Les garçons sauvages

Cambio de género(s) Por Yago Paris

La sección más atrevida del Tallinn Black Nights Film Festival (PÖFF, en sus siglas en estonio) es Rebels with a cause, en la que se reúne un pequeño grupo de obras que transgrede todo estándar cinematográfico a la vez que se aleja de cualquier posibilidad de explotación comercial rentable. Con apenas ocho películas, en esta sección se pudieron ver cintas tales como la restauración del telefilme Grandeza y decadencia de un pequeño comercio de cine (Grandeur et décadence d’un petit commerce de cinéma, Jean-Luc Godard, 1986), La vendedora de fósforos (Alejo Moguillansky, 2017) o la española Ver a una mujer (Mònica Rovira, 2017). Un apartado del festival que se entrega a la radicalidad sin tapujos, que aspira a provocar al público, más que a satisfacerlo, y que logra descubrir a sus asistentes un conjunto de filmes a los que difícilmente podrían aproximarse por otra vía. Una serie de características, todas ellas, en las que encaja la película a analizar, Les garçons sauvages (Bertrand Mandico, 2017).

El artista francés, con más de 40 cortometrajes a sus espaldas, debuta en el largo con una cinta que se propone romper los moldes mentales de toda aquella persona que entre en contacto con ella. La historia se ambienta a principios del siglo XX y narra las peripecias de cinco chicos, que cometen un brutal crimen y son sentenciados a viajar a una isla para rehabilitarse. La decisión es fruto de un largo historial de vandalismo: con La naranja mecánica  (A clockwork orange, Stanley Kubrick, 1971) como telón de fondo, estos chavales pertenecientes a familias burguesas son libertinos que actúan en base a sus impulsos y amparados en la impunidad que su clase social les otorga, hasta este último acto, que colma la paciencia de sus padres, quienes deciden entregarlos a un sistema sanador de cuestionable praxis. El encargado de llevarlos por el buen camino es El Holandés, un marinero sudoroso y lleno de cicatrices que convertirá sus vidas en un suplicio. A partir de entonces se inicia un viaje onírico que le permite a Mandico elevar la experimentación formal a máximos creativos.

les garçons sauvages

Les garçons sauvages es una obra provocadora desde el primer segundo de metraje. En una decisión que de primeras sorprende, pero que con el desarrollo de la trama encuentra toda su lógica y se desdobla en múltiples capas de lectura, los protagonistas son interpretados por actrices. El aspecto andrógino de los personajes contrasta con la brutalidad de sus actos, algo que va en relación con el juego con los géneros que se impone en todo el filme, tanto en la forma como en el fondo. Mandico es un cinéfilo empedernido, lo que se refleja en su manera de convertir el guion, que él mismo escribe, en imágenes. A la vez que cuestiona los roles asociados a la masculinidad y a la feminidad, también investiga en las formas y la herencia cinematográfica, llegando a la conclusión de que la transformación es la mejor salida para su torrente creativo.

Rodada en un blanco y negro de aspecto etéreo, la obra se asemeja a una cinta de cine mudo expresionista, con un fotograma muy contrastado y por momentos quemado por sobreexposición. Precursores como Murnau o Lang resuenan en el planteamiento de base, que se explota en la primera mitad del metraje, aquel que transcurre a bordo del barco. Un ambiente de pesadilla que encuentra en el blanco y negro el mejor aliado para la creación de atmósferas tenebrosas en las que el desasosiego de los jóvenes, a la deriva, se plasma en cada nueva imagen que se vierte sobre la pantalla. Junto a ella, un bruma constante y su interés por no disimular que se está rodando en estudio aproximan el relato, a su vez, a las cintas de cine clásico de los años 40, principalmente las de cine negro y aquellas que transcurren en ambientes portuarios, siempre sombríos y peligrosos. En su segunda mitad, la que transcurre en la isla, la estética adquiere un ambiente de extrañeza que fusiona, de manera tan inesperada como genuina, La bella y la bestia (La belle et la bête, Jean Cocteau, 1946) con El almuerzo desnudo (Naked Lunch, David Cronenberg, 1991). La oscuridad y el sufrimiento vividos en la primera parte son sustituidos por la entrega total a los instintos primarios. El fotograma se llena de luz y la naturaleza frondosa invade los escenarios para conformar un ambiente de onirismo incómodo, que complace los deseos de quienes lo habitan pero con la impresión de que, tarde o temprano, habrá que pagar un precio.

les garçons sauvages 2017

La sexualidad, presente durante todo el metraje, adquiere su máxima dimensión en estos pasajes, en los que, básicamente, los cinco protagonistas tienen derecho a entregarse en cuerpo y alma a todo lo que la naturaleza les ofrece. Plantas con apéndices fálicos y que expulsan un líquido similar a la leche o arbustos con forma de mujer, con los que se puede practicar sexo, dan cuenta de un mundo onírico que se construye a partir de la capacidad de Mandico para crear atmósferas y de su mano maestra en el manejo de los recursos formales -juegos de todo tipo con el fotograma, tales como fantasmagorías, sobreimpresiones, cambios de blanco y negro a color, insertos, etc. Por si fuera poco, la cinta se aproxima al cine de terror de los años 30; concretamente a aquellas ficciones exóticas que contaban entre sus recursos más estimulantes el desarrollo de la trama en una isla lejana y llena de misterios, o la presencia de un malvado doctor sin escrúpulos y afán de experimentación científica con sus víctimas.

En un giro de guion que supone una de las cumbres del extrañamiento de la película, los chicos sufren una transformación progresiva de sus cuerpos, que se convierten en femeninos, todo ello debido al contacto con la isla y al consumo de los placeres que esta les ofrece. Si la sexualidad está presente durante todo el metraje, también lo está el juego con los roles de género, pues en todo momento se insinúa la posible bisexualidad del elenco protagonista, de ahí que el cambio de género esté lejos de ser gratuito y sea visto con buenos ojos por quien lo sufre. Por si fuera poco, cabe una lectura más sobre esta decisión narrativa, igual de coherente con lo hasta entonces propuesto. Al convertirse los hombres en mujeres, estos dejan atrás su perversión salvaje, por lo que el filme, en última instancia, pone sobre la mesa una visión del hombre como el causante de todos los males, quizás incluso desde el punto de vista genético, mientras que la cura para todos los males es la feminidad. Tan coherente como sugerente, esta última idea completa el conjunto de decisiones de forma y de fondo que Bertrand Mandico ha desarrollado en su opera prima, lo que lo coloca a la vez como creador y víctima de la misma, al alcanzar una perversa redención a partir del cambio de género, ya sea cinematográfico o humano. Con sus múltiples lecturas, su juego constante con la forma y la mirada siempre puesta sobre la herencia cinematográfica, aunque sea para pervertirla y reformularla, Les garçons sauvages se establece como una de las propuestas más potentes de 2017.

les garçons sauvages mandico

TRAILER:

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. Yolix dice:

    Excelente artículo Yago la voy a buscar para verla, sabes si la puedo encontrar online?

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