El nuevo Nuevo Testamento

Van Dormael ¿irreverente? Van Dormael puro Por Arantxa Acosta

Que el hombre vuelva a tomar conciencia de su propia muerte.

Esa es la premisa, escondida tras una propuesta tan descabellada como genial (sí, genial), de Jaco Van Dormael.

Dios existe, sí. Y vive en Bruselas. De hecho, Bruselas es el Paraíso. Allá pensó en crear las criaturas que habitarían la Tierra. Al principio no le salió bien, pero finalmente vio en el ser humano la oportunidad de divertirse, por fin. Y creó a Adán, y a Eva. El resto ya lo conocemos…

O no. Porque resulta que Dios es padre de Jesucristo, el hijo que no siguió sus consejos y se apartó de la familia (desde entonces no le gusta que nadie se siente a su derecha…), pero también de Ea, una niña de diez años dispuesta a ser tan rebelde como su hermano mayor.

Porque Dios no es perfecto. Dios es un amargado, un necio. Un cabrón, en definitiva.

Cómo si no se le ocurriría pegar con una correa a su hija, o tratar de tonta a su mujer, una diosa, relegada a ver deportes por la tele y a hacer punto de cruz. O a dejar incluso por escrito y como regla divina, sólo para joder al ser humano y divertirse a su costa, que si la tostada cae al suelo lo hará siempre por el lado de la mermelada…

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Muchos considerarán esta representación irrespetuosa, pero en verdad Van Dormael lo que consigue con este retrato es, primero, humanizar y, por tanto, desmitificar muchas de las creencias que se nos inculcaron por culpa de una educación basada en la represión. Y, segundo, sacudir rápidamente  nuestros cimientos, sin vuelta atrás. Sin duda la mejor forma para escuchar su propuesta.

¿Y cuál es esa propuesta? Van Dormael imagina un piso franco para Dios y su familia, desde donde se controla el devenir de la Tierra, del Universo. Así que cuando Ea tiene acceso a la habitación prohibida…

Génesis, Éxodo y Evangelios.

El director decide sermonear al ser humano para mostrarle el camino a la reescritura de un destino que todo parece indicar está más que marcado. Y lo hace explicando la historia de Ea, dando voz a una niña que lleva demasiado tiempo soportando el ver que su padre es tan mezquino. Así, conoceremos los sentimientos de la Hija de Dios en primera persona, y cómo urde todo su plan para dar una lección a su padre.

La niña, en definitiva, se convierte en el filme en toda la rabia acumulada por un ser humano que sigue clamando al cielo un “¿por qué?” cada vez que las cosas se tuercen.

Una niña, una humanidad, que debe saber que todo puede arreglarse.

¿Si se nos confirmase esa visión bíblica de un Dios vengativo y violento… cómo reaccionaríamos? Van Dormael se lo pregunta, y pone a disposición del espectador una respuesta…

… en forma de imágenes. Una realidad alternativa que responde al misterio que el Hombre quiere descifrar desde que tiene uso de razón. Así que Ea nos confirma la existencia del Paraíso relatando una versión condensada (e hilarante) del Génesis, partiendo de un punto religioso y común (sin sentido) para desarrollar la necesidad de replantearnos nuestras vidas, y demostrarnos lo divinas que son. Porque somos nosotros mismos los que podemos hacer que lo sean, sin creer, si no lo queremos, en seres superiores.

Pero para darnos cuenta de ello es necesario dejar de evitar el hecho de que somos mortales. Al menos por el momento. Recordemos que es una fantasía con la que ya juega el director en su anterior Las vidas posibles de Mr. NobodyMr. Nobody, 2009, película que homenajeará aquí recordando al chico con síndrome de Down. Si allá su repetitiva vida era una pesadilla en bucle para el protagonista, aquí el director muestra abiertamente cómo podría mejorarse su vida con el simple hecho de saber cuándo va a morir, si antes o después que su progenitora. Una escena terrible y emocionante, que no deja indiferente.

Van Dormael necesita emplazar al espectador en este punto de partida, aunque sea a través de un humor negro que no será de recibo por todos pero sí se nos antoja necesario para hacer más llevadero el viaje que propone el filme: sólo seremos conscientes de saber qué queremos si lo somos, también, de que nuestra vida es finita. Sólo así nos dejaremos llevar, saldremos de nuestras precavidas vidas e intentaremos disfrutar ese regalo que es la vida en la Tierra como se merece. Desde el agradecimiento.

Así que Ea, ayudada por JC (Jesucristo, que protege a su hermanita de diez años y la ayuda a escapar de un padre controlador, al que en el fondo odia tanto como ella misma por haberle hecho pasar ese suplicio), seguirá los pasos de su hermano mayor (¿quién no los tiene como referente?), se escapará de casa y buscará la forma de ayudar a los seres de la Tierra y, ya de paso, fastidiar al máximo a Dios.

