On the Other Side y A Good Wife

A vueltas con el pasado Por Bea González

On the Other Side (S one strane, 2016). Director: Zrinko Ogresta, Croacia.

A Good Wife (Dobra zena, 2016). Directora: Mirjana Karanovic, Croacia

A veces te encuentras con películas en los festivales que le dan sentido a los kilómetros que recorres para llegar a ellas. Por imposibilidad de verlas si no es en esas circunstancias, aunque esto hoy en día es cada vez menos habitual (si bien tengo en mente dolorosas excepciones), o principalmente por un tema de contexto, tanto externo como interno, con el que dicho visionado interactúa quedando para siempre almacenado unido a una coordenadas espacio-temporales muy concretas y especiales.

Con la oportunidad de ver la última película de Zrinko Ogresta, hace unos días en Sarajevo, se cumplió la segunda de las posibilidades, y cruzamos los dedos para que no se cumpla también la primera, ya que le deseamos un amplio recorrido por festivales, muestras y demás espacios del circuito alternativo de exhibición cinematográfica.

On the Other Side, el séptimo trabajo del director croata, vuelve a ahondar en una manida temática en las cinematografías de los países de las ex-repúblicas yugoslavas: los conflictos bélicos que las asolaron durante los primeros años 90’s y sus consecuencias sobre las condiciones y modos de vida actuales. Y aquí podríamos abrir un paréntesis, con el riesgo que ello supone de perder rumbo, y obviando que lo anterior se ha erigido como un interés personal restringido (al modo casi autístico) de un tiempo para aquí, preguntarnos cuál es el sentir de los protagonistas sobre su propio bagaje cinematográfico. Y es que durante los 9 días de festival asistimos tanto a la legitima y entusiasta reivindicación de varios directores, y productores, de su necesidad de hacer otro tipo de cine, como al Q&A posterior de la película que tenemos entre manos en el que un, increíblemente lúcido y emocionado, Ogresta reivindicaba la necesidad de volver, a través de lo fílmico, a la temática del conflicto en toda su crudeza, como forma de continuar avanzando (en paralelo a otras vías se entiende) en un doloroso proceso colectivo, que el también reconoció como personal, para integrar al no hace mucho tiempo enemigo bajo otros parámetros que posibiliten un futuro más esperanzador para la región. Dos posiciones muy diferentes, escuchadas de la mano de directores, eso sí, alejados generacionalmente debo apuntar, que no pueden hacernos olvidar tampoco, algo que no se cansa de apostillarme mi compañero de aventura bosnia, que quizás no estemos teniendo acceso al panorama completo de cuál es el cine que se hace mayoritariamente en la región, ni de las afinidades del público local, y del que el festival, y los entusiasmos colectivos durante el mismo, tal y como ocurre en nuestras coordenadas geográficas, no deja de ser una muestra sesgada.

On the other side

On the Other Side

On the other side, una coproducción con Serbia presentada este año en Berlín en la sección Panorama y que ha arrasado en el festival de Pula (el más importante del territorio croata), nos sitúa en la Croacia actual, concretamente en su capital, Zagreb, 20 años tras la firma de los acuerdos de Dayton que trajeron consigo el fin del conflicto bélico en la antigua Yugoslavia. Vesna (Ksenija Marinković) es una mujer de mediana edad, cuyos días transcurren ajetreados entre su trabajo como enfermera domiciliaria y sus hijos, ya adultos, pero que, como a toda madre, le traen de cabeza: Vlado (Robert Budak), padre de un niño pequeño, pero del que ella sospecha esperando un hijo de su compañera de oficina; y Jadranka, interpretada por Tihana Lazović (The High Sun, 2015), prometida con un chico que no despierta las simpatías de su hermano y que no acaba de encontrar trabajo tras su reciente licenciatura en leyes. Ogresta se detiene en presentarnos la cotidianidad de Vesna como una sucesión de patrones y rutinas por los que la vemos deslizarse cuidadosa y serena, pero también hermética. La utilización frecuente por parte del director de marcos, cortinas, puertas y otros objetos a través de los cuales vemos solo una versión recortada de Vesna transmite al espectador la sensación de observador indiscreto de una intimidad que, cuando nuestra protagonista se queda a solas, en su expresión, intuimos incompleta. Una noche como cualquier otra el sonido del teléfono interrumpe el silencio de la casa y una voz masculina al otro lado se identifica como Zarko, congelando la expresión de Vesna y haciendo añicos la rutinaria estabilidad construida piedra a piedra durante años tras establecerse en la anónima Zagreb. Zarko, interpretado por Lazar Ristovski, pero al que apenas veremos en pantalla, su aún marido, padre de Vlado y Jadranka, ex militar del ejército popular yugoslavo, condenado en la Haya por crímenes de guerra, ex-convicto recientemente liberado, llama desde algún punto de Serbia, tras 20 años sin oír su voz interesándose por ella y los chicos. No hace falta saber demasiado sobre la historia que hay detrás, en algún momento hace más de 20 años y ante la proclamación de la independencia de Croacia y el inicio de las hostilidades, Zarko, oficial del ejército nacional, y serbio, que vivía junto a su familia en la pequeña localidad croata de Sisak tomó la decisión de continuar la lucha “en el otro lado”, dejando a su familia atrás y en una situación muy complicada.

