Queen of Earth

You are why depression exists Por Fernando Solla

It’s really important to try and hurt me
Isn’t it?
Beth Jarrett (Mary Tyler Moore) en Gente corriente (Ordinary People, Robert Redford, 1980)

El D’A 2015 ha presentado entre sus últimas propuestas de la sección Direccions el último trabajo del realizador estadounidense Alex Ross Perry que con éste, su cuarto largometraje, realiza un giro considerable respecto a su anterior película Listen Up Philip (2014). En aquella ocasión el autor nos presentó a un exitoso escritor al que le aburre sobremanera promocionar sus obras y que, además, para eludir los problemas en la relación con su novia, decide aceptar como refugio una casa de campo prestada para dedicarse el mayor tiempo posible a sí mismo, como tema.

En Queen of Earth demuestra una versatilidad importante en la forma de abordar un mismo tema, como es la necesidad que sienten algunas personas de ser el centro constante de atención.

En este caso asistimos a una mezcla de thriller psicológico y drama que se sustenta enormemente en la interpretación de la pareja protagonista, algo que no funciona al mismo nivel en ambos casos. Elisabeth Moss, que repite a las órdenes del director, nos muestra un trabajo supremo, de un magnetismo que nos sumerge en la complejidad de emociones que van de la felicidad hasta la desintegración mental absoluta. Es fascinante contemplar su rostro, incluso cuando la película nos pierde en esa secuenciación diaria en la que Perry divide el largometraje. Al contrario que la protagonista de Mad Men, Katherine Waterston no consigue que la sigamos con su personaje. En este caso, la evolución es inversa a la de su compañera, ya que su situación anímica se muestra desde la inestabilidad inicial al equilibrio y consistencia de su conducta. La actriz, a la que vimos en Puro vicio (Inherent Vice, Paul Thomas Anderson, 2014), decide apostar por la espontaneidad, sin salir del área de confort de dos o tres recursos dramáticos, que aunque efectivos no nos muestran progresión alguna, sino eso, momentos aislados.

Queen on Earth

Uno de los aspectos más interesantes de Queen of Earth es ver cómo Ross Perry desarrolla su propio estilo mostrando a la vez los referentes más inmediatos de su cine. Este torbellino emocional, mezcla de hostilidad y resentimiento, de unos personajes ensimismados y convencidos de su privilegio narcisista para llamar la atención de los demás los hemos visto en el cine del autor, pero nos recuerdan intencionada e indefectiblemente a Ingmar Bergman, Roman Polanski o Woody Allen. Sin querer desvelar muchos detalles, podríamos explicar el largometraje que nos ocupa convirtiendo al conserje de El quimérico inquilino (Le locataire, Roman Polanski, 1976) en una joven neoyorquina (Moss) que tras el fallecimiento de su padre y el segundo abandono de su última pareja, comparte la paranoia del primero para relacionarse con los demás. Estableciendo una relación de sumisión, dependencia y competitividad durante un periodo de tiempo que abarca los dos últimos años en la relación de las protagonistas, asistiremos a una especie de puesta al día de Persona (1966) con Gritos y susurros (Viskningar och rop, Ingmar Bergman, 1966 y 1972), en un punto de encuentro a medio camino entre las réplicas de Annie Hall y el autoengaño y el verse a través de una semejante de Otra mujer (Another Woman, Woody Allen, 1977 y 1988). Es fascinante cómo descubrimos a todos estos autores durante el visionado del filme, tamizados y asimilados a través del propio estilo de Perry, nunca a través de un aburrido ejercicio de citación cinematográfica.

Lamentablemente, entre tanta referencialidad el guión no siempre ofrece las herramientas que necesitamos para entender a Catherine (Moss). Se intuye una relación traumática con su padre, un artista preeminente que parece haberse visto envuelto en asuntos financieros turbulentos que tienen que ver con su muerte, pero todo se salda con dos o tres referencias verbales, en lugar de indagar en el escenario de dependencia masculina a la que se somete la protagonista. En cambio, el Perry realizador consigue que participemos de este juego, mezcla de géneros, que sobresale en sus dosis de humor negro, acercando al conjunto a una especie de psicodrama que, a la vez, rezuma fisicidad por los cuatro costados. En este terreno, Perry consigue escenas en las que la tensión no puede saldarse más que con una risa nerviosa por parte del espectador, sirva de ejemplo la escena en que Jennifer (Waterston) esconde el cuchillo tras el careo de su amiga con su ligue. En momentos como este, el morbo producido (gracias en parte a la banda sonora de Keegan DeWitt) parece prometer un giro terrorífico hacia el slasher que, finalmente, no tendrá lugar.

Quenn on Earth 2

Destacamos la fotografía retro (congelación de imagen incluida) de Sean Price Williams que arriesga y gana totalmente cuando se dispone a captar el entorno exterior combinándolo con los primerísimos planos de los rostros de las protagonistas, algo que de nuevo, Moss aprovecha mucho mejor que su compañera de reparto. Este trabajo apoya a Perry a mostrar el drama de la experiencia introspectiva de Catherine y la exploración de su mundo interior, contrario al que verbaliza externamente. Ambos conseguirán la mejor y más delirante escena del largometraje con ese doble monólogo feroz entre las dos amigas, durante el que Williams modifica sutilmente el enfoque de la que habla desnudando su alma a la que (no) escucha, manteniendo siempre el primer plano.

Finalmente, y a modo de curiosidad, podemos establecer ciertas conexiones entre Queen of Earth y otro de los títulos vistos en el D’A 2015. Si bien la relación entre Catherine y Jennifer parece más una lucha egocéntrica, en The Duke of Burgundy, también presenciamos una peculiar batalla entre féminas. Contextos distintos que conforman un interesante díptico de autores masculinos infiltrándose en mundos femeninos a la vez que rinden homenaje a autores referenciales del séptimo arte para plasmar en la gran pantalla su particular descenso a las tinieblas. Citando a una de las protagonistas del filme de Perry, “el infierno son los otros, especialmente los que mejor te conocen”. En ambos casos, asistimos a una feliz convivencia cinematográfica.

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