Rabin: the Last Day y Interruption

La realidad, una tragedia griega Por Arantxa Acosta

Rabin: the Last Day. Director: Amos Gitai. Israel, 2015. Venezia 72

Interruption. Director: Yorgos Zois. Grecia, 2015. Orizzonti

La guerrillas en la África de Fukunaga (Beasts of No Nation, 2015). Los trastornados marines americanos de Dito Montiel (Man Down, 2015). El recuerdo de la Segunda Guerra Mundial a través del arte que plantea Alexander Sokurov (Francofonia, 2015)… Varios son ya los filmes que tratan sobre la Guerra seleccionados en Venecia 2015 que hemos podido ver. Y en la sexta jornada de Venecia 2015 destacamos dos más: el conflicto israelí-palestino de la mano de Amos Gitai con Rabin: the Last Day, y, tangencialmente, la visión ficción/realidad que nos trae Yorgos Zais con Interruption, idea que el propio director extrajo a partir del suceso de Octubre de 2002 en el que un grupo de chechenos armados entró en el Teatro de Moscú y tomó a los espectadores como rehenes.

Historia y literatura. Guerras y tragedias griegas. No aprendemos por mucho que repitamos cíclicamente los mismos errores.

Amos Gitai vuelve a Venecia tras presentar hace justo un año Tsili (2014), su íntimo homenaje a las víctimas judías de la Segunda Guerra Mundial. Y lo hace, de nuevo, con un personal y encubierto homenaje, ahora en torno a la figura de Rabin, en el que el director parte de material de archivo para escenificar los acontecimientos del fatídico 04 de Noviembre de 1995 que truncó la esperanza de paz en el país.

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Rabin: the Last Day

La vida es un teatro, y los hechos históricos, un drama. Una tragedia griega. Así que Gitai reconstruirá en Rabin: the Last Day tanto el asesinato, mezclando magistralmente imágenes reales y recreación introduciendo la cámara desde la plaza exterior hasta el interior del coche que traslada al moribundo Primer Ministro en un falso plano secuencia memorable, como la investigación policial e interrogatorios. Y para esta parte parece que nos encontremos ante el escenario de la vida: Gitai nos guiará avanzando en los acontecimientos principalmente desplazando su cámara dentro de un mismo espacio, en el que se han recreado despachos, archivos, tribunal del Comité investigador… un mismo lugar físico como metáfora de que la conexión de cualquier avance en el conocimiento de la verdad puede guiarnos, de nuevo, a comprender que es necesario colaborar y luchar por la paz. Una paz que defendió Rabin hasta el día de su muerte.

Pero Gitai no desaprovecha la oportunidad para recrear, también, las discusiones del “enemigo” y poner de manifiesto que es imposible pensar que se trató exclusivamente de un asesinato perpetrado por un fanático. La conspiración política sobrevuela constantemente el film hasta hacerla evidente (señalando directamente a un importante rival de Rabin), ya sea con la recreación directa de sermones de rabinos, o con la presentación de los hechos contrastados que los investigadores presentan al Comité (la exponencial concentración de personas en los terrenos de Gaza, etc.). Mezclando estas interpretaciones con imágenes reales de manifestaciones en contra del gobierno de Rabin, el director posiciona completamente a un espectador que, no obstante, ya acude a la sala pensando en la necesidad de entendimiento entre los dos ancestrales rivales.

Todas las imágenes de Rabin en Rabin: the Last Day serán de archivo. El respeto de Gitai hacia su persona le obliga a no sentirse capaz de pedir a un actor que pronuncie ninguno de sus discursos.

El asesino, no obstante, sí es interpretado de forma que el odio por el trabajo de Rabin sea evidente. No faltan tampoco las recreaciones de quienes confabulan para acabar con el dirigente, destacando cómo retrata Gitai a la psicóloga que diagnostica esquizofrenia a Rabin: como a una loca inestable. Es con estas decisiones con las que el director demuestra, de forma sutil pero sin esconderse, un posicionamiento real que todos imaginábamos. Rabin: the Last Day termina por ser una denuncia clara hacia los que perpetraron el asesinato y, en consecuencia, zanjaron el proceso de paz tan necesario en Israel, pero también una llamada al entendimiento.

De la escenificación del asesinato del primer ministro, pasamos a la representación de otro asesinato: el de Clitemnestra, madre de Orestes. llegamos a la fabulosa  Interruption.

Zois, como avanzábamos al inicio, parte de un suceso real: un grupo armado tomaba un teatro en Moscú. Cientos de personas que estaban siendo retenidas pensaban que el secuestro formaba parte de la obra. Interesante: tan real, que debe ser figurado. Pero, como defiende Interruption, ¿no es verdad que la ficción nutre nuestra realidad? El arte convertido en verdad. La verdad… Irreal.

Un escenario. Unos actores, y su público.

Una realidad, nuestras vidas, y nuestro entorno.

