Early Winter, La memoria del agua y Ma

Sueños rotos Por Arantxa Acosta

Early Winter (Rest Home). Director: Michael Rowe. Australia, Canadá, 2015. Venice Days

La memoria del agua. Director: Matías Bize. Chile, España, Argentina, Alemania, 2015. Venice Days

Ma. Directora: Celia Rowlson-Hall. Estados Unidos, 2015. Venice Days.

Cómo encarar una relación. Cómo superar una tragedia. Cómo mantener la felicidad cuando, el sueño, se ha roto.

Cómo vivir, en definitiva, sin estar atrapados por nuestros propios sentimientos y reacciones. Sin malinterpretar, sin aferrarse a un pasado que sólo existe, aparentemente, en nuestra mente. Y es que… ¿es posible seguir adelante, cuando ya no únicamente somos juzgados por los demás, sino por nosotros mismos?

La jornada extraoficial de Venecia 2015 se ha centrado en la relación hombre-mujer, a nivel individual pero también social. Porque por mucho que deseemos ser dueños de nuestros actos, nuestro entorno, nuestra cultura o nuestra educación nos influyen a la hora de encarar nuestras decisiones o, mejor dicho, nuestros miedos. Miedo a quedarse solo, miedo a la muerte, miedo a que si se es uno mismo no seremos aceptados. De esta forma, el Festival ha programado tres filmes que permitirán al espectador reflexionar acerca de sentimientos y reacciones primarios ante estos miedos y los tres, además, haciendo especial hincapié en el papel de la mujer en una relación de pareja (e incluso, extrapolándolo, en la vida del ser humano): Early Winter, con un falso tono objetivo y realista, nos presenta el día a día de David y Maya, un matrimonio de mediana edad con un pasado que sigue martilleando su convivencia. La memoria del agua, que con un planteamiento casi idéntico se desarrolla argumental y técnicamente de forma muy distinta, apelando a nuestras emociones para retarnos a llegar a la misma conclusión que en la anterior. Y un tercero, Ma, el más controvertido, una metafórica performance, hipnótica, que desmenuza la historia de la Virgen María para que recapacitemos sobre el papel de la mujer en una sociedad patriarcal.

Vida y muerte se entremezclan en el día a día de David. Empleado del departamento de mantenimiento en un centro geriátrico, se implica también en el cuidado de los pacientes, intimando con ellos. Allá está bien considerado, todo el mundo le quiere. Pero en casa, todo es muy distinto: es incapaz de seguir los mismos consejos que él mismo da a sus conocidos. La comunicación con su mujer es prácticamente nula, y la distancia entre ellos se palpa en cada fotograma…

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Early Winter

El director consigue desde el inicio representar esos dos mundos en los que David vive. Sin muchas explicaciones el espectador puede adivinar y sentir lo que ocurre, gracias a que Rowe sigue dos principios a lo largo de todo el filme: el primero es intercalar, metódicamente, secuencias en la casa y en el centro, haciéndonos ver cómo se comporta el protagonista en cada lugar, dónde se siente más cómodo. El segundo es maximizar las escenas de la pareja con las que el espectador pueda sentirse identificado, para maximizar, a su vez, el mensaje de la película. De hecho, corta el encuadre por debajo de las caras de los protagonistas en momentos decisivos del filme para potenciar precisamente eso, consiguiendo con esta sencilla decisión adentrar al espectador en el argumento, en unas situaciones que podemos ver reproducidas en nuestra propia casa cualquiera de nosotros. Si le añadimos que mantiene a cada protagonista en un mismo plano pero a distintos niveles o profundidades de campo cuando no están juntos para realzar ese distanciamiento (que se ve agravado a medida que avanza el filme y conocemos, sólo un poco más, qué les ha hecho llegar a esa situación)… la conexión emocional es una realidad.

Ahora… ¿con quién sentirse más identificado? Rowe solventa también este problema: hablábamos de falsa objetividad, y en verdad el director juega con nuestra percepción de los eventos.

Si bien centra su mirada en David, consigue que no empaticemos del todo con él, gracias al planteamiento de la evolución de los eventos. De esta forma, cuando en un inicio Maya parece ser la distante, la que está destrozando la armonía del hogar con su fría y egocéntrica actuación, Rowe insta al espectador, mediante la concatenación de un par de sucesos y siempre y todavía desde la perspectiva de David, a que se replantee su visión. La mujer pasa de ser considerada la “mala”, a ser la que vela por mantener la familia. ¿Qué hará David, sabiendo todo lo que han sufrido ya juntos?

Pero el pasado no es lo importante en Early Winter. Si algo quiere mostrar la película es la cotidianidad, lo importante que es superar la rabia para que podamos disfrutar de la vida. Así que para hablar de la futilidad de la muerte en una vida que debemos hacernos nuestra, si no queremos amargarnos; de la necesidad de confiar en los demás tal y cómo ellos confían en nosotros; de lo inútil de mostrar dudas hacia los actos de los que queremos… no hay nada mejor que retratar fielmente cada movimiento, cada gesto, cada respuesta… igual que en un día normal. Que en nuestro propio día a día. No hay nada más revelador que la imagen, tan pausada como realista, de lo que hacemos continuamente: vivir. Porque eso es lo único que perdurará: el recuerdo de una vida hecha a base de sumar diálogos, gestos. De nosotros depende el superarlos y rememorarlos positivamente. Y Rowe lo muestra, sin necesidad de remarcar sus intenciones con efectos o técnicas estrambóticas. Lo único que ha necesitado ha sido el disponer de dos buenos actores.