Una ayuda que llega en formato email y SMS. Cómo no. El hecho de que sólo los que dispongan de móvil y puedan recibir un SMS de Dios nos plantea la evolución del ser humano:  el hombre, tras tanta mejora tecnológica ha conseguido interconectar al mundo entero gracias a redes sociales, whatsapp y aparatos 4G. Tras este milagro, ¿no sería ya lo siguiente conseguir la inmortalidad o, en su defecto, conocer el tiempo real que le queda sobre la faz de la Tierra ?

La evolución: el futuro únicamente en las manos del Primer Mundo. Como lo es ahora, básicamente.

Un nuevo Nuevo Testamento necesita seguidores para el Nuevo Mesías, seguidores que crean en él y transmitan su palabra. Ea hará caso, de nuevo, a JC: busca, al azar, a seis personas. Seis, para hacer feliz a su madre: el equipo ideal es el de beisbol. Dieciocho. Doce más seis. Perfecto.

Los apóstoles: mujeres y hombres de todas las edades, de los que todos deberíamos aprender

Niños que quieren ser niñas. Mujeres que han sabido salir adelante aun teniéndolo todo en contra. Hombres que asumen que sus deseos no van acordes a las reglas impuestas, a lo “normal”. Señoras y señores que se dan por fin cuenta de lo falsa que ha sido su vida hasta el momento.

Van Dormael divide El nuevo Nuevo Testamento en los evangelios, pero se toma la libertad de dejar que los escritos no se focalicen en los milagros de un único hombre/niña.

“Eso sí es nuevo”, dice Jesucristo. De esta forma, hablarán de la vida de estos seguidores, de personas de carne y hueso, sin más. Y de sus aprendizajes. ¿Qué mejor forma para aprender a vivir en estos tiempos convulsos que escuchando y aprendiendo de la vida de los demás?

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Y aquí es cuando Van Dormael deja vía libre a todo su imaginario. Un estilo muy personal y fácilmente reconocible es lo que encontramos en el filme: primeros planos de expresiones faciales exageradas (e incluso distorsionadas con por la lente que las capta), explotando la teatralidad que los actos más cotidianos de la vida nos proporcionan; vestuario y decorados llevados al límite si es necesario para enfatizar el significado de la historia (eje jersey de rombos que ya hemos visto previamente…); efectos especiales, los justos para que todo sea coherente (y, claro, hacen falta bastantes para que pueda serlo…); y, sobre todo, la obligación de mostrar en imágenes cualquier pensamiento que se pronuncie, o cualquier sueño que un protagonista tenga. Así que si Ea quiere expresar cómo era la voz grave de una persona indicando que era como si ”n” personas cascasen nueces, esa será la imagen que acompañe a las palabras: una fila de hombres cascando nueces, y si se quiere que un niño sueñe con un pez que quiere volver al mar cantando La mer, el pez “revoloteará” la cabeza del niño. Imágenes que muchas veces nos arrastran a otra parte del mundo, o a algún recoveco de la mente, tal y como nos mostraba también en Las vidas posibles de Mr. Nobody.

Porque para Van Dormael el cine debe ser tan rápido e imaginativo com la mente humana, y es necesario poder expresar todas las ideas, conectándolas de la mejor forma posible.

Idas y venidas a la narración que ayudan al espectador a disponer de una visión 360 grados de lo que se le pasa al director por la cabeza al querer presentarnos sus dudas religiosas. Porque sí: tras tanta ¿irreverencia?, parece se esconde, en definitiva, un riguroso deseo de que sea verdad. Simplemente, para poder ser cambiado.

Así que si Van Dormael imagina un mundo sin gravedad, pudiendo pasear por el fondo del mar o por las paredes de un rascacielos, o si resulta que el cielo no es azul sino un gran tapete que puede ser bordado por cada uno de nosotros… ¿no es muchísimo mejor que lo que tenemos actualmente, que lo que somos capaces de imaginar por nosotros mismos? Dejémonos impresionar por un director que peca de exagerado para algunos, pero que, para otros, trata no sólo de hacernos olvidar la realidad sino que insta a transformarla con métodos más pacíficos que revolucionarios. Porque donde muchos verán misoginia, otros vemos un pulso hombre/mujer. Donde muchos verán irreverencia, otros vemos revelaciones. Y donde muchos verán despropósito y desconexiones, otros vemos coherencia y belleza. Metáforas que ponen la piel de gallina durante dos horas. Y esto es algo que no se ve todos los días en una sala de cine.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. Carmen dice:

    Si la palabra surrealista significa, sin sentido ni lógica ni orden, si, es una película surrealita. Sin contar con la banda sonora, la fotofrafía y algunos efectos especiales, me atrevo a decir que aún habiendo sido merecedora de varios premios, la película no me ha gustado. Me ha resultado aburrida y dispersa.

  2. […] destino puede ser variado, ya lo hemos visto en este festival con filmes tan dispares como El nuevo Nuevo Testamento (Le tout nouveau testament, Jaco Van Dormael, 2015), TAG (Sion Sono, 2015) o Chasuke’s Journey […]

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