado para unas bellísimas imágenes que, no obstante, no acaban de verse acompañadas de la mejor fotografía (además de que, personalmente, considero un error haber optado por el blanco y negro si no se explota debidamente, como es el caso, para explicarnos este tierno homenaje al Presidente de los Estados Unidos).

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Un homenaje para nada exaltado, error en el que fácilmente podría haberse caído. Que sea un chico que creció con él el que narre, voz en off, la personalidad y actos del niño en la época, inicios del siglo XIX, es todo un acierto. Además, en un momento del film se remarca algo así como que explicar una historia que deje un valor, un mensaje, aunque ésta sea mentira, es completamente válido. Obviamente, la pronunciación de esas palabras irán dirigidas directamente al espectador, advirtiéndole de que lo que aquí se ve es una recreación ficcionada, pero con la única intención de querer mostrar cómo era el niño que después gobernó sobre los estadounidenses. Sutiles menciones a lo que después será su lucha, como la escena en la que, caminando solo por el bosque, se cruza con esclavos de color encadenados, o simplemente cualquier momento en el que la cámara se le acerca para que le observemos leyendo, raro en la época y en su lugar de nacimiento, o pensativo mirando al horizonte, contienen un magnífico poder visual que ayudan a que mentalmente relacionemos al niño con el adulto en el que se convertirá. Pocas serán las menciones directas que resaltarán sus capacidades, más centradas en ser pronunciadas por el profesor de escuela, que querrá enseñarle gratis, o por sus dos madres, que, separado en el tiempo, piden lo mismo al padre: que le deje ir a la escuela porque es especial, porque ellas ya no saben darle las respuestas que pide.

En las dos madres, como anunciábamos, y en el padre, es sobre los que se fomenta la historia de Abraham en The Better Angels.

La primera madre, la biológica, siempre quedará en el recuerdo del niño, lo sabremos por algunas escenas muy bien escogidas cuando acompañemos al protagonista de la historia al cementerio, por ejemplo. La segunda tardará en encontrar su sitio en el corazón del protagonista, pero es admirable cómo se consigue que veamos con imágenes cómo Lincoln acabará por aceptar a la “intrusa”. Y es que una de las escenas más potentes del film es imaginada: las dos madres juntas, hablándose, mirándose, tocándose. La segunda nunca sustituirá a la primera, pero tendrá también un lugar importante en el corazón del pequeño.

De hecho, el film sobe todo quiere potenciar la labor de la madrastra. Una viuda, muy independiente, que acepta irse a vivir a esa pequeña casa para darle un futuro mejor a sus hijos. Al principio pensaremos está fuera de lugar, pero pronto se nos mostrará que es una superviviente y, más importante, que sus propios intereses pronto involucrarán a los de los hijos de su nuevo marido.

Por otro lado, el retrato del padre puede parecer a priori negativo, y nada más lejos de la verdad. Mucho lo consigue Jason Clarke con su interpretación, y en concreto con su mirada: el padre de Lincoln fue severo, pero seguramente porque no sabía cómo acercarse a un hijo que nunca vio en la fuerza la solución para estrechar lazos afectivos. Así que su figura, aunque más alejada de los intereses y futuro de Abraham, también fue muy importante para convertirse en lo que le deparaba su destino.

The Better Angels avanza lenta pero segura, y si bien es verdad que al inicio, por culpa de las comparativas, no nos permite entrar en ella fácilmente, a los pocos minutos nos absorbe con esa dulce mirada, repetitiva pero atenta, sobre el niño que será tan importante en la historia del país. El tramo final, ese que nos devuelve a la granja (que en realidad en ningún momento habíamos abandonado), ahora solitaria tras el asesinato del Presidente, es el magnífico broche final a una película que, tras madurarla, nos demuestra que, indudablemente, acaba por tener voz propia.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] The Better Angels (A.J. Edwards, 2014) […]

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