Algo muy contrario al acercamiento que realiza Matías Bize con su pareja protagonista. El director plantea al espectador el mismo problema y con una misma situación de partida que Early Winter, pero opta por querer llegar a hacerle reflexionar desde el sentimiento. Así que si la anterior nos conducía a la reflexión meditada a medida que avanzaba el filme, ésta pretende abocarnos a la llorera desde las primeras imágenes y, por encima de todo, desde los primeros acordes de una música compuesta exclusivamente para influenciar en el ánimo del espectador. Y cuando una película necesita, aparentemente, subrayar sus imágenes con música melancólica a todo volumen, es que algo no funciona…

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La memoria del agua

La memoria del agua me ha traído a la mente el mensaje más importante que Del revés (Inside out, Pete Docter, Ronaldo Del Carmen, 2015) quería trasmitirnos: no negar la nostalgia. No negar el dolor.

Así que contra todo pronóstico, y más pasados dos tercios del filme, Bize utiliza al personaje femenino para reivindicar algo que Early Winter niega: no hay que alejar los sentimientos que produce recordar un pasado aterrador. Es mejor revivirlo para que los sucesos no vuelvan a morir.

¡Ah! Interesante reflexión: ¿es mejor regocijarse en el propio dolor para no olvidar a los seres queridos, aun cuando eso implique negarse a uno mismo, de nuevo, la felicidad? ¿No hacerlo significa ser mala persona? ¿Sentir nostalgia debe ser sinónimo de sentir dolor?

La decisión de Amanda, una Elena Anaya que se convierte en la columna vertebral y salvavidas de un filme demasiado común, es la que impactará en un espectador que deberá decidir (o mejor dicho autocuestionarse) cuál sería la suya propia. Madurar, seguir adelante solo o acompañado, o volver a refugiarse en el calor paterno, querer volver a sentirse un niño, volver a sentirse protegido por unos padres que nos echan tan de menos como nosotros a esos años en los que “responsabilidad” era una palabra desconocida.

A diferencia de Early Winter, La memoria del agua presenta la visión de los dos protagonistas, siguiendo a cada uno de ellos en sus nuevas vidas. Una solución mucho menos arriesgada que la de Rowe, claro, aunque obviamente más explicativa, si es lo que busca el espectador. En definitiva, nos encontramos ante un filme ya visto. Desde aquí sólo podemos recomendar La puerta (Die Tür, Anno Saul, 2009), que partiendo exactamente del mismo drama, muestra al espectador cómo sobrelleva y supera la tragedia cada miembro de la pareja. Eso sí, es ciencia ficción pura y dura. Pero al menos es una forma muy distinta de encarar un drama al que estamos acostumbrados, al menos en este formato.

Y llegamos a la sorpresa del día, Ma.

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Ma

Ma presenta a una chica, ¿María? en el desierto, que es recogida por un cowboy que se prenda de ella y que la trasladará a un motel, en el conocerá a otras personas. A partir de aquí la directora y protagonista desmenuzará el sentido de la existencia de María, de la existencia de la mujer, para mostrar cómo se ve ella misma en el mundo y cómo siente la ven los demás. Y, por supuesto, cuál es su reacción ante ello. Todo esto a través de imágenes que incluyen agua, arena, bailes, violaciones, romanticismo, prostitutas, niños… un sinfín de situaciones racionalmente ilógicas que esconden múltiples interpretaciones. Tantas como la cantidad de simbolismos utilizados.

Sin un diálogo, Ma es pura expresión visual, obviando en todo momento una sola imagen que signifique lo que nuestros ojos procesan.

Una puesta en escena impecable nos obliga a fijarnos continuamente en todos los detalles para intentar comprender, como mínimo, una parte de la historia y otorgar una interpretación plausible. Porque la mujer es María, pero es cualquiera de todas nosotras. El hombre es José, pero es cualquiera de nosotros… Personas con una personalidad más o menos fuerte, pero débiles ante una sociedad (representada por un grupo de hombres ataviados cada uno de ellos con atuendos que simulan estatus sociales: empresarios, policías, militares…) que sin duda representa al primer mundo y, en concreto, a Estados Unidos (por alusiones posteriores. Bueno, por el canto de una niña que protege a un bebé…). Personas pisoteadas, infravaloradas y con las manos atadas frente a muchas de las injusticias que se desprenden de una sociedad machista pero que se ven alimentadas por una mujer que se ha protegido con esa defensa para escudarse ante tal maltrato durante años, siglos. Así que si hablábamos en la introducción sobre el reaccionar ante el hecho de ser juzgado por nosotros mismos, en Ma vemos una escena que resume esto, a colación sobre la posible interpretación sobre un entorno machista: la chica se corta el pelo, se viste como su “novio” y obliga a la señora de la limpieza a hacerle una “felación”, mientras un niño observa la trágica escena. Sencillamente brutal: la mujer queriendo sentirse hombre, la mujer comportándose como uno de ellos para saber qué se siente, para encajar. La mujer, convirtiéndose en algo que no es, y reaccionando posteriormente ante ello.

El filme requiere de un segundo (y tercer) visionado para poder comprender todo el relato, pero lo que sí es seguro es que no dejará a nadie indiferente. La recomendación, por supuesto, es dejarse llevar, como mínimo, por las hermosas imágenes conseguidas para un filme que, ante todo, es una obra de arte.

TRAILER La memoria del agua:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] Acosta ha escrito para Cine Divergente que con Early Winter (2015), realizada por Michael Rowe, “sin muchas explicaciones” y […]

  2. […] rotos. Matrimonios a la deriva (Early Winter, La memoria del agua, Anomalisa, Per amor vostro – Giuseppe M. Gaudino, 2015); pasados que […]

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