Toni Erdmann

El lado absurdo de la vida Por Carlota Ezquiaga

Toni Erdmann no es Toni Erdmann. Toni Erdmann es Winfried Conradi y, en cursiva, Toni Erdmann es la película alemana dirigida por Maren Ade que ha recibido el premio FIPRESCI 2016 en el Festival de San Sebastián, además de ser presentada dentro de la sección Perlas.

Winfried (Peter Simonischek) e Ines (Sandra Hüller) no tienen mucho en común, aparte de ser padre e hija. Él es un profesor de música en un pueblo alemán que dedica su tranquila existencia a hacer bromas, y ella es una ejecutiva de éxito en Bucarest con poco tiempo para nada que no sea su trabajo.

Él bromea con que un día le visitará sin avisar. Y después se presenta en su apartamento de Bucarest con una maleta: “Me he cogido un mes”.

Winfried está completamente fuera de lugar en el contexto de Ines. Ella, obsesionada con su trabajo, se avergüenza de él y de sus bromas absurdas. Pero encuentran una manera de que Winfried encaje: cuando adopta la identidad de su alter ego Toni Erdmann.

Toni Erdmann

Toni Erdmann es una comedia con sabor amargo. Peculiar –¿rara?– y divertida, tiene un par de escenas realmente memorables; es difícil no soltar una carcajada en alto en determinados momentos.

Los personajes no son nuevos: una workaholic que “se pierde lo verdaderamente importante” y una versión algo especial del padre que se siente fuera de lugar con sus propios hijos, las nuevas generaciones que se han ido a la gran ciudad y han mejorado su nivel de vida. Podría ser otra comedia naif y buenista, pero es en su ejecución donde Toni Erdmann se convierte en algo especial.

La cámara al hombro refuerza la naturalidad y el realismo de la película, que ya consiguen el guión y los actores. Peter Simonischek y Sandra Hüller encarnan con carisma a ese señor zarrapastroso y excéntrico y a esa chica seria de cara tan diferente.

Contra el cinismo, humor absurdo. Así se mueve Winfried por la vida. Y no termina de encajar en la vida de su hija, tan seria y responsable. Cuando más a gusto se siente es, precisamente, con los obreros que ella va a tener que despedir. Y les da un consejo, que es su propio lema vital: no perder nunca el sentido del humor.

Toni Erdmann 2016

Siempre está bien romper una lanza a favor de no tomarse la vida demasiado en serio, pero en Toni Erdmann subyacen otros temas. Por ejemplo, la película consigue poner en evidencia el machismo (especialmente en el ámbito laboral) de forma muy efectiva. Sus compañeros no dejan hablar a Ines o vuelven a explicar lo que ella acaba de decir, pero con “más autoridad”; uno de sus jefes le pide que “saque de compras” a su mujer, o le llegan a insinuar que “tiene encantos de sobra” para utilizarlos con un cliente. “Si fuera feminista no trabajaría contigo”, le dice riendo a su jefe: quiere entrar en el club de chicos que es su empresa.

Hay también un componente de comentario social: en una élite empresarial de Rumanía de extranjeros o jóvenes nacidos en el país que están muy preparados pero que aspiran a salir de Rumanía, se oyen comentarios como “Los países con clase media me relajan”.

Aunque Winfried es el personaje más excéntrico, con sus bromas pesadas y sus dientes postizos siempre en el bolsillo, su hija es la verdadera protagonista. Es Ines quien sufre una transformación durante la película. Winfried es el detonante que le hace despertar y, si no cambiar de vida, sí de perspectiva. Porque Toni Erdmann no es una fábula. Ines no cambia por arte de magia, no deja su trabajo y encuentra repentinamente el amor. Simplemente tiene una especie de liberación, que está representada en una escena hilarante y maravillosa.

Lo mismo ocurre con la relación padre-hija. Consiguen, más o menos, llegar a comprenderse, pero no sufre un cambio radical. El único momento en que Ines es capaz de dar un abrazo verdaderamente sincero a su padre es cuando él lleva puesto un disfraz de monstruo peludo de dos metros. Y esa escena es una imagen que no es fácil de olvidar, una especie de homenaje a Donde viven los monstruos (Where the Wild Things Are, 2009) para adultos que toca alguna fibra sensible.

 

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. Ana dice:

    Spoilers. Toni Erdmann es todo lo que se comenta aquí, la vida frenética laboral nos hace perder por momentos el sentido del humor y Toni Erdmann es un toque de atención, somos algo más que trabajadores o personas ocupadas, algo que ya te dá la pista al comienzo, cuando el chico que visitaba a Winfried para que le diera clases de piano, lo dejaba por falta de tiempo, es esa falta de tiempo para uno mismo, la que nos produce infelicidad e insatisfacción personal.
    La protagonista, indiscutiblemente Ines, tal y como se comenta aquí, sufre una catarsis, un antes y un después. Tras la muerte de su perro, su padre decide por fín visitar a su hija por unos días, no le gusta lo que ve, la infelicidad de su hija le hace quedarse y ayudarla en esta transición como mejor sabe, le costará acercarse a ella pero finalmente Ines comprende que su padre, un hombre adicto a las bromas, no está tan equivocado en su manera de afrontar la vida y que la vida es muy efímera como para tomársela tan en serio, así mismo también se toca el machismo en la vida laboral tal y como se comenta en esta crítica, sin duda Toni Erdmann es un acierto, un retrato social en el que acompañamos a su protagonista en su liberación personal.

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