Everest

¿Por qué?, o la motivación del ser humano a la hora de encontrar la felicidad Por Arantxa Acosta

“¿Por qué?”. Esa es la pregunta que hace el periodista que acompaña a la expedición en la que se focaliza Baltasar Kormákur, a la que seguiremos en su objetivo. El por qué cuya respuesta es tan ansiada por un espectador que no conoce esa necesidad de superación física, o simplemente tiene miedo, u obligaciones, que le impiden lanzarse a la aventura. Pero también por todos aquellos que sí saben lo que significa situarse a uno mismo en el límite de sus capacidades, y salir victorioso. Aquellos que buscan la camaradería que sienten cuando están allá arriba, el sentimiento de ser invencible. Conseguir lo que otros no han podido, y no harán nunca. Y, de hecho, el filme retrata que a algunos les cuesta responder a la simple cuestión. ¿Es que no hay una respuesta, o ésta es demasiado evidente? Quizá sí. Pero lo que esperamos de Everest es que nos lo explique, a todos. Que nos haga sentir. Buscamos que nos dé la respuesta que nos descubra la potente sensación que hace que muchos no duden en poner su vida en peligro.

Y la película lo hace. La respuesta de uno de los protagonistas acalla nuestras dudas: “Porque puedo hacerlo”. Es una de las contestaciones de alguien que volvió a intentar alcanzar la cima por tercera vez. Y lo consiguió. Y fue feliz. Aunque no bajase.

Todos tenemos un por qué por el que luchar. Todos tenemos motivos para justificar nuestros actos. Everest se encarga de descubrirnos la sensación, y justificaciones, de la expedición que subió en 1996.

 everest 3

Pero, contra todo pronóstico (y más en el caso de un blockbuster que se nos antoja demasiado “prefabricado”), no se regocija en esos sentimientos. El filme no pretende encumbrar a los integrantes de la expedición de forma heroica. No necesita hacer un retrato nostálgico, por mucho que algunos diálogos, inevitablemente, apelen a la épica del momento. Y eso es lo que más se agradece en una película que busca la complicidad con el espectador desde el sosiego, desde la objetividad de lo que parece que ocurrió aquel fatídico 10 de mayo.

Porque no se incluyen caídas de precipicios que se alargan en el tiempo, ni flashbacks que nos ayuden a conocer a los protagonistas en su día a día fuera del reto que les ocupa, con el fin de retener nuestra atención, de tener “favoritos” y sufrir junto a ellos. Sólo en una ocasión se utilizará un recurso por el estilo, y está plenamente justificado. Así que el director plasma fielmente, o al menos eso se desprende, cada hora que pasaron perdidos en el infierno blanco, no sin antes presentar a cada uno de los integrantes, sus motivaciones, y su carácter, para comprender mejor el destino de cada uno de ellos.

Así que Everest es más ¡Viven! (Alive, Frank Marshall, 1993) que Máximo Riesgo (Cliffhanger, Renny Harlin, 1993), y no únicamente por estar las dos basadas en hechos reales.

Everest pone de manifiesto la capacidad del cuerpo, pero sobre todo de la mente humana, de superar cualquier obstáculo antes de abandonarse sin rematar cabos sueltos, que pueden ser de muchos tipos: desde el darse cuenta de que la familia es lo realmente importante, o que debe hacerse todo por el equipo; el poder escuchar por última vez la voz de tu amada, o el poder despedirse sin sentirse solo. Y lo hace, como la de los noventa, sin juzgar. Pero también presenta la montaña como el verdadero peligro, con unos planos impresionantes, realzados vagamente con un 3D que, francamente, no era necesario. Y menos para las escenas iniciales…

everest 1

Todo un elenco de famosos y celebridades, capitaneado por el cada vez más omnipresente Jason Clarke, se ponen al servicio de un director con bagaje en films de acción. Un amplio grupo de reconocidos actores desaprovechado para la ocasión, pero que sin duda da un caché inigualable a una película que posiblemente necesita de esa carta de presentación para arrastrar inicialmente a mayor cantidad de público y, no obstante, seguro que el boca-oreja hubiese funcionado muy bien. Porque más que sus actores, Everest puede triunfar en taquilla por la potente historia que relata.

Everest es, entonces, la historia sobre un grupo de personas que quizo alcanzar su sueño, un sueño ansiado por muchos. Y terminó de forma irregular. Así que seguimos con el titular del primer día en Venecia 2015: Sueños rotos. Pero si algo queremos destacar es que ya con el texto introductorio se pone de manifiesto quizá el hecho más escalofriante que denuncia Everest sin ser su intención (¿o sí?): desde finales de los años ochenta se pudo empezar a hacer excursiones pseudo-amateurs a la cima más ansiada, acompañados pro especialistas pertenecientes a empresas que empezaron a proliferar para la ocasión. El film no condena en ningún momento este hecho, pero no se nos puede escapar que el triste final de esta expedición no puede compararse a la de los de ¡Viven! Aquellos se encontraron con una fatalidad producto de la naturaleza. Estos, son conscientes de que tienen muchas posibilidades de encontrarla, y aún así su pasión les empuja hacia adelante. No, que no parezca que estamos juzgando. El hombre, con su capacidad de supervivencia y de superación, es capaz de conseguir lo imposible. Eso es lo que Everest remarca… pero con matices. Porque el hombre sigue sin ser Dios, y la Naturaleza está ahí para recordárnoslo.

TRAILER:

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone