Irrational Man

Crimen perfecto Por Manu Argüelles

Ante Irrational Man casi que nos resulta lógica pensarla como un eslabón más de la cadena que ha ido configurando a partir de Delitos y faltas (Crimes and Misdemeanors, 1989), Match Point (2005) y El sueño de Casandra (Cassandra’s Dream, 2007), una línea articulada a partir de Crimen y castigo, la novela de Dostoyevski, como tótem absoluto desde la que construir las ficciones. Y en ese sentido, Woody Allen es translúcido cuando en Irrational Man se verbaliza a través de su profesor de filosofía, Abe (Joaquim Phoenix), que todo se reduce a la elección, la moralidad y la inevitabilidad del azar, elementos que se conjugan en las películas citadas. Y sí, claro, la retorcida fascinación por el crimen perfecto como el acto supremo de la ruptura de las normas morales.

Pero aunque todo eso permanezca, en su última película hay un aspecto muy interesante que me permite vincularla con La última noche de Boris Grushenko (Love and Death, 1975), largometraje que está considerado como el último de su primera etapa de su filmografía, rendida ante la exaltación del gag, el slapstick y la conjugación del humor del absurdo. Porque aunque los recursos son otros, la sátira en torno a la filosofía existencialista permanece (también allí Dostoievski funcionaba como claro objeto referencial). En su senectud, Woody Allen ha depurado tanto sus recursos expresivos que la parodia no es el instrumento para desmontar y desmitificar el objeto que se ridiculiza, sino que se vehicula de forma estructural al incorporarlo en el seno de su propio personaje.

Es como si Irrational Man fuese como una pieza de cámara nostálgica en busca del material que dio forma a La última noche de Boris Grushenko.

Irrational Man Joaquim Phoenix

Pero todo aquel histerismo y vitalismo desbocado ha dado lugar a la placidez de un dulce sueño. Porque ahora todo está estructurado bajo un clasicismo diáfano y sencillo que borra todo artificio artístico. Ya no hay espacio para veleidades y justamente esas mismas son las que enajenan a su personaje principal, cuando se rinde ante la estética del crimen perfecto o lo defiende como un acto de creatividad. En ese seno armónico integra un personaje como el de Abe, no como un torbellino que venga a agrietar el sistema compositivo, sino como esa energía que da vida, que permita que el agua en el río fluya en un paisaje zen, el entorno universitario alejado de sus habituales flujos urbanos en los que suele enmarcar sus ficciones.

Siempre he admirado la humildad y la honestidad de la que hace gala Woody Allen. Ha minimizado tanto sus arquitecturas dramáticas que estructura una puesta en escena de lo transparente, apegada a unos patrones inamovibles para que lo visual jamás devore a sus personajes y a las interacciones que mantienen entre ellos. Así repetirá con frecuencia un mecanismo que siempre está al servicio de sus actores. En el inicio de cada escena, especialmente aquellas que comparten juntos Joaquin Phoenix y Emma Stone, arranca con un travelling lateral, ya sea desde la izquierda o desde la derecha de plano -habitualmente los alterna- que busca a sus actores para acabar encuadrándolos en un plano medio. Una vez fijado el campo de visión establece el tradicional plano /contraplano para que ambos se den mutuamente las réplicas. Este mecanicismo no corroe la película porque lo que está buscando es sobre todo que sea imperceptible, como una forma de borrarse o de agazaparse, para dar importancia a sus personajes y su historia, siguiendo la tradición de los grandes maestros del clasicismo norteamericano. Eso no implica que la imagen se descuide, porque Darius Khondji, con el que vuelve a repetir tras Magia a la luz de la luna (Magic in the Moonlight, 2014), proporciona siempre un cromatismo estudiadísimo que transmita esa sensación de armonía y de placidez, colores cálidos en los que el vestuario de los personajes se sincroniza siempre con las luces y tonalidades del entorno físico en el que se encuentran. Esa sensación agradable, ese tono casi idealizado pero discretísimo, da pie para que sus personajes acaben con facilidad atrapados en sus sueños delirantes. Ahí es donde Abe, por azar (siempre el azar como contingencia), encuentra esa experiencia existencial que le vuelva a dar ese vigor que había perdido tras haberse precipitado en la espiral de la autocompasión.

Irrational Man Woody Allen

Irrational Man ya no versa sobre el arribismo o sobre aquellos depredadores que moldean la moral a su antojo para justificar sus acciones, como en Match PointEl sueño de Casandra. Podríamos decir que ahora se concentra en la identidad de lo mental y de lo imaginario. En definitiva, las ilusiones, siempre omnipresentes en el cine del neoyorkino, esos espejismos que sus personajes se fabrican para trascender su mísera existencia. El fraude como método de vida, la mentira como instinto de supervivencia. En este caso esa identidad viene configurada por el pensamiento heredado, el de Kant, el de Kierkegaard, el mismo que forma parte de Woody Allen y que acaba sutilmente desmitificado. A partir de esa construcción intelectual, Woody Allen presenta a Abe, necesitado de esa chispa maestra que le permita salir del hartazgo y de la desidia. Y si ésta tarda en llegar te la fabricas a tu gusto. Es así como Abe acaba justificándose a sí mismo la noción del crimen.

Hay dos tipos de mentiras en Irrational Man, las que se crea a sí mismo el personaje de Abe como un acto de autorrealización, un proceso introspectivo e individual. Y las que formula Jill (Emma Stone), que son siempre de carácter social. Es una máscara en la que ella es plenamente consciente de su naturaleza (niega a todo su entorno que está enamorada de Abe). Porque Jill funciona en el film como la voz de la conciencia de Abe o la personificación de la cordura que progresivamente el profesor de filosofía va perdiendo (Joaquim Phoenix responde fantásticamente al personaje). Desde este planteamiento, Irrational Man nos conduce con agilidad por ese proceso en el que la comedia mental llega a su culmen físico. O lo que es lo mismo, de la idea al acto. El único problema es que aquí estamos hablando de un crimen, un detalle sin importancia.

TRAILER:

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone

Comentarios sobre este artículo

  1. […] Little Sister de Hirokazu Kore-Eda (otro habitual del festival y yo agradecido que sea así), Irrational Man de Woody Allen (por el que Donosti siempre ha tenido debilidad),  Hitchcock/Truffaut de Kent […]

  2. […] de sus obras. Sólo hace falta recordar algunos de los planos-contraplanos de su anterior cinta, Irrational man (2015), en los que el nivel de descuido a la hora de encuadrar a sus actores era tal, que provocaba […]

Comenta este artículo

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>