¿Hasta qué punto todo está ya definido? Cuál es nuestro grado de culpa, de no querer salir de lo ya establecido? Nos excusamos en guiones ya escritos, en literatura, en la historia, para no cambiar. Porque así al menos ya conocemos el resultado.

Zois traslada el suceso a un teatro de Atenas, y lo acompaña con la representación, cómo no, de una tragedia griega. Porque qué es una tragedia sino la fusión entre mitos y acción. Entre fantasía, rituales, y actos humanos.

La excusa de Interruption es deconstruir la realidad a través de la obra literaria y su representación. Demostrar su lógica irracionalidad, a través de la famosa obra de Euripides, Orestes.

Orestes, acusado de asesinar a su madre, espera la resolución del juicio, el voto del pueblo.

Orestes, representante de toda una sociedad que debe ser juzgada. El jurado, nosotros mismos. Porque en la obra asediada, se permitirá al grupo, al público, escoger el nuevo final, el destino del pecador. Mitología y realidad se confunden, mostrándonos cómo, muchas veces, el arte, lo que ya ha sido escrito, los actos pasados, influyen en nuestros actos futuros (“he venido a ver el asesinato de la madre de Orestes, es un mito, no quiero cambiarlo”). ¡Ah! La fuerza de lo conocido, el miedo al cambio. Somos más felices si repetimos nuestros errores.

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Interruption

Así que Interruption parte, como en Moscú, de una realidad: mientras, respectivamente, espectador y público asistente contemplamos la vanguardista versión de Orestes, un grupo, autodenominado El Coro, accederá a la sala. ¿Forman parte de la obra? Zois, en verdad, no lo clarifica. El portavoz tomará el micrófono para dar las instrucciones. Pedirá “voluntarios”, representantes de distintos estratos sociales que amablemente serán acompañados al escenario. Abogados, directores de escena, desempleados. Hombres, mujeres, niños. Todos tenemos opinión, y voz. Si no la utilizamos, y no nos imponemos, es nuestra culpa si no nos gusta nuestro presente.

Los “voluntarios” seguirán las instrucciones del portavoz. Al principio como un juego, luego, coaccionados, hasta que se vean tan metidos en sus roles que se tornan incapaces de deshacerse de sus roles. Individuo y sociedad en la que ha sido encasillado. Y el público, claro. Personas que nos rodean y no interfieren en nuestras vidas. Pero nos juzgan, si se lo permitimos.

Así, Orestes avanza, con la opción de ser una tragedia reescrita con la ayuda de todos. Pero dejarán, dejaremos, pasar la oportunidad.

Interruption no saldrá del teatro para explicar nuestra contemporánea realidad. Tiene sentido: si la vida es teatro, el avance de nuestras vidas pues mostrarse en un escenario. Distintos puntos de vista, distintos enfoques. Pero un mismo escenario y patio de butacas. Sólo saldrá de esa puesta en escena para mostrar la soledad que hay más allá de lo que ocurre sobre las tablas. Viendo la acción desde las impersonales y frías pantallas de los vacíos pasillos, o escuchándola, casi a escondidas, a través de los altavoces instalados en los baños. Como demostración de que caso no hay nada más allá de nuestras decisiones. De que el resto del mundo no va a intervenir, que que nadie va a venir a ayudarnos. Un entorno en silencio para acompañar la triste y violenta realidad que nosotros mismos permitimos siga avanzando indemne.

¿Qué es es escenario? La verdad, la realidad. Los actores, los que conocen la obra, aquellos que conocen la verdad y a los que les gustaría luchar, pero tienen demasiado miedo para hacerlo. Lo mismo en lo que se acaba convirtiendo el público subido a escena, que se funde su individualidad, su identidad, con la del grupo. El público coaccionado Y El Coro, el gobierno, las reglas sociales.

Y cuando no sabemos como continuar, cuando no se nos hace caso, cuando estamos desesperados… Deus ex machina y catarsis colectiva. Grande ahí, Zois.

¿Qué es Interruption? Es el traslado de la vida, y nuestras decisiones, al escenario. El traslado del escenario a nuestras vidas. Para que seamos conscientes de nuestros errores, para que nos demos cuenta de que el destino no está escrito, por mucho que nos empeñemos a ponerlo de excusa. Pero también es la demostración de que nos movemos en ciclos. De que no queremos salir de nuestro espacio de confort, repitiendo los mismos actos y errores continuamente. Quizá porque, al menos, conocemos su resultado.

Interruption, finalmente, es el uso del formato cinematográfico como esencia de su finalidad: mostrar sueños y realidad. Desde el minimalismo, desde el concepto. El cine como arte de expresión, de reflexión, de comunicación, de información, de denuncia. De llamada, en definitiva, a pensar, a imaginar. Y el cine griego, en concreto, todo un estandarte, un movimiento revolucionario.

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] les acompañará otro director de larga trayectoria como Amos Gitai, del que podrá verse Rabin, the Last Day, mientras Tsili, su anterior film, sigue siendo invisible en nuestro país.Y ya que hablamos de […]

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