Partisan

Abrumadora sutileza Por Arantxa Acosta

Recuerdo que al salir de la proyección de No es país para viejos (No Country for Old Men, Ethan & Joel Coen, 2007), en el baño del cine coincidí con dos chicas mientras nos lavábamos las manos. Una le decía a la otra: “¿pero mata a la mujer o no?”. Y la otra le contestaba, “pues no lo sé, no me ha quedado claro”.

En la escena en cuestión, Javier Bardem va a visitar a una señora. habla con ella un rato y la siguiente escena es él, en el porche de la casa, mirándose la suela de los zapatos. Un buen rato antes había hecho el gesto, similar, para no censurase con la sangre del asesinado. En definitiva, que no hacía falta mostrar cómo disparaba: el mirarse la suela ya explicaba el destino de la mujer.

Partisan me ha recordado a esa escena de la película de los Coen. Y es que es de agradecer que no se sobre explique todo. En esta, unos tapones en los oídos de uno de los protagonistas será suficiente, además del broche a un filme que nos ha dejado boquiabiertos desde los primeros minutos… Pero no es sólo eso: es el planteamiento completo del filme.

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Estamos en el futuro. Lo sabemos por la extraña mezcla ochentena de la vestimenta (el uniforme de las enfermeras, los trajes de baño), poco más. Un hombre visita a las parturientas de un hospital, y conoce al último nuevo nato, Alexander. Once años después, veremos que ese hombre, Gregori, es el patriarca de una gran comuna en la que los niños son entrenados, sin ser verdaderamente conscientes de sus consecuencias, para matar a hombres y mujeres que viven en “el mundo real”. Una comuna que no necesita de grandes decorados para mostrar la distopía que alberga (básicamente la puesta en escena se nutre de la disposición de objetos metálicos cotidianos manufacturados gracias a desechos del mundo que otrora pudo ser civilizado – y que incluso puede seguir siéndolo fuera del bloque de edificios en los que Gregori esconde su particular experimento y fuente de ingresos) y que, sin embrago, consigue que nos cercioremos de que se trata de un futuro muy realista.

Esa es la gran baza de Partisan: sencillez, y sutilidad, para conseguir un mayor impacto en nuestras conciencias.

La historia es la de Alexander, un niño que, gracias a la llegada a la comunidad de otro adolescente criado fuera de la protección de Gregori, se dará cuenta del engaño en el que están viviendo. La pregunta, que únicamente se resuelve al finalizar el filme, es si Alexander será capaz de salir de las invisibles garras del líder…

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Unas garras que iremos descubriendo poco a poco a través de los actos de Gregori, viendo cómo se dirige a los niños y a sus madres; cómo reacciona cuando alguno de los hilos se atreve a llevarle la contraria… un líder opresor, un tirano, un lobo disfrazado de oveja. El líder de un pequeño grupo que esconde, además, una lectura mucho más amplia.

Porque el director, también guionista, muestra en Partisan a través de Alexander cómo el individuo se siente oprimido en una sociedad…

… que ofrece, primero, premios para mantener distraídos a sus habitantes (las pegatinas en forma de estrella dorada que se ganan diariamente si siguen las normas, o hacen bien “los deberes; las sesiones de karaoke – brutales escenas que ponen la piel de gallina, y eso que, simplemente, estamos viendo cómo unos niños cantan canciones ochentenas sobre el amor y lo bonito de estar en pareja, muy alejadas de cualquier realidad que puedan llegar a soñar existe fuera del bloque de edificios en el que habitan), para luego hacer caer toda su ira cuando sus seguidores no siguen las pautas. En este sentido y como avanzábamos, Partisan muestra un pequeño experimento que puede ser extrapolado a nuestra sociedad del primer mundo. ¿O es que acaso el fútbol no es la recompensa de un pueblo incapaz de darse cuenta de que esa es la distracción a una política y gobierno corrupto? Gregori escoge a las mujeres más desvalidas (y, de nuevo, sólo lo sabremos por un diálogo que mantiene con Alexander, cuando empieza a citar algunos ejemplos de cómo encontró a las madres), y utiliza en su beneficio la bondad del ser humano y el miedo a perder sus necesidades básicas para mantener a “su familia” protegida bajo el engaño. A las mujeres, bajo la falsa seguridad de conocer al que lleva la comida a casa, además de proporcionar un techo estable para unos bebés que también se cuida de utilizar para inculcar también a los niños los lazos de la sangre, el sentimiento paternal.

Y es que Gregori, el poder social, apela al sentimiento de familia para conseguir que hagamos lo que no queremos para el bien de nuestros allegados, para el bien de todos.

Partisan es la maldad del adulto en forma de padre protector, es la muestra de cómo piensa el ser humano para sacar todo el beneficio posible. Es la maldad social que se nutre de la inocencia de los más débiles. Es la predicación de un futuro que lamentablemente ya es presentem y pasado, y que atrapa fácilmente seguidores, espectadores. Porque todo ello es conseguido exclusivamente a través de gestos y el adecuado emplazamiento de objetos, o de escenas sencillas pero abrumadoras, mucho más potentes, precisamente, por mostrar evidentes sugerencias antes que filmar y montar todas las explicaciones que hay detrás. Y es que no sabemos el año, no sabemos la ciudad, no sabemos el por qué de los asesinatos, y qué más da. Porque sí sabremos qué hará Alexander. Y no hará falta que nos lo muestren, tampoco. Una interesantísima opera prima.

 

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. Gato Negro dice:

    Que lindo proyecto chicxs, me encantó este post.
    Gracias!!!

  2. Adolfo dice:

    Gran artículo. Me ayudó a entender un poco más de la peli. La recomiendo. Gracias.

  3. Roberto dice:

    En efecto, bonito artículo. Película interesante, sí. La recomiendo.

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