The last executioner

La muerte, el deber y el karma Por Carlota Ezquiaga

Alguien tiene que hacer el trabajo. Detrás de cada decisión que se toma en un despacho, hay miles de hombres que tienen que llevarla a cabo. Y apretar el botón de una pistola para ejecutar a un hombre es un trabajo como otro cualquiera.

Chavoret Jaruboon fue el último ejecutor de Tailandia: quería ser el Elvis tailandés pero terminó matando a 55 personas en 19 años. La vida tiene estas cosas: a veces tienes que cambiar la guitarra por un rifle para poder dar de comer a tus hijos.

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The Last Executioner es una historia real, basada en un libro del propio Chavoret. Saltando del presente al pasado y de la música rock de los cincuenta a los disparos de un rifle, el director Tom Waller, de madre tailandesa y padre irlandés, cuenta la historia real del último hombre que fue verdugo en Tailandia cuando las ejecuciones todavía se llevaban a cabo con un rifle. No fue hace tanto: fue en el año 2003 cuando comenzó a utilizarse la inyección letal.

La historia real es un material lo suficientemente bueno para que se compensen los fallos en el guión, y la fotografía, la música y la fuerza del personaje de Chavoret también ayudan a contrarrestar el hecho de que no se aprovechen todas las oportunidades para profundizar en su conciencia.

Sin embargo, no puede decirse que no lo intenten: se hace un amago de acercarnos a las dudas morales del protagonista mediante un fantasma que lo visita en forma de cartero, de presentador de televisión o de pasajero de un autobús.

Puede que que el hecho de que se echen en falta dilemas morales en el personaje del verdugo se deba a una diferencia cultural: nuestra mente occidental no está acostumbrada a culpar de todo al karma. No parece que a Chavoret la idea de terminar con vidas humanas le atormente tanto como tener un mal karma. Tal vez no sea más que una manera de representar la moralidad, pero existe la posibilidad de que sea una forma de expiar los pecados, y la responsabilidad de un hombre se deja en manos del karma.

La película no es, por tanto, demasiado crítica con el verdugo: hasta cierto punto, hay que tener en cuenta que la familia estuvo involucrada en la grabación de la película. Como decíamos, la culpa de Chavoret solo se muestra en forma de ese espíritu que le visita de vez en cuando.

Es difícil no caer en la tentación de comparar The Last Executioner película con El francotirador (American Sniper, Clint Eastwood, 2014)…

… pero guardan una diferencia fundamental: la única razón de Chavoret para llevar a cabo su trabajo, por encima de patrias, ideologías y bienes mayores, es el deber.

The Last Executioner no es, pues, la historia de un país, ni una reflexión sobre la pena de muerte, ni la vida de un héroe: es la historia de un hombre cualquiera que, como muchos otros, se limitó a hacer su deber, sin cuestionarlo. Con los peligros que eso conlleva.

 

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