La irrupción de Zarko en la apacible vida de Vesna despierta el conflicto con sus hijos, quienes aún sufren el estigma de su apellido (Ogresta nos muestra como esto interfiere en las posibilidades laborales de Jadranka o cómo Vlado teme por la identidad de su propio vástago) y se muestran tajantes con cual debiera ser el destino de su padre (“si se preocupara por nosotros se suicidaría“), y consigo misma, porque desde una primera respuesta lacónica asistimos a un complejo proceso emocional, maravillosamente mostrado por Marinković y posibilitado por el cuidado guion conjunto de Ogresta y Mate Matisic, de quiebra emocional de Vesna (y de las propias certezas del espectador) a medida que las llamadas se repiten y los momentos de compartida intimidad entre ambos esposos se rememoran.

On the other side 2016

On the Other Side

No será ésta la única virtud de On the Other Side porque sin poder contar nada más a partir de aquí, por respeto al lector, la película esconde en sus entrañas, cual muñeca rusa, un calculado thriller psicológico, construido minuciosamente a partir de detalles y que juega a las mil maravillas con el suministro a pequeñas dosis de la información, dejando por el camino pistas para el espectador más atento, y que culmina con uno de los planos finales más heladores, por todo lo que implica a nivel de trauma individual y colectivo, que hemos tenido la fortuna de contemplar en un cine en los últimos tiempos.

De una complejidad psicológica en la construcción de personajes apabullante, e impecablemente interpretada, la película se configura como un ente vivo en constante movimiento que atrapa al espectador obligándole a acompañar a su protagonista en su propio proceso de repensar y resituarse ante un pasado compartido con un atento esposo y a la vez criminal reconocido responsable de atrocidades, impensables en tiempos de paz, que es a la vez el pasado de toda una región, y para la que Ogresta reclamaba después de la proyección, la oportunidad de continuar valorando la posibilidad del perdón.

a good wife

A Good Wife

Mucho más fácil, y ya masticado, nos lo pondría y entregaría unos días después Mirjana Karanovic con su debut detrás de la cámara, A Good Wife, y al que inevitablemente, por razones argumentales, no pudimos enfrentarnos sin tener presente el film de Ogresta. Como en la película del director croata, en este caso Karanovic, reconocida actriz serbia, habitual en su día de Kusturica y con papeles ya inolvidables para el espectador conocedor o no de la filmografía regional (como el de Esma en Grbavica, 2006), nos coloca también en la piel de una mujer de mediana edad, interpretada por la propia directora, que hará de hacer frente en un momento determinado a dolorosos acontecimientos del pasado reciente de la región. Aquí la protagonista, Milena, reside junto a su marido y dos de sus hijos, ya en la primera juventud, en una casita unifamiliar, de aspecto más que acomodado, en las afueras de una pequeña ciudad no muy lejos de Belgrado. Afanada ama de casa, son varias las ocasiones en las que la vemos ensimismada en raptus de frenética entrega a la limpieza, solícita esposa, en el ámbito íntimo y social, y madre. Karanovic nos presenta una familia de estructura clásica, con Milena relegada un rol secundario de soporte al resto de miembros de la misma, y de sumisa resignación ante lo que parece un conflicto irresoluble entre su marido, Vlado, y su hija mayor, Natasha, de enfrentados posicionamientos sobre la situación del país y su política respecto a los crímenes de guerra, posiciones antagónicas que quedan además reflejadas en los debates televisivos que ocupan el prime time cada noche en el televisor de la casa familiar. Con toda su apacible rutina girando en torno a un marido fiel (no como el de su amiga) y eficaz en lo que es el suministro de bienes, un atractivo físico que empieza a mostrar el paso del tiempo, pero que aún resiste, y una vida social que de tanto en tanto la pone en relación con las ruidosas parejas de los ex-compañeros de Vlado en el ejército, Karanovic nos desliza pausadamente en la rutina de Milena hasta que dos imágenes, una en una mamografía y otra en una vieja cinta casera de video de Vlado olvidada en un cajón de la cómoda, hacen que todo lo hasta entonces conocido y dotador de significado en la vida de Milena salte por los aires.

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A Good Wife

Funcionalmente dirigida, sin grandes alardes formales, y con su público potencial en mente, A Good Wife nos regala otra interpretación poderosa de Karanovic, otra madre, a la que pocas pegas se le pueden encontrar. No así al guion, que además de lanzarnos sin miramientos y de manera nada sutil el símil entre la extirpación quirúrgica del tumor y la búsqueda y castigo de los militares y paramilitares culpables de crímenes contra civiles durante el conflicto en Bosnia, peca de ingenuo y nos presenta a nuestros dos protagonistas, Milena y Vlado, en contraposición con la Vesna y el Zarko de Ogresta, desde un ángulo insatisfactoriamente plano, privándonos del activo rol de espectador en incómoda duda que días antes habíamos desempeñado durante y después del visionado de On the Other Side.

Con Jasmila Zbanic (Grbavica, 2006) entre sus productores (es una coproducción Serbia-Croacia-Bosnia), A Good Wife se recibió con gran entusiasmo y aplauso en su proyección en el espacio más popular del festival de Sarajevo, el Open Air, pasando a engrosar la lista de los que muchos quizás consideren cine necesario para la región. Personalmente me siento mucho más cercana a Ogresta y la visión que, en el Q&A posterior a la proyección de On The Other Side, defendió sobre las distintas maneras de pensar el conflicto desde lo fílmico y la responsabilidad que como autores tienen para con su región. Aunque quizás ambas visiones no sean necesariamente incompatibles, o mejor, quizás no sea Sarajevo el lugar para poner en duda la posible función reparadora de cintas como A Good Wife.

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] sido una apuesta segura, más al contar en esta edición con producciones regionales de nivel como On the Other Side (Zrinko Ogresta, 2016) o Nightlife (Damjan Kozole, 2016). O Kinoscope, funcionando como el año […]

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