MacBeth

Rojo y oro. Pasión y culpa. Deseo y dolor Por Arantxa Acosta

Rojo rabia. Rojo sangre. Rojo furia. Rojo pasión. Rojo ambición. Rojo venganza. Rojo traición.

Rojo dolor.

 

Oro revelación. Oro distinción. Oro poder. Oro osadía.

Oro sentencia.

Rojo y oro, anhelo y culpa, esperanza y orgullo, vida y destino. Los colores que Kurzel identifica apasionadamente en su personal pero fiel adaptación de Macbeth.

La tragedia Macbeth, basada en las “hazañas” del real guerrero y rey escocés de mediados del siglo XI, es por todos conocida: desde que se le aparecen las tres “Hermanas Fatídicas” que le indican cuál va a ser su destino, convertirse en rey de Escocia, el implacable guerrero, empujado también por las ansias de poder de su esposa, hará todo lo posible por no dejar ya nada en manos del azar. Pronto, hombre y mujer se arrepentirán de sus actos, dándose cuenta también de que el sino que se cumple no sólo es el que les beneficia, y la locura se apoderará de ellos.

Kurzel analiza la obra de Shakespeare y destila los dos sentimientos más poderosos que describe la obra, plasmándolos en unas imágenes que potencian el drama de la historia del malogrado tirano, pero no se olvida, además, de otorgar humanidad a los dos personajes. Porque, al fin y al cabo, lo que quería Shakespeare con Macbeth era, precisamente, relatar una historia sobre cómo los pecados del hombre le llevan a su perdición.

Deseo

El deseo por ganar invade toda la obra/película. Ganar en el campo de batalla, ganar el destino prometido, incluso ganar al destino. El filme ya abre, tal y como fue concebido por Shakespeare, con una mezcla de onirismo y realidad que envolverán la vida del guerrero. Mundo espiritual y terrenal, confusos los dos, son aquí plasmados desde la primera escena, la aparición de las tres hermanas, hasta el entierro del hijo de Macbeth y el paso a una batalla inicial que deja sin aliento por su teatralidad, por su slow motion, por unos primeros planos de los combatientes mirando fijamente a la cámara, pero sobre todo por su estratégica luz y color, que resalta en cada momento el motivo del encuadre que quiere destacarse.

En el inicio, niebla y oscuridad serán las escogidas para presentar a un Macbeth invencible, respetado y envidiado.

Macbeth, a veces única luz entre la suciedad del terrero de la batalla, a veces una sombra que se escurre para vencer. De esta forma, falsamente desconectada del avance de la personalidad del personaje, el director ya muestra los dos lados de su protagonista. Es brillante.

macbeth 2

La presentación en cuanto al sentimiento deseo se refiere de Lady Macbeth viene acompañada también de un halo de esoterismo, atendiendo a cómo se recoge el cambio de expresión de Cotillard una vez acaba de leer la carta de su amado esposo, en la que le explica qué devenir le han otorgado las Hermanas Fatídicas. La Lady Macbeth de Kurzel, se agradece, no es la personificación del mal que lleva al hombre a cometer el terrible acto que le dará la corona. No es Eva tentando a Adán. Es, simplemente, una mujer que ve la oportunidad de ver cómo su ambición puede devenir verdad. Una mujer, además, cegada ya por el dolor de la pérdida de su hijo, por lo que se aferrará a cualquier condición que la saque de su desesperación.

A partir de aquí, Kurzel hace avanzar la tragedia de Macbeth atendiendo siempre a remarcar la fuerza de las palabras (guión que no ha alterado el lenguaje de la obra original) acompañándolas al máximo de la representación visual y musical (Jed Kurzel compone una banda sonora que se acopla perfectamente y potencia cada fotograma).

Tenemos entonces en esta nueva incursión cinematográfica de Macbeth un curioso resultado: una densa y paulatina profundización en la mente de los dos traidores, una pesadilla visual tan horrible como fascinante.

Porque eso es lo que generan en el espectador los actos de Macbeth, y su consecuente descenso a los infiernos: horror al ver cómo un hombre recto se convierte en un tirano (rojo), alivio al demostrarnos que se ha vuelto loco (blanco/oro de los aposentos en el castillo, con Macbeth moviéndose sin control, o quieto en mitad de la habitación, del plano, de la nada…).

Dolor

macbeth 3

El trabajo de Michael Fassbender y Marion Cotillard es clave para transformar la opinión del espectador en referencia a los dos protagonistas. Sus rostros reflejan miedo, pesadumbre y locura cuando son, por fin, conscientes de su terrible error. El dolor del final de Macbeth, que se cierra con la fatídica batalla, se enmarca ahora con un color mucho más oro-blanquecino que la ofensiva inicial. Este cambio (de rojo a oro) responde, primero, a la creciente presencia de una niebla que representa la intromisión onírica, la aparición de las tres hermanas, y que debe ahora ya, tras descubrir la evolución mental del matrimonio y en concreto de Macbeth, plantearse como el colofón a una advertencia que ya se indicaba al inicio del filme: su devenir ya está escrito, por mucho que hayan intentado cambiarlo. El triunfo del destino, entonces, se representa en forma de imágenes con esa creciente niebla y humo (de fuego, rojo) que se impone ante los deseos del mortal. Mucha luz y siluetas desdibujadas, es lo que nos mostrará Kurzel.

Ahora Macbeth ya no es el valiente hombre del inicio. Es una sombra de lo que fue.

Por otro lado, el blanco/oro es también salvación, es redención. Es Macbeth muriendo, para tranquilidad de los que le rodean y para su paz interior. Y blanco abunda también en el sacrificio de Lady Macbeth, tanto en la habitación como en las vestiduras de ella y de su hijo. Blanco divinidad para acoger en los cielos a los pecadores, sin resentimiento.

Esta nueva adaptación de Macbeth es un regalo para los amantes de la tragedia de Shakespeare. Es la confirmación de los que defendíamos Snowtown (2011). Y es, además, una esperanza para los cinéfilos, que no saldrán decepcionados de la espectacular adaptación conseguida por Kurzel.

 

TRAILER:

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