Límite

La captura del sentimiento a través de la imagen Por Fernando Solla

"Lúgubre solidão! O noite triste!
Como sinto que falta a tua Imagem
A tudo quanto para mim existe!"Ausencia, Texeira de Pascoares, 1952

El (S8) 2015 presentó la sección Archivos históricos con el programa Veja o Brasil. Dos sesiones compuestas por cinco cortometrajes, la primera, y la proyección de la película Limite (1931) de Mário Peixoto, en la segunda. ¿Qué es el cine brasileño? es la pregunta que los programadores buscaban responder con esta selección. Haciendo referencia a la filosofía periférica de la muestra, el largometraje de Peixoto ejemplifica cómo expresar lo que identifica la cultura particular de un país a través de unos códigos universales no siempre compartidos.

Hay ocasiones en las que cineastas autóctonos consiguen trascender las fronteras geográficas y exponer sus trabajos consiguiendo repercusión en los circuitos convencionales, como vimos en Estación central de Brasil (Central do Brasil, Walter Salles, 1998) o Ciudad de Dios (Cidade de Deus, Fernando Meirelles, 2002). Sin duda, cuando este acto de normalización sucede de manera espontánea es algo extraordinario. Hay otros títulos como Orfeu (Carlos Diegues, 1999) en los que el realizador adapta una historia atávica y de alcance ilimitado y la contextualiza en un ambiente local, situando su visión del folclore popular en un espacio compartido. Igualmente, cuando el resultado es cinematográficamente destacable, el espectador puede llegar a sentir la necesidad de indagar en la filmografía de un autor y profundizar en su conocimiento de las distintas cinematografías.

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¿Qué es el cine brasileño?, decíamos. En todos y cada uno de los más que notables casos anteriores nos acercamos parcialmente a la posibilidad de una respuesta. Como siempre, a lo largo de cualquiera de las ediciones del (S8) nos centraremos en la forma de hacer y de contar como verdadero y último discurso, como protagonista de los filmes que visionamos. El asunto, tema, trama o argumento no es lo que muestra la identidad sino el formato. El cómo convertido en qué. Lila Foster habla en el programa del término brasilidade como “la palabra que sedimenta en el lenguaje la búsqueda de la naturaleza de lo que es ser brasileño. Nuestras características y expresiones artísticas únicas, en las que se inmiscuye la precariedad de un país siempre en desarrollo”. No es casual que la Mostra haya escogido Brasil como país invitado, ya que este término nos recuerda irremisiblemente al gallego saudade, vocablo quizá más melancólico que busca eliminar la distancia temporal o espacial hacia algo estimado que probablemente nunca volverá.

Centrándonos en Límite, el título ejemplifica a la perfección lo que un servidor quiere decir al citar tres títulos particularmente significativos en su recorrido cinematográfico brasileño.

Volviendo al concepto de periferia, títulos como el de Mário Peixote hacen caer en la cuenta que esta selección autodidacta que se suele hacer de unas obras y no de otras y que terminan conformando el mapa cultural de todo aficionado, corre el riesgo de dejarnos en los aledaños. En el caso de Brasil, como en otros, este suburbio por el que nos movemos algunos no lo es tanto por la falta de producción, sino por una falta de conocimiento de su cinematografía.

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Tras esta obviedad, el largometraje que nos ocupa nos traslada a 1931, año de su realización. Olvidada durante mucho tiempo hasta su restauración, estamos ante una muestra de cine mudo y experimental, rodado en blanco y negro y con la música de Serge Rahmaninov, Eric Satie. Stravinsky y Debussy, entre otros. Este trabajo supone un viaje que, a día de hoy, resulta todavía inclasificable. Oscuro, ambicioso, hermoso y, por encima de todo, insólito. A día de hoy, esos movimientos de cámara todavía insuflan en el espectador la sensación de estar descubriendo algo nuevo, un experimento cuyo resultado no es otro que la necesidad de volver a él una y otra vez. Focalizar lo que queda fuera de plano es una de las habilidades de Peixote, a través de eso primerísimos planos cerrados en sí mismos. La obturación, en este caso, resulta impredecible, pero sin llegar a parecernos arbitraria o caprichosa para mostrar la vida de tres personajes a la deriva en un bote y su necesidad de retornar a un pasado que nos les deja avanzar. De ahí, que largos tramos de la película se dediquen sólo a enfocar los pies de los protagonistas.

A través de la excusa narrativa que parece la trama, Peixoto reflexiona sobre cómo reflejar el paso del tiempo a través del medio cinematográfico. Cómo filmar una idea a través de distintas texturas y de la entonces menos explotada técnica del flashback. El realizador rompe cualquier espacio fronterizo entre pasado y presente, entre realidad o imaginación. Desesperación y angustia vital confrontada con una naturaleza y paisajes de ensueño. Curiosamente, la manera de captar la grandiosidad y belleza inquebrantable del entorno intensificará el dramatismo de las vivencias de los protagonistas, en busca de algo que no se sabe muy bien qué es y si existe. Paralelismo con la búsqueda de mostrar una identidad propia a través del cine que el realizador desarrolla reservándose una aparición cerca del final, en un cementerio, ofreciendo una particular disertación sobre la lepra. Pesimismo sobre el estado del medio cinematográfico de la época totalmente vigente que, sim embargo, no renuncia a la búsqueda de formas y maneras de contar historias.

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Finalmente, Límite sigue resultando, a día de hoy, relevante en este retrato minimalista de la desesperación humana a través de la filmación de cuerpos inertes; la elocuencia de su silencio y la disolución de sus imágenes, como la rueda de tren que se convertirá en la de una máquina de coser o el montaje que alterna primeros planos de partes del cuerpo con objetos inanimados como botones o tijeras. Para terminar, quizá una de las secuencias más bellas sea la que nos sitúa en el terreno del cine dentro del cine, cuando asistimos dentro del filme a una proyección de una película de Chaplin, a la vez que vemos las bocas de los espectadores. Experimentos que nos posicionan en un terreno atemporal, cinematográficamente hablando.

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