Democrats

La volatilidad de la democracia Por Arantxa Acosta

"This is politics at its finest."La cortina de humo (Wag the Dog, Barry Levinson, 1997)

Poder decir que formaste parte de la comisión para la redacción de la nueva constitución de tu país, plasmando las peticiones recogidas directamente del pueblo, seguro es todo un orgullo. El camino hasta conseguirlo, no obstante, es tortuoso. Pero si además el trabajo realizado durante tantos años no consigue salir adelante y, para más inri, tu vida se ve amenazada por haber colaborado con la oposición para desempeñarlo (aunque lo realices porque te fue encomendado)…. ¿Dónde queda ese orgullo?

A la misma altura que la democracia.

Desaparecido.

Democrats es un testimonio de gran valor que no sólo nos acerca a la realidad política de Zimbabwe de los últimos años sino que, además, permite extrapolar sus mensajes a cualquier país que se considere democrático.

Y la comparativa, aunque resulte positiva para los países en los que nosotros vivimos, no deja de plantearnos algunas dudas…

Corrupción, lucha de poder, falta de libertad de expresión, tortura. Siguiendo todo el proceso desde que se encomienda al trabajo (forzosamente) conjunto entre partido líder y oposición hasta un año después de la firma del documento constitucional de Zimbabwe, Camilla Nielsson consigue mostrarnos y justificar con imágenes todo lo que aparentemente nos va presentando de forma random (coacciones, amenazas, el pueblo oprimido recitando lo que se le ha ordenado decir), como si ni el momento ni la ubicación de la cámara fuese para nada importante, como si no se percatase de que todo lo que capta “inocentemente” y decide mostrar al espectador retroalimenta las injusticias que denuncia.

Observando desde la distancia y sin apoyarse en falsas dramatizaciones, sin evidenciar de forma vehemente lo que muestra (que hubiese sido la lógica trampa en la que podría haber caído), nos invita a atar cabos sin ser coaccionados ni con la música, ni con zooms ni planos directos al objeto de lo que en realidad quiere remarcar para el espectador. Ni tan siquiera con entrevistas directas. La cámara filma, camuflándose ante la mirada de los que sigue. Hasta tal punto que ya no se acuerdan de que está presente. Una imagen, casi robada, aquí como en ningún otro film vale más que mil palabras.

La baza de Democrats es la inocente mirada que aporta la directora, antropóloga de formación, a una situación tan peligrosa como denunciable.

Encontramos un buen ejemplo en el pasajero el que se denuncia que el partido que está en el poder ha amañando las respuestas de los ciudadanos, llevando a las ciudades autobuses enteros con personas de las afueras. Veremos al representante de la oposición siendo informado de que han llegado. Más adelante, al del partido del gobierno negándoselo, y finalmente al último hablando por teléfono, vanagloriándose de que si él da la orden de movilizar autobuses, se hace. ¡Ah! Brillante montaje de toda la conspiración.

De esta forma, la directora capta momentos de rabia, ira y desesperación de los dos protagonistas a medida que avanza su cruzada. Emoción versus razón, continuidad versus cambio. Formas muy distintas de actuar y de ser que acaban por evidenciar, viendo el apoyo que reciben por parte de la ciudadanía, que con paciencia y pacifismo puede conseguirse mucho más. Y, no obstante, la realizadora no se posiciona, sencillamente deja que la historia fluya, como la evolución de la relación de sus personajes, y del país. Sólo así Democrats consigue un impacto emocionalmente exponencial en el espectador imposible de dejar indiferente.

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