Remake, Remix, Rip-off

Construyendo el cine popular turco Por Ignasi Ferrer

Con la categórica afirmación “sólo hay 34 ó 36 tipos de historias. Quizá 37, no más”, empieza una de las locuras del DocsBarcelona 2015. Un estudio ligero sobre el cine popular turco de mediados de los 60 y 70 que debido a la falta de recursos decidió copiar plano a plano los grandes éxitos del cine de Hollywood. Llegaron a producir más de 300 películas al año con sólo 3 guionistas. Y claro, con estos medios, ¡cómo no se va a copiar!

La calidad de esas películas, no es necesario decirlo, no era muy alta. Productos de consumo masivo que repetían los mismos esquemas, escenarios y planificación y que contaban con actores que a lo largo de su carrera llegaron a participar en cientos de producciones. Alguno afirma que participó en entre 500 y 1.000 producciones e incluso otro asegura que superó las 1.500 con bastante diferencia. Algunos de estos actores se muestra orgulloso por el trabajo que desempeñó en esa época, mientras que uno afirma bastante avergonzado que si hubiera sabido que sus películas llegarían a televisión no lo hubiera hecho para evitar pasar vergüenza a diario.

La primera mitad de Remake, Remix, Rip-off es descabellada y un ejemplo de la caradura que ponían algunos productores para llevar a cabo sus películas.

Pero a la vez es un testimonio de como los turcos convertían la falta de medios, gracias a su caradura, en el camino a seguir para llevar adelante sus proyectos. De ahí que las joyas de la corona de las bandas sonoras turcas sea un armario lleno de vinilos de ‘The Godfather’, ‘Raiders of the Lost Ark’, ‘Rocky’, ‘The Sting’ y muchas más películas de referencia del cine americano. Además de mezclar personajes de varias factorías como reinventar una versión malvada de Spider-man que se enfrenta al Capitán América y al Santo.

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Capítulo aparte merece la tecnología como la dolly hecha con una mesa de madera y cuatro pastillas de jabón clavadas a sus patas que con un poco de agua en unos raíles permiten deslizar con facilidad la cámara. O los efectos de sonido, hechos por auténticos artesanos que simulaban en el estudio de sonido todos los efectos posibles y aunque algunos rozan el ridículo, como un perro ladrando de manera inverosímil, otros dan el pego como la sonorización de un caballo cabalgando mientras el técnico de sonido da saltos sobre una placa llena de grava y va repicando con un par de cocos en su mano. Quién haya visto Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (Monty Python and the Holy Grail, Terry Jones y Terry Gilliam, 1975) recordará a los nobles caballeros cabalgando dando saltos mientras sus escuderos golpean unos cocos imitando el cabalgar de su caballo.

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Y si esto se hacía con los efectos sonoros, los visuales no se quedaban atrás. Çetin Inanç, uno de los directores de referencia de esa época, rasgaba el negativo para simular rayos láser, produciendo un efecto curioso y psicodélico en sus películas de ciencia ficción. Este mismo director, que afirma lacónicamente que nunca hizo una peli de verdad, cuenta que tomó prestado un rollo de la película La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977) para coger algunos planos y usarlos en la película El hombre que salvó al mundo (Dünyayi kurtaran adam, Çetin Inanç, 1982). Hilarante la secuencia del espacio con las famosas naves atacando cerca de la Estrella de la muerte mientras de fondo se escucha perfectamente la banda sonora de Indiana Jones.

Tras este momento más festivo, termina la primera mitad del documental más amena para abordar la situación más social del sector como las duras condiciones para rodar una serie de televisión o como el cine erótico cambió el consumo de cine en el país, provocando la decadencia de Yeşilçam, la principal productora encargada de las producciones anteriormente mencionadas. Es un cambio un tanto brusco que rompe con el ritmo de la película, pero que aporta valiosa información para contextualizar el pasado y presente de la industria turca. Además, no todo el cine turco es lo que se ve en la primera parte, por muy atractivo que quede en el documental. En esta segunda mitad también se aborda la censura a la que las artes del país fueron sometidas y que llegaban hasta el punto de catalogar ofensiva la adaptación de ‘Bonnie y Clyde’ por considerar que dejaba en ridículo la policía turca. Por este motivo, tenían que idear varias estratagemas para esquivar la censura como enviar una versión por terminar o escribir varios guiones de la película. En algunos casos, incluso se llegaba a parodiar la propaganda descarada a favor del cuerpo policial turco repitiendo sus méritos.

Aunque no todo el cine turco es lo que muestra Remake, Remix, Rip-off, el filme acerca al público una cinematografía que por residual es poco conocida y, de paso, sirve para descubrir que la policía turca es la mejor del mundo. Ni Interpol ni FBI, la policía turca es la mejor del mundo. Disculpen si me repito, pero quiero que quede claro que la policía turca es la mejor del mundo y es imposible escapar de ella.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] de ése reciclaje va la proyección Remake, Re-mix, Rip- off de Cem Kaya. Sin duda tal y como anuncia la nota de prensa del festival, y que para nosotros […